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ISIDORO SÁNCHEZ MAJANO | PILOTO DE SALVAMENTO

"Las imágenes del accidente de Rajoy provocaron miedo al helicóptero"

  • Madrileño, es el piloto de Europa que más horas de vuelo tiene en helicóptero: 26.000. Ha trasladado a presidentes de Gobierno como Suárez, Reagan... Y sigue volando: este verano en la campaña de incendios de Navarra

Imagen de la noticia
Isidoro Sánchez Majano posa delante de un helicóptero del Gobierno de Navarra en el parque de Miluce. NOEMÍ LARUMBE
  • GABRIEL GONZÁLEZ . PAMPLONA .
Actualizada 13/10/2011 a las 01:05

Nadie ha estado tanto tiempo en el aire como él en toda Europa. A bordo de un helicóptero. 26.000 horas, o lo que es lo mismo, tres años íntegros sin tocar suelo firme. Con semejante tacógrafo a sus espaldas, Isidoro Sánchez Majano, madrileño de 62 años, es una leyenda del aire: uno de los mejores instructores del mundo, piloto del Ejército dedicado al salvamento y al traslado de personalidades como el Rey, el Papa, Ceaucescu, Reagan o Lady Di, y uno de los que abrió la senda del rescate marítimo por aire... Este verano, y ya van cuatro, ha estado destinado en Navarra como piloto de apoyo a la campaña de incendios, ya que pertenece a la misma empresa, CoyotAir.

¿Qué hace usted en Navarra?

Era una zona que me quedaba por conocer bien de España, y me atraía mucho el sistema de trabajo que hay aquí, se adapta mucho a mis gustos. Se sale enseguida en cuanto hay una emergencia y se vuela más que en otros sitios. A veces es una falsa alarma, pero no importa, para eso estamos, y si el fuego se está iniciando te ahorras una cantidad de problemas tremendo. En otras comunidades se espera más tiempo. Y luego, volar aquí es una delicia... Tienes los Pirineos, la Sierra de Aralar... Y si te gusta la historia, como a mí, aquí tienes de todo: Olite, Eulate, Puente la Reina... Para volverte loco. La pena es que lo veo todo desde arriba.

¿Cómo llega alguien a alcanzar 26.000 horas de vuelo?

Por las circunstancias. Cuando yo empecé a volar había pocos pilotos, había que volar mucho, y no había las limitaciones de 90 horas de vuelo por mes que hay ahora. Se podía volar sin freno. Sobre todo en los años 70, no había más helicópteros en España que los del Ejército de Salvamento. Y hacíamos salvamento marítimo, de montaña, inundaciones, traslados VIP... Aquello era el no parar. Era volar cada mes 130, 140 horas.

Entre esos VIP, usted se encargaba de los traslados del Rey

Sí, hemos volado mucho juntos. Es un buen piloto, tiene muchas horas de vuelo también y es una excelente persona. Para mí es un piloto como cualquier otro. Siempre que volábamos, para nosotros era otro piloto más, y a él creo que le pasaba igual, el trato con nosotros era de igual, de un piloto más. Porque él pilotaba siempre, o casi siempre. Le gusta mucho volar, y cuando volábamos él llevaba los mandos del helicóptero. Yo iba mirando.

¿Cómo se cruzan sus caminos?

En el Ejército había una serie de destinos y me mandaron un tiempo en un escuadrón que se hizo para salvamento y traslado de personalidades de cualquier tipo: presidente del Gobierno, presidentes extranjeros, personalidades, el Papa...

¿A quién ha trasladado?

A Juan Pablo II, los presidentes Ceaucescu, Mitterrand, Khol, Lady Dy, Reagan... Han pasado tantos que ya ni me acuerdo. Los trasladaba a la residencia de jefes de estado extranjero. Y a las visitas que hacían, a Toledo, a Segovia, Sevilla... Con el Papa fuimos por toda España. Como éramos pocos pilotos no parábamos.

¿Qué recuerdo le ha quedado de esas personalidades?

Todos se mostraron muy correctos. Algunos, como Felipe González, eran más cordiales; Lady di estaba muy pendiente de sus hijos, y el Papa Juan Pablo II irradiaba paz. El príncipe Carlos de Inglaterra también era piloto de helicópteros y en una ocasión estuvo un buen rato en la cabina con nosotros.

¿Cómo son esos vuelos?

Las conversaciones son siempre distendidas, se trata sobre asuntos como por ejemplo las referencias sobre el terreno que se vuela, algún comentario divertido. Puede decirse que se trata de un espacio de tiempo durante el cual los problemas se quedan en tierra y las conversaciones en el aire. Los viajes VIP son y deben ser muy rutinarios, por lo que no ocurren, generalmente, casos imprevistos. Eso se debe, por un lado a que todo se prepara minuciosamente, y por otro, al alto nivel técnico de todos componentes del escuadrón.

También hay accidentes, como el del helicóptero de Rajoy y Esperanza Aguirre, que se estrelló hace unos años en Móstoles

Ese accidente ha causado un daño difícil de reparar al sector del helicóptero. Las imágenes, unidas al miedo que por desconocimiento del helicóptero tienen muchas personas, han causado la restricción de contratos, así como la anulación de otros posibles. Espero que se hable de él en el futuro como un accidente de los muchos que ocurren en todos los demás sectores. Lo que es importante saber es que la causa no fue un fallo del material, lo que genera confianza en las maquinas que volamos.

Siempre salvamento

¿Por qué se hizo piloto?

Me gustaba siempre volar. Y en aquella época sólo había dos maneras de ser piloto: o tu familia tenía muchísimo dinero o te metías en el ejército, aunque había que estudiar mucho porque era una oposición muy complicada. Yo pertenecía al grupo de los que tienen poco dinero e ingresé en el año 66 en el Ejército del Aire. Tenía 18 años. Y empecé a volar.

Y no ha parado...

Sí, y siempre lo he hecho ligado a Salvamento. Empecé a volar en Palma de Mallorca, luego por La Coruña, Murcia, Salamanca, Canarias, Madrid, Bilbao... Y eso te da un concepto diferente de lo que es la visión de un país. La gente que viajamos tanto y vivimos en tantos lugares somos más abiertos, comprendemos a todo el mundo y disfrutamos más de todo. Es una ventaja.

¿Cómo era volar hace 50 años?

Era muy divertido. No había leyes, volabas mucho más libre. Era un vuelo totalmente libre. Ahora es muy poco divertido porque aparte de la legislación la mentalidad de la gente ha cambiado, te denuncian por cualquier cosa, hay que volar con muchísima precaución, sin permitirte alegrías... es otra manera de volar.

Es más segura.

Sí. Los sistemas son mucho más modernos, el mantenimiento ha avanzado muchísimo, los materiales de construcción aguantan una barbaridad. Es difícil que haya un accidente por causas técnicas. Y a los pilotos nos parece muy bien porque vuelas más seguro. Tu máquina no falla o al menos falla menos. Antiguamente, sí. Cuando daba clases, en el 80, tuve tres motores que se reventaron en el aire.

¿Y cómo se sale de ahí?

Con el motor parado el helicóptero puede aterrizar como un avión, porque las palas [de la hélice] no paran, y las revoluciones de las palas al caer puedes utilizarlas para el helicóptero. Es una maniobra que requiere mucho entrenamiento, pero como en la escuela estás repitiéndola sin parar para que la aprendan los alumnos, no pasó nada.

Dicho así suena fácil, pero ¿cómo se vive eso en el aire?

No te da tiempo a pensar nada. Oyes la explosión, ves el humo e inmediatamente haces el procedimiento de la autorrotación [al quedarse sin motor, el helicóptero cae y el aire del descenso mueve las palas], buscas un sitio para aterrizar y cuando te quieres dar cuenta ya estás en el suelo. No te da tiempo a pensar. Eran problemas de mantenimiento que ahora no ocurren.

¿Por qué casi siempre su carrera está ligada al salvamento?

Las cosas vienen así. Cuando salí de la academia tuve que pedir un destino y me interesó mucho el salvamento porque se volaba mucho. Al no conocer el tema, sólo me interesaba que se volaba más. Pero dentro ya ves que es más arriesgado, porque cuando hay una vida humana en juego se arriesga más de lo que se debiera, y eso le da más atractivo al trabajo.

¿Qué salvamento se le ha quedado grabado?

Uno marítimo, en el año 72. Era de noche y un barco encalló en unas rocas de la Costa de la Muerte (Galicia). Estaba muy cerca de la tierra firme, pero no se podía llegar de ninguna manera, ni tirando cuerdas, ni con barco... A bordo iban diez tíos, y en el helicóptero podíamos meter a dos o tres. Recuerdo que haciendo estacionario con la grúa [quieto en el aire para subir a los tripulantes], a unos 30 metros sobre el agua, nos salpicaban las olas. Y todo el rato con el limpiaparabrisas. Sacamos a todos en tres viajes, y como en las películas, nada más sacar al último el barco se partió y desapareció.

Las pocas referencias sobre usted en internet dicen que fue quien encontró el avión accidentado en el Monte Oiz, en Vizcaya [murieron 148 personas]

Estaba yo volando en Salamanca y me llamaron porque había desaparecido un avión. Cuando yo llegué no lo habían encontrado, los montes estaban llenos de nubes y por eso lo buscaban por tierra, por la zona donde había desaparecido del radar. Así que pegué al suelo, me metí en el monte a pesar de las nubes, muy bajito, y encontré el plano del avión al lado de una antena enorme con una plataforma de cemento, que fue donde había pegado el avión. Luego cuando encontré el resto, al fondo del valle, no se veía nada. Creía que sólo había encontrado el motor, pero era todo el avión, el resto había desaparecido, sólo quedaban trozos. Era increíble cómo había desaparecido todo. El impacto fue tremendo.

Mejor por aire

Con 26.000 horas, para usted volar es como conducir un coche o andar en bicicleta...

Exactamente, me encuentro más a gusto arriba que abajo. Abajo me pierdo, con el coche me pierdo constantemente. Y arriba, pocas veces.

¿Aún le apasiona volar?

A veces me preguntan, ¿cuándo lo vas a dejar? Y respondo: ¿Y tú cuándo vas a dejar de conducir? Yo mientras siga pasando los reconocimientos, seguiré volando.

¿Y por qué le gusta tanto?

Tiene que venirme de pequeño. Cuando tenía 12 o 13 años el deporte que hacía era saltos de trampolín, así que desde entonces ya me gustaba andar por ahí, por los aires. Creo que es algo que tenía dentro. Y a mi hijo le pasa igual, es piloto de Iberia. Si dejo de volar, tengo mono del aire, mono de la falta de oxígeno, que te hace como la llamada del desierto.

Otra de las referencias sobre usted dice que es "el mejor instructor de vuelo del mundo"

(Sonríe) En el 79 o en el 80, Aviación Civil no tenía pilotos civiles de helicóptero y pidieron un piloto militar para que diera clases a los futuros pilotos civiles. Fui yo el elegido para dar las clases, quizás por que era el más joven, y ahí comenzó mi vida como instructor en el mundo civil. Y han sido muchísimos años en los que han pasado 200 o 300 alumnos que están volando por toda España, lo cual me alegra mucho y son mi familia.

Algunos están en Navarra

Aquí está uno de los más queridos. Javier Arilla [también hace salvamento] ha sido un hombre extraordinario y un piloto fenomenal. Por eso estoy en Navarra, me ha hablado tanto de esta tierra... Y como era una zona que conocía poco me vine aquí.

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