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Pamplona identifica hasta 45 puntos de botellón contra 5 antes de la pandemia

Policía Municipal recalca que en estas reuniones sociales no solo hay jóvenes sino personas de hasta 55 años

Pamplona identifica hasta 45 puntos de botellón contra 5 antes de la pandemia
Pamplona identifica hasta 45 puntos de botellón contra 5 antes de la pandemia
    Actualizado el 28/05/2021 a las 06:00
    Sea sincero. Si cierra los ojos y piensa en la palabra botellón, su mente viajará deprisa hasta esas reuniones de jóvenes al aire libre, ruidosas y nocturnas, en la que las que alcohol se consume en cantidades para nada despreciables. ¿Hasta qué punto es cierto? ¿Qué pasa si un grupo de amigos se junta a beber zumo y limonada? Está claro que la connotación negativa de la palabra botellón es intrínseca a su significado. Como también lo es su compleja regulación para que el ocio juvenil no termine aderezado con un exceso de ron.
    Dentro de esta amalgama de posibilidades, ¿qué planes tiene el Ayuntamiento de Pamplona? ¿Cómo se enfrenta un policía municipal ante este cada vez más extendido fenómeno? Éstas y otras cuestiones se desgranaron este jueves dentro del Foro DN en Vivo, un encuentro organizado por Diario de Navarra y moderado por el periodista Yulen Garmendia. El debate cuyo enlace está disponible en la página web de este periódico, abrió un melón del que brotaron cantidad de reflexiones.
    Y para empezar por el principio, fue el concejal de Seguridad Ciudadana Javier Labairu quien contextualizó la verdadera problemática relacionada con el consumo de alcohol. Así, dentro de un estudio realizado en 52 centros educativos de la capital, el 85% de los jóvenes ha consumido, muy lejos de las siguientes sustancias (tabaco y cannabis). “La diferencia más acusada que nos hemos encontrado antes y después de la pandemia es la eclosión de los puntos de encuentro para realizar botellón. De los 4 o 5 antes de marzo a los más de 40 a día de hoy”, cifró el edil.
    NORMAS EN SU JUSTA MEDIDA
    Y como muestra un botón. Quien se encuentra en primera línea de intervención para solventar el fenómeno sabe que los recursos son esenciales. “Los medios no son suficientes, pero con los que tenemos, el control es efectivo”, subraya Alberto Arriazu, subinspector de la Brigada de Proximidad de Policía Municipal de Pamplona. El agente dejó claro que, pese a la creencia popular, intervenir en un botellón no significa solamente actuar in situ, sino que lleva aparejado un trabajo de planificación importante.
    Al hilo de esta percepción, Valentina Holguín, miembro del Consejo de la Juventud eligió poner el contrapunto. “Se ha dicho de los jóvenes que no pensamos en las consecuencias, pero no es así. Fuimos los primeros en restringir la actividad en marzo de 2019, yo lo viví en primera persona”, espetó, tratando de hacer ver lo peligroso de meter a todas las personas en el mismo saco. “No comparto los botellones, no los defiendo, pero los entiendo”.
    Una comprensión que para el doctor en Sociología Sergio García-Margariño está directamente relacionado con el sacrificio que se les ha pedido a este sector de la población. “Hay una crisis de significado importante, donde más normas no significa mejoría. No hay espacios para la socialización y se ha perdido el miedo al consumo”, expuso.
    ¿Y qué es el botellón? Para Javier Labairu es la clave del puzzle. Y lo define como consumo de bebidas, que puede ser una coca cola, en grupo y con una, dos o tres de las siguientes condiciones: molestias, insalubridad o deterioro del entorno. “Para nosotros, un grupo de personas bebiendo cervezas y dejando todo recogido no es botellón”, indicó, no sin recalcar que la formación y la educación son más que trascendentales. “El prejuicio está instalado en nuestra sociedad”, opinó Valentina Holguín.
    “En los botellones hay personas de todas las edades, de menores a gente de 55 años”, apuntó Arriazu.
    La venta de alcohol y la publicidad, claves para prevenir la incidencia
     
    Estamos en pandemia. Ni siquiera, aunque lo parezca, ha terminado la partida. Según las estimaciones que realiza el doctor en Sociología Sergio García-Margariño, una de las respuestas a por qué asistimos a una eclosión del botellón está directamente relacionada con la disciplina. “Si la norma es interiorizada y aceptada, todo fluye; mientras que si se siente impuesta, se vive como una represión. Y esto se está dando”, manifiesta.
    Y como tampoco es cuestión de pulsar el botón de alarma, Alberto Arriazu, subinspector de la Brigada de Proximidad de Policía Municipal de Pamplona, insiste en que más del 90% de los ciudadanos respeta las restricciones. “Normalmente, llegamos al lugar e identificamos a la gente sin incidentes. Algunos corren, es cierto, y de manera residual nos han llegado a lanzar algún objeto, pero no es la tónica general”, recalca quien se encarga del control de los botellones en la ciudad. “Siempre actuamos en proporción de lo que nos encontramos”, determina.
    Dentro del contexto, bien es verdad, y así lo asumieron los ponentes, que el buen tiempo y el fin de exámenes potencian esta tendencia de reunión nocturna. Aún así, para el concejal Javier Labairu, la regulación de la venta de alcohol y la publicidad de este tipo de bebidas son un primer paso en firme para minimizar el fenómeno del botellón. “Son competencias que escapan al ámbito municipal y necesitamos la intervención de Gobierno de Navarra. Fijarnos en qué hacen las 11 autonomías que ya tienen regulado el botellón y aprender de lo positivo”, expresa el máximo responsable de Seguridad Ciudadana de Pamplona. No olvidemos que, según cifras oficiales, el 70% del alcohol de los botellones se compra en un tipo específico de locales.
    Con formación y las campañas educativas que ya se realizan en diferentes colegios de la capital, el botellón debería salir a debate. “Es habitual en los grupos de amigos hablar de este tema, ver pros y contras, pero también la gente tiene que asumir que podemos divertirnos como los demás. Tomar algo en cuadrilla no significa ser irresponsable”, defiende Valentina Holguín, miembro del Consejo de la Juventud.
    ROTUNDO
    ¿Y no hemos aprendido nada de esta pandemia? Para Sergio García-Margariño, la sociedad ya ha vivido otras pandemias y siempre, sin excepción, se han repetido tres escenarios: ha aumentado la religiosidad, en los años posteriores se ha vivido una época de esplendor, y, finalmente, se ha buscado un culpable. Los homosexuales con el problema del sida, por ejemplo. “Ahora bien, ¿serán los jóvenes los verdaderos culpables de esta pandemia? Seguramente lo dirán los historiadores dentro de unos años, pero mientras, el escenario se debe replantear”, reflexiona el doctor en Sociología.
    En este punto, fue el propio concejal Javier Labairu quien rompió una lanza en favor del colectivo. “Hay que admitir que todas las pantallas de protección frente al coronavirus que repartió el Ayuntamiento de Pamplona en comercios, centros sanitarios, etc. fueron gracias a la ayuda desinteresada de multitud de jóvenes”, recordó. Pero más allá de preceptos, ¿qué hacemos con el botellón? ¿Lo prohibimos?
    Para el consistorio la respuesta es clara: sí, siempre que se cumplan las condiciones de molestia, ruido o insalubridad anteriormente citadas. “Hay que minimizar las situaciones para que el control sea eficaz y efectivo”, añade el subinspector de la Brigada de Proximidad, Alberto Arriazu. Y pensando más de cara a futuro, es Sergio quien invita a la pausa. “Esta pandemia es de las últimas oportunidades que tenemos al alcance para repensar y reajustar la sociedad, a todos los niveles”, repite. Y pone sobre la mesa la premisa de que, si una norma no es compartida por la mayoría, algo falla.
    "¿Por qué nos reunimos para beber?"
     
    Es la pregunta del millón y que probablemente tiene que ver con un modo de vida y una idiosincrasia en las que las relaciones sociales son una prioridad. Esto que, sin duda es una virtud de las sociedades mediterráneas, sumado al buen clima y a la omnipresencia del alcohol como lubricante de esas relaciones sociales constituyen el cóctel que alumbra el botellón. Fue una de las preguntas del público que este jueves siguió el foro en vivo de Diario de Navarra a través del canal de Youtube del periódico. El enunciado decía así: “¿Por qué necesitamos reunirnos a beber en sitios públicos?”.
    La pregunta estaba dirigida a Sergio García-Mariño, doctor en Sociología e investigador de I-Communitas, el Instituto de Investigaciones Sociales Avanzadas de la Universidad Pública de Navarra. Y la cuestión añadía una duda: ¿somos una sociedad singular respecto a las de otros países? “No. Creo que la pandemia ha forzado a la población a redescubrir el espacio público. Ha habido una transformación. Los lugares donde la gente socializaba eran los grandes centros comerciales mientras que los espacios públicos estaban vacíos u ocupados por personas recién llegadas de otros países. No todas las sociedades habían perdido tanto la socialización en espacios públicos. España menos que los países nórdicos o Estados Unidos, que es le caso paradigmático”, respondió el sociólogo.
    “¿ES BOTELLÓN?”
    Otra pregunta era una duda metódica sobre qué deber considerarse botellón. “Si me reúno a tomar unas cervezas en la calle con ocho amigos, ¿es un botellón?”. La pregunta estaba dirigida al concejal de Seguridad Ciudadana, Javier Labairu. “Si se juntan ocho amigos a tomar cerveza, sentados tranquilamente, no se molesta a los vecinos y no hay conductas incívicas, se puede hacer. No es un botellón”, respondió el concejal. El responsable de la seguridad en la capital navarra precisó que las restricciones motivadas por la pandemia conllevan en este momento limitaciones respecto al número de personas, distancias, grupos... “Todo esto se irá relajando con el tiempo”, añadió.
    Otro representante de la seguridad ciudadana participante ayer en el foro, el policía municipal y subinspector de la Brigada de Proximidad, Alberto Arriazu, no descartó la posibilidad de que Pamplona contase con lo que se ha venido en llamar ‘botellódromo’, una experiencia que ya se inició en Granada en 2006 con capacidad para 20.000 jóvenes. “El botellón produce molestias. Cuando antes de la pandemia teníamos requerimientos era porque había molestias. Si conseguimos una zona en la que se consigan todos los objetivos por ambas partes, nos molestamos, no generamos suciedad, y si existen los servicios adecuados para que no se orine en la vía pública... Podría ser factible. Claro, siempre y cuando se cumpla normativa edad”, contestó el policía municipal.
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