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IRURTZUN

Con carretillas y a lo loco

  • Jonathan Vilches Ramírez y Ramón Casteig Villalba, ambos vecinos del pueblo, se hicieron con el merecido premio al conseguir realizar el intenso recorrido en dos minutos y cinco segundos, el menor tiempo.

Jonathan Vilches empuja la carretilla a la subida del puente
Jonathan Vilches empuja la carretilla a la subida del puente
JESÚS GARZARÓN
  • UJUÉ LORENTE.IRURTZUN
Actualizada 25/07/2012 a las 08:29
Doce parejas se atrevieron el lunes a participar en la XVI edición de la cronoescalada de carretillas en Irurtzun. Uno iba sentado en la carretilla, mientras que el segundo la empujaba. La prueba no estaba exenta de obstáculos, sino que los 500 metros del carretilleródromo de Irurtzun eran una prueba de supervivencia. Un bloque de ladrillos grises y dos bases de un piso de andamio, hicieron las veces de puente. También tuvieron que pasar entre dos maderos colocados en el suelo sin tirarlos. A mitad de la prueba, el que empujaba tenía que dejar a su compañero en un lado de la calle, subirse a un andamio y tirarle uno a uno, una docena de huevos. El que iba sentado en la carretilla tenía que cogerlos al vuelo para luego, intentar llevarlos, sanos y salvos, hasta, la meta. Subían hasta el centro de cultura y ahí intercambiaban los papeles. Al que iba sentado le tocaba empujar y viceversa.

Finalmente, Jonathan Vilches Ramírez y Ramón Casteig Villalba, ambos vecinos del pueblo, se hicieron con el merecido premio al conseguir realizar el intenso recorrido en dos minutos y cinco segundos, el menor tiempo.

CAÍDAS Y RISAS

Cerca del millar de personas observaban las hazañas desde ambos lados de la calle. Pareja tras pareja fueron realizando esta prueba en la que muchos se cayeron al suelo por diversos motivos. Alguno patinaba por los huevos rotos en el suelo, otro debido a lo deprisa que iba su compañero, ponía los pies en el suelo para frenar y la carretilla hacía un amago de darse la vuelta. Ante cualquier adversidad en el camino, los participantes pronto se levantaban, ponían la mejor de sus sonrisas mientras los vecinos del pueblo animaban, aplaudían, les gritaban y se reían de cada cosa que les acontecía.


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