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JUICIO POR EL "CRIMEN DE TUDELA"

Un testigo oyó decir a los acusados: "No hacía falta pegarle con un palo, somos 3 contra 1"

  • "Había uno vigilando que escapó, y la víctima le decía al acusado que lo soltara. Creo que le querían robar", declaró

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La Policía Foral entra a detener a dos acusados en la casa de Tudela donde el testigo protegido les oyó hablar de la agresión. BLANCA ALDANONDO (ARCHIVO)

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Actualizada 19/01/2012 a las 00:05
  • GABRIEL GONZÁLEZ / LAURA PUY . PAMPLONA

La coartada de los tres acusados de matar a Javier Martínez Llort se debilita cada día de juicio que pasa. Si el martes se les situaba por la zona de bares de Tudela en la madrugada del crimen, y no durmiendo como ellos dicen, ayer ya se localizó a uno de ellos junto a la víctima, y después a los tres discutiendo sobre la agresión. Lo hicieron dos testigos protegidos: uno dijo que vio al acusado de 37 años de pie junto al fallecido, que estaba sentado en el Paseo del Queiles y le decía que lo dejara en paz. Otro testigo, inquilino de la casa abandonada donde vivían dos acusados, afirmó que oyó a los dos procesados de 22 y 25 años recriminar al de 37: "No hacía falta pegarle con un palo, somos tres contra uno".

Los tres testigos declararon en el juicio parapetados por un biombo, fuera del alcance visual de los tres acusados. Sólo la fiscal y los abogados, así como el juez y los nueve miembros del jurado, que tuvieron que levantarse, pudieron ver sus caras. "Ése, ése es, estoy segurísimo". Por una rendija, el primer testigo reconoció al acusado de 37 años como la persona que vio cuando se dirigía con un amigo, en torno a las seis de la mañana (no pudo precisar la hora), camino de un bar. "Mi amigo se paró a mear y me quedé fumando un cigarro. Entonces vi a dos personas: uno estaba vigilando y se escapó, y otro estaba de pie junto al banco y al verme se giró para que no le viera. Pero le vi la cara, lo conocía de vista de Tudela", dijo este testigo, argelino como los acusados. Añadió que esa persona estaba de pie y en el banco "la víctima, que estaba viva, sentada, con la cabeza agachada y que le decía "suéltame, suéltame". Creo que le estaban molestando y pensé que le querían robar". Cuando volvió su amigo de orinar, le dijo que aquello tenía "mala pinta y olía mal", pero su acompañante le contestó: "Vamos, vamos, que nos van a cerrar el bar". Preguntado por la distancia a la que se encontraba del banco, respondió que a unos diez metros .

Detenidos por ellos

Su amigo, de nacionalidad española, corroboró esta versión y añadió que el lugar estaba bien iluminado: "Se veía perfectamente". Al día siguiente, cuando supieron de la agresión, acudieron a la Policía Foral a contarlo.

El tercer testigo protegido, también argelino, vivía en la casa abandonada donde se alojaban los otros acusados, de 22 y 25 años. A la una de la madrugada, afirmó, llegaron los tres acusados. "Lo sé porque yo les abrí la puerta". La fiscal pidió a los acusados que se pusieran en pie frente al biombo. Uno a uno, el testigo reconoció a los tres por una rendija. Y continuó con su relato: "Se fueron y volvieron por la mañana, sobre las seis y media. Me despertaron porque estaban discutiendo por una pelea, que por qué le había pegado con el palo". Las defensas, que resaltaron que se había contradicho con otras declaraciones anteriores acerca de la habitación donde estaban los tres, preguntaron si les llegó a ver. "No, sólo les oí discutir".

El policía foral que instruyó la investigación resaltó el papel de los testigos protegidos: "Si no llegan a aparecer, este crimen estaría hoy sin resolver y estaríamos volviéndonos locos".

La pintura en la ropa de dos acusados indica que le golpearon con el palo

Entre el tejido de la ropa de dos de los acusados se encontraron partículas microscópicas de la pintura del listón con el que fue agredido Javier Martínez Llort. Y es precisamente el tamaño de esas muestras el que permitió a dos peritos de la Policía Nacional que analizaron esas prendas hacer esta afirmación ayer en el juicio: significa que estaban junto a la víctima en el momento en que el palo se rompió cuando se le golpeó con él.

"Sólo por sentarse en el banco no se habría producido esa transferencia", señaló una de las peritos, lo que le llevó a la fiscal a preguntar si se podía concluir que los rastros hallados en la ropa estaban ahí al saltar la pintura cuando el listón se rompió. Contestaron que sí. "Esas partículas quedaron porque tuvieron que saltar de ese listón. La pintura es una superficie dura que al fragmentarse salta, y son las partículas microscópicas las que se quedan entre los tejidos, como en este caso".

En la sesión de la tarde también declararon como peritos agentes de la Policía Foral encargados de la inspección del lugar y del análisis de los trozos de madera que se encontraron en el lugar y de varias astillas, que lograron reconstruir. Era el listón.

En la inspección ocular no aparecieron huellas dactilares. Respecto al listón, una vez reconstruido tenía una longitud de metro y medio. Los agentes que lo examinaron indicaron que en su parte central estaba fragmentado en dos, y cada una contenía restos biológicos. Pero el análisis de ese ADN no llevó a nada: la mezcla era muy compleja, pudiendo pertenecer a varias personas, y su calidad era tan baja que impedía un examen mejor.

Cada una de las partes en que quedó fragmentado el listón también tenía su lectura. En el extremo de uno de ellos la madera tenía una coloración oscura, lo que indicaba que había estado expuesto a inclemencias meteorológicas "un periodo largo de tiempo". Que la madera fuera más clara en el extremo opuesto significaba que "había sido fracturado recientemente".

Tres o cuatro golpes en la cabeza, como mínimo

Javier Martínez Llort recibió varios golpes en la cabeza, como mínimo tres o cuatro. Y tenía un nivel de alcohol tal en sangre que se encontraba, "embriagado sin capacidad de reacción".

Estas son algunas de las conclusiones a las que llegaron los forenses que examinaron el cadáver. Indicaron que el joven murió por una hemorragia interna ocasionada por el traumatismo craneal al propinarle un golpe en la cabeza.

Estos expertos señalaron además que hallaron varias lesiones en su mano y antebrazo izquierdos, compatibles con el hecho de que hubiera intentado defenderse de los golpes que estaba recibiendo. La herida que presentaba en el labio superior podía deberse a un puñetazo o cabezazo "fuerte".

Respecto a las lesiones de la cabeza, los forenses afirmaron que eran compatibles con el producido por un listón de madera, aunque no podían dar el número concreto.

Se analizó la sangre. Dio una tasa de 2,21 gramos por litro en sangre (una persona ya es denunciada con 0,5 gramos por litro). "Hay que tener en cuenta que en el momento de la agresión ese nivel sería mayor", pues el alcohol se va metabolizando conforme pasa el tiempo.

CLAVES

6 conclusiones. Hoy acaba el juicio. Lo hará con las conclusiones de la fiscal, las acusaciones particular y popular, y las tres defensas. A partir de mañana, delibera el jurado.

1 Hechos. El crimen se produjo en la madrugada del 11 de abril de 2010 en el paseo del Queiles, en pleno centro de Tudela. Javier Martínez Llort, tudelano de 32 años, regresaba a casa pasadas las 5.30 horas cuando fue golpeado en la cabeza con el listón de un banco. Murió en el hospital. Las acusaciones creen que los tres acusados le robaron.

2 La víctima. Javier Martínez Llort (17-2-1978) era ingeniero en Proinso, Fustiñana. Era el segundo de 3 hermanos y tenía previsto casarse en 2011 con su novia.

3 Detenidos. Fueron detenidos tres argelinos que ahora tienen 22, 25 y 37 años. Estaban en situación irregular en España.

4 Acusaciones. El fiscal pide para ellos 14 años por un delito de homicidio y la acusación particular 16 por asesinato. Además, ambas piden 4 años por robo con violencia. La acusación popular, del Ayuntamiento de Tudela, como la particular.

5 Defensa. Los tres acusados niegan los hechos y sus defensas piden la libre absolución.

6 El jurado. Las seis mujeres y tres hombres del jurado, además de los dos suplentes, serán citados mañana y el juez les entregará el objeto del veredicto: una serie de preguntas sobre los hechos a las que deberán responder si lo ven probado o no, y por qué. Quedarán recluidos hasta que alcancen un veredicto.

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