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Una familia recupera para el culto la antigua iglesia de Ansoáin

  • La obra ha sido financiada por la Fundación Hermanos Sarasíbar y ejecutada por Construcciones Leache

Imagen del interior de la iglesia de Ansoáin, ayer durante la misa. Sentada en el primer banco, la tercera por la izquierda, con traje claro, se encuentra Felisa Sarasíbar Esquíroz y a su derecha, su marido, Ramón Erice.

Imagen del interior de la iglesia de Ansoáin, ayer durante la misa. Sentada en el primer banco, la tercera por la izquierda, con traje claro, se encuentra Felisa Sarasíbar Esquíroz y a su derecha, su marido, Ramón Erice.

javier sesma
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01/10/2013 a las 06:01
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  • c.a.m. pamplona
La iglesia de San Cosme y San Damián, situada a los pies del monte Ezkaba, en el pueblo Viejo de Ansoáin, y cerrada desde hace tres décadas, recuperó ayer el culto tras algo menos de un año de obras de rehabilitación. Una misa oficiada por el obispo auxiliar de Pamplona y Tudela, Juan Antonio Aznárez, sirvió para celebrar el fin de una obra impulsada por el empeño personal de Felisa Sarasibar Esquíroz, vecina de la localidad, que contó con la colaboración de la fundación Hermanos Sarasibar Esquíroz, que formó junto a sus hermanos, ya fallecidos. También con la ayuda de su esposo, Ramón Erice. Él colaboró en las labores llevadas a cabo estos meses y, junto al resto de la casa, en los preparativos para la celebración organizada ayer.

Con los trabajos llevados a cabo se ha reformado la cubierta, el interior y se ha restaurado el mobiliario que se conservaba en el templo, que sumó a los desperfectos producidos por el paso del tiempo, los daños en actos vandálicos y en alguna intervención anterior. También se ha saneado el exterior de un edificio del siglo XII reconstruido entre los siglos XVI y XVII y al que han vuelto algunos de los elementos que conocieron los habitantes de Ansoáin.

La obra, financiada por la fundación Hermanos Sarasibar Esquíroz, la firma el arquitecto Teo Ronco, de Iruña Arquitectos, y ha sido ejecutada por la empresa Construcciones Leache. Felisa Sarasibar, de 82 años, no ha querido desvelar el coste de una actuación que impulsó por iniciativa propia. Ahora esperan que vuelva a abrir en fechas significativas. La idea de destinar fondos para recuperar la Iglesia en la que fueron bautizados los miembros de la familia, residentes en el conocido como Palacio de Ansoáin, rondaba a los Sarasíbar Esquíroz desde hace años. Como recuerda Felisa, Basi, la mayor, casada con José Antonio Posadas Lecumberri, tenía dudas, al igual que Pedro. La familia se completaba con María Jesús, religiosa. "Al fallecer ellos retomé la idea porque teníamos la pena de que estuviera cerrada. Con la ayuda de los sobrinos de mi cuñado José Antonio buscamos un arquitecto y se preparó el proyecto, que contó con la autorización del Arzobispado y de Príncipe de Viana", recuerda.

Para celebrar el fin de las obras se eligió una fecha próxima a San Cosme y San Damián, los patronos de Ansoáin. Su santo se celebra el 26 de septiembre.


Las obras

En las obras, a las labores de saneamiento de pluviales se han sumado también trabajos para evitar que la humedad y el agua que bajaba del monte siguieran afectando al edificio. Previamente, se derribó la "casa del cura" y la del "ama", anexas a la iglesia.

Los trabajos comenzaron en octubre de 2012 y terminaron en agosto. En el interior se ha saneado el suelo y se ha colocado una cámara de ventilación y una nueva tarima. Se han reparado grietas en las paredes y en la bóveda, que se ha pintado recuperando los colores originales.

El coro se ha reconstruido. También la escalera de acceso, que, en forma de caracol, ahora llega hasta la torre de las campanas, que se han reforzado. En la sacristía se ha rebocado la pared con mortero de cal y se han redistribuido varios objetos aportados por los Sarasíbar. Por último, se llevó la línea eléctrica.

Leache destaca la "gran labor social" que ha supuesto esta obra de restauración. "Hay una gran labor, desde el punto de vista del empleo, ya que el 80% de la inversión ha sido para los diez trabajadores de las obras. También es importante para la autoestima del pueblo, que recupera un monumento. Y también desde el punto de vista espiritual, porque se habilita un edificio que vuelve a tener función religiosa".


Una restauración centrada en el altar mayor protobarroco

De la restauración de los bienes muebles se ocupó Erpa, una empresa con una andadura de diez años. Cristina Lacabe, una de sus responsables, explicaba el jueves que se ha trabajado en el altar mayor, dedicado a los santos que dan nombre a la Iglesia.

Se trata de un altar protobarroco, del siglo XVII, compuesto de tres calles y dos cuerpos sobre banco con sagrario y expositor "seguramente añadidos" y un ático con frontón curvo con tallas del Crucificado, la Virgen u San Juan. También incluye imágenes de San Miguel Y Santa Bárbara y escenas de la Pasión.


Recuperación del color

La restauración ha incluido la eliminación de "repintes y repolicromía en masonería, así como la eliminación de restos de barnices y resinas oxidadas, eliminación de negro de humo de las carnacines quemadas en los años 70 en un acto vandálico, la consolidación del soporte de madera y la reintegración de piezas", resumía la técnica.
En los trabajos se ha recuperado el color y se ha "devuelto el esplendor original".

También se ha trabajado en la cancela de entrada, la puerta y el mobiliario de la sacristía, los bancos y la balaustrada, se ha recuperado la caja de la cruz de madera, se ha reformado el crucificado del crucero y una imagen de la Inmaculada colocada ahora en uno de los laterales.

Con motivo de la reapertura de la Iglesia se ha cedido la virgen que presidía el retablo y que desde el cierre del templo se conserva en el museo Diocesano.
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