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BURLADA-LA MAGDALENA

El Arga siembra la impotencia en la Magdalena

Inundaciones del Arga - Tramo 3: Burlada - Puente de la Magdalena
Inundaciones del Arga - Tramo 3: Burlada - Puente de la Magdalena
Inundaciones del Arga - Tramo 3: Burlada - Puente de la Magdalena
  • T.B. PAMPLONA
Actualizada 20/06/2013 a las 20:41
En el inicio del parque fluvial de Pamplona, José Sánchez, habitual de este tramo, echa la vista atrás y confiesa no haber "visto nunca semejante destrozo". "El domingo fuimos a observar la crecida del río y ya no pudimos volver a Burlada. Nos tocó casi salir corriendo y regresar por Beloso. Esto es terrible. Jamás había presenciado nada igual", señala junto a las huertas de Zabalza. Verjas metálicas caídas, parte del camino levantado y la visión de invernaderos rotos y cultivos dañados provocan las reflexiones de este vecino.

Enfrente de la Ciudad Deportiva Amaya, que trata de recuperar la normalidad en sus instalaciones, también Marian Jaurrieta y Maribel Echarte conversan sobre las consecuencias de la riada en su paseo matinal. "Parece mentira cómo puede cambiar todo en cuestión de horas. Este paseo es una maravilla, pero hará falta tiempo para que vuelva a estar como siempre. Estamos comentando que es una verdadera pena ver el estado de las orillas con tanta suciedad", señalan.

En Frutas Zabalza, Juan María Zabalza trabaja con ahínco una semana después de la gota fría. "Tdavía estamos mirando qué se puede salvar. Los cultivos se han llenado de barro, los invernaderos se han roto y ahora llega todo el tema de los trámites con los seguros. Las lechugas, por ejemplo, no se salvan porque la tierra las pudre. Hemos llegado a ver una cisterna con tres mil kilos de agua arrastrada más de 400 metros. Sin duda, es una de las riadas más fuertes que hemos sufrido. Nunca habríamos imaginado algo así en un mes de junio", destaca.

Por su parte, Luis Goñi, gerente de la granja familiar Goñi, confiesa estar "hecho polvo, roto". "Tenemos que esperar a que se seque todo para limpiar, desinfectar, pintar... El agua alcanzó 1,36 metros de altura en el almacén de pienso y cereal. Se ha echado todo a perder. Nos vamos a tener que pasar casi dos meses de vacaciones obligadas. Más vale que tenemos también fincas en Lumbier y Tabar. Casi no nos dio tiempo a reaccionar debido a la crecida tan rápida del río. Tuvimos que llevar a los animales a la parte más alta y pasamos los nervios lógicos de pensar que todavía les podía llegar el agua. La sensación de impotencia fue enorme", revela. "Además, al ser domingo, estábamos solos los de la familia. En casa, el destrozo también ha sido importante en la cocina, los electrodomésticos, en muebles antiguos...", relata.

Las labores de limpieza se adivinan también en el Club Natación mientras más un caminante se aventura a cruzar las pasarelas de la Magdalena, cerradas todavía por seguridad, y atenazadas por la presencia de numerosos troncos y ramas.
También numerosos troncos diseminados por la orilla del albergue de Paderborn llaman la atención de los peregrinos.

En la otra orilla, Guillermo Ezquieta, monitor de la Escuela Taller Parque de Aranzadi, responsable del mantenimiento de esa parte del parque, trabaja en labores de limpieza junto a un grupo de jóvenes. "Nos encargamos del recorrido entre la Magdalena y Burlada. Estamos limpiando el rastro que ha dejado el agua en todo lo que está a nuestro alcance. En la escuela, por ejemplo, nos ha provocado bastantes desperfectos en maquinaria, así como en los invernaderos", reconoce.
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