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Mikel Artxanko Mantxo

“No sólo una fundación debe ser excelente en sus prácticas; también la empresa que la crea”

Constituida en 2012, la asociación Fundaciones de Navarra agrupa a 33 de las fundaciones más activas de Navarra. Son organizaciones sin ánimo de lucro que realizan actividades de interés general, por lo que disfrutan de distintos beneficios fiscales. En algunos casos, fueron creadas por iniciativa de las administraciones públicas. En otros, por colegios, oenegés o colectivos solidarios. Según su presidente, Mikel Artxanko Mantxo, en Navarra hay registradas 201 fundaciones, pero sólo unas 80 están realmente operativas con sede y personal y proyectos. Emplean a 3.500 personas y generan un valor añadido bruto de 75 millones de euros al año.

Mikel Artxanko Mantxo, presidente de Fundaciones de Navarra posando la semana pasada en el escenario del Auditorio de Barañáin.

Mikel Artxanko Mantxo, presidente de Fundaciones de Navarra posando la semana pasada en el escenario del Auditorio de Barañáin.

DN
16/10/2016 a las 06:00
  • DN
La asociación Fundaciones de Navarra agrupa a 33 fundaciones, de distinto perfil, que buscan compartir formación, proyectos y sinergias de red entre ellas. Cuenta con un presupuesto anual de 30.000 euros, que se nutre de cuotas de asociados, inscripciones a cursos y subvenciones. Por ejemplo, Fundación CAN les concedió 40.000€ para cinco años. Las fundaciones asociadas pagan cuota en función de su facturación: si es menor de 100.000 €, la cuota son 300€; si está entre 100.000 y 500.000€ son 600€; y si superan el medio millón de ingresos, abonan 1.000 € anuales.

¿Cómo surgió la idea de asociarse?

Principalmente, porque responsables de siete o ocho fundaciones nos íbamos reuniendo de forma un poco espontánea o nos veíamos en cursos y nos dábamos cuenta de que, con las fundaciones en Navarra, existía un vacío legal en muchos aspectos.

¿Cuáles?

Por ejemplo, fiscales, contables...

Pero ¿no tienen una ley específica?

Existe una ley foral, la 10/1996, pero no es una ley de Fundaciones. Es una ley del régimen tributario de fundaciones y patrocinio. Precisamente, el problema era que tenía muchos vacíos y había que reinterpretarla con la ley estatal. En ese sentido, en lugar de hacer consultas individuales a Hacienda -que lo hacíamos, y curiosamente, a unos les decía unas cosas y a otros, otras- decidimos agruparnos, primero, y acabamos por hacer una asociación. Además, había otro motivo: formación. Teníamos que ir a Zaragoza o a Madrid a cursos que sacaba la Asociación Española de Fundaciones, con la dificultad de que en algunos aspectos esa formación no nos valía por el tema de nuestra foralidad.

¿Quiénes eran las fundaciones impulsoras?

Éramos varias del ámbito cultural: Teatro Gayarre, Auditorio de Barañáin, Orfeón Pamplonés. Estaba también Fundación Osasuna; Fundanel; Fundación Arpa; Fundación Navarra para la Excelencia y París 365. Todas compartíamos un espíritu de apertura, innovador, de creatividad. Luego, entraron más. En 2012, en la inauguración, éramos 16. Ahora, somos 33.

¿Qué es una fundación y para qué sirve?

Son iniciativas privadas de la ciudadanía o generadas por instituciones públicas para desarrollar proyectos en pro del interés general. Sean de deporte, culturales, sociales, de educación o investigación, deben cumplir dos requisitos fundamentales: uno, trabajar por el interés general y social; y dos, no tener ánimo de lucro.

¿Hay actividades más propicias que otras para constituir una fundación?

Sí. Principalmente, son las sociales, como la cooperación al desarrollo. Hay varias oenegés que son fundaciones, como la Fundación Rinaldi, Intermón o fundación Alboan. También están las entidades que trabajan para la inclusión social, como puede ser el comedor París 365 o Fundación Ilundain. También revisten carácter de fundación varios centros de inserción sociolaboral, como Eurolan, Elkarte o Barazdin. En el ámbito cultural, en la Asociación estamos unas cuántas, como las del Auditorio de Barañáin; el Teatro Gayarre; Baluarte o el Orfeón pamplonés. Del mundo asistencial, tiene la Fundación DYA o la Ricardo Abad. Entre las deportivas, figuran las de Osasuna o el Xota. Se crean para desarrollar los valores más éticos del deporte, como son la vida sana, el desarrollo personal, el respeto a los demás, el trabajo en equipo y no tanto la competitividad. También hay muchas en la educación; como la de la Universidad de Navarra, de la UPNA y varias vinculadas a colegios.

¿Por qué han proliferado tanto últimamente? ¿Funcionan como una alternativa a otro tipo de sociedades?

Puede ser. Aquí vienen jóvenes emprendedores a consultar si crear o no una fundación. Hay veces que les decimos que sí. Y otras que no, que les encaja mejor hacer una cooperativa. ¿Por qué? Primero, porque quienes crean la fundación no pueden estar remunerados. Los miembros fundadores pueden ser los líderes y los impulsores, pero no pueden estar contratados por ella.

Siempre pueden contratar a un familiar...

Umm... No. Eso empieza a ser ya...

¿Pervertir la figura?

Sí. Por eso, cuando nos llegan personas que quieren poner su propio negocio, les decimos claramente: es mejor que creéis una cooperativa. Ahí puedes lucrarte perfectamente de una forma equitativa. De hecho, nosotros colaboramos estrechamente con ANEL (asociación de empresas laborales de Navarra) y les desviamos a ellos. ¿Cuándo sí tiene cabida crear una fundación? Cuando existe un patrimonio, sea porque alguien ha fallecido, sea porque hay una entidad pública detrás, y existe el interés de ceder totalmente ese patrimonio a un fin social. Esto es muy importante, porque ya no tiene vuelta.

Ese patrimonio no es reintegrable, dice.

No. Los propietarios no pueden decir luego: ‘quiero recuperarlo’. Es imposible. El patrimonio queda en la fundación y es la junta la que sigue gestionando ese dinero o explotando ese espacio. Socialmente, a veces se critica a las fundaciones, pero hay que tener en cuenta que hay un gesto de solidaridad de partida importante.

¿Por qué dice que se les critica?

En Navarra, no tanto, pero en España, hay grandes empresas que han creado una fundación como un lavado de cara. Aquí, en la asociación, somos muy cuidadosos. Por eso, precisamente, estamos generando ahora un código ético de buenas prácticas. Queremos evitar en todo lo posible, primero, que los fundadores se lucren en ningún caso, ni directa, ni indirectamente; y luego que no solo la fundación sea excelente en sus prácticas, sino que la empresa que la ha creado tenga esos valores de igualdad, responsabilidad social, respeto a los trabajadores...

Cuando se acaba el patrimonio original ¿se acaba la fundación? ¿Hay que estar constantemente buscándole réditos?

Ahí lo importante es que esa fundación gestione qué otros recursos puede obtener. Este es un ejemplo. (Se refiere al Auditorio de Barañáin, cuya fundación administra y lugar donde se desarrolla la entrevista). No solamente se alimenta de la venta de entradas y la explotación del edificio, que fue el principal patrimonio, también hay colaboradores, patrocinadores, se buscan subvenciones...

Es decir, una gestión empresarial pura.

Tienes la flexibilidad de una empresa privada, pero con la exigencia de seguir trabajando por el interés público. En una fundación es muy importante que las personas que trabajan en ella estén muy implicadas en los proyectos, que no sean meros trabajadores. También utilizamos el término ‘emprendimiento social’ porque trabajar en una fundación es muy motivante y los trabajadores acaban siendo verdaderos emprendedores y no porque sean dueños de la empresa. Eso requiere generar mucha confianza entre los miembros de la junta y los empleados.

Dicen ustedes que Navarra es la comunidad con más densidad de fundaciones: 31 por cada 100.000 habitantes...

La mayor densidad de España, sí.

Eso ¿puede ser consecuencia de la foralidad, de disponer de más ventajas fiscales?
Posiblemente. Creo que se debe también a la tradición misionera de Navarra. Porque hay muchas fundaciones vinculadas a oenegés y a colegios. Del mismo modo que tenemos la mayor densidad de oenegés.

Osasuna, las universidades, empresas centenarias e incluso el Gobierno ha creado fundaciones: Lurederra, Biomed... ¿Por qué han proliferado tanto en los últimos años?

Yo no creo que hayan proliferado tanto. Estoy seguro de que en Aragón, País Vasco, Rioja, Madrid o Valencia, en los últimos 15 años también han nacido un montón.

No negará que es una figura en auge. Se crean fundaciones por todos y para todo.

Creo que se une, por un lado, que hay unas deducciones fiscales importantes para las aportaciones y donaciones. Desde la Administración, se favorece así la búsqueda de financiación para ellas. Y, por otro, la propia sociedad civil y las instituciones están potenciando mucho la responsabilidad social corporativa (RSC). Es como una rueda. En la medida en que esta RSC se va exigiendo a las corporaciones o empresas, éstas van buscando sus propias vías para hacer proyectos de índole social, cultural, etc. Lo importante es velar porque, por medio de esa fundación, no haya unos beneficios directos, ni indirectos, para la empresa. Que únicamente se quede en una mejora de su imagen. Lógica, por otra parte.

¿Se pueden desviar recursos humanos de la empresa hacia ellas?

Eso, en teoría, no se puede hacer. Los trabajadores tienen que estar contratados o por la empresa, o por la fundación. Le pongo un ejemplo: Baluarte tiene una sociedad y una fundación. Los trabajadores están contratados en una o en la otra.

¿Son mayores los beneficios fiscales a donantes en Navarra que en el resto de país?

Creo que sí. En el ámbito cultural, le puedo decir que se favorece muchísimo el micromecenazgo. Si aportas hasta 150 euros, tienes una deducción muy alta: el 80%. La ley de Mecenazgo cultural, en cuya elaboración participamos, potenció mucho la financiación ‘por goteo’ que se llama. Para hacer partícipe a la sociedad civil de los proyectos, sin tener que depender de patrocinios y ayudas de grandes fortunas. Nos interesa mucho recibir aunque sea 1€ de alguien. No por el capital, sino porque le involucras. Forma parte de el proyecto y le informamos.

No creo que la gente done por un tema fiscal ¿o sí?

No creo. Porque, por mucho beneficio fiscal que tengas, no lo vas a recuperar todo. Si donas 200 euros, los entregas. Otra cosa es que te puedas deducir 140 luego en la declaración de la Renta. Detrás, siempre hay un gesto de solidaridad. Y las deducciones en la Renta son una forma de impulsarlo.

Las que sí tienen ventajas fiscales son las propias fundaciones en su actividad...

Estamos exentas del impuesto de Sociedades. Esto tiene sentido, porque ese impuesto grava a los beneficios. Pero, en estas entidades, los beneficios se reinvierten en el propio fin fundacional. Nunca se reparten ni a trabajadores, ni a la junta, ni a nadie. Pero no están exentas del IVA. Éste está exento o no, dependiendo de la actividad. Normalmente, el fin fundacional está exento. Por ejemplo, aquí, en el Auditorio de Barañáin, nos dedicamos a hacer espectáculos y proyectos de arte y cultura. Pero, en la búsqueda de recursos, podemos alquilar la sala. Ese alquiler no está exento. No tiene que ver con el interés público del ciudadano. Como ocurre con la explotación de la cafetería.

En cambio, la venta de entradas, sí. Y el cine de una distribuidora, no.

Nosotros, cine hacemos muy poco. Es una competencia con salas privadas en la que no queremos entrar. Nosotros entramos en las artes escénicas como herramienta pedagógica, de difusión cultural.

No les afecto el alza al 21% del IVA cultural.

Eso fue terrible. Nosotros estamos exentos, efectivamente. Pero, al final, trabajamos con compañías, con artistas... Subirles el IVA supone un palo para nuestros colaboradores y una situación yo diría que discriminatoria respecto a algunas cosas básicas como medicinas. Eso demuestra que cuando subieron el IVA no consideraban la cultura para nada como parte del bienestar social. Nosotros defendemos que no es solo ocio, sino algo fundamental para el desarrollo personal.

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