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JAVIER MARÍA PEJENAUTE

Gota fría otoñal

  • JAVIER M. PEJENAUTE GOÑI ES DOCTOR EN GEOGRAFÍA E HISTORIA, ESPECIALIDAD CLIMATOLOGÍA
Actualizada 07/11/2011 a las 01:05

L AS altas precipitaciones, acompañadas de rachas fuertes de viento, han estado presentes este fin de semana, y en consecuencia, las inundaciones han vuelto, una vez más, a los valles cantábricos, en donde los ríos han aumentado su caudal. Ha caído mucha lluvia y la tierra, a duras penas, ha podido absorber esta enorme cantidad. Gracias a la sequía de los meses precedentes, los suelos, bastante secos, han ayudado a esta absorción y han impedido que el volumen de inundación haya sido mayor y de peores consecuencias.

El riesgo de precipitaciones se ha visto favorecido por la presencia de una circulación ondulada de otoño que propicia la llegada de una profunda vaguada, que ha dejado una gota fría sobre la vertical del Mediterráneo occidental. Las masas nubosas han girado, una y otra vez, en el sentido contrario de las agujas del reloj, como si fueran peonzas en movimiento simultáneo de rotación y traslación, y se han cargado de humedad a su paso, primeramente por el mar Mediterráneo, y después, por el mar Cantábrico. Debido al frío de las capas altas, se han producido fuertes ascensos que explican los chubascos. Las montañas navarras, bien orientadas y opuestas a las masas nubosas dominantes, han hecho el resto.

Con este tipo de circulación, es importante vigilar el movimiento de la depresión; si sigue la trayectoria Baleares-golfo de León- Pirineos, como ha sucedido ahora, el riesgo de inundación aumenta en los valles cantábricos del norte de Navarra.

Se trata de masas de aire muy húmedas del noroeste y norte que, al llegar a Navarra, se inestabilizan y ascienden con rapidez, debido a presencia de aire frío en altura. Se forman, de este modo, masas nubosas que se mueven sobre las cuencas de los ríos Urumea y Bidasoa.

Sin duda, la incidencia del relieve de los valles cantábricos navarros es fundamental. Las fuertes lluvias se originan junto a los macizos de Cinco Villas y Quinto Real (Gorramendi y Autza), que son los primeros obstáculos montañosos que encuentran las masas de aire inestables, que procedentes del mar Cantábrico, entran en Navarra. Éstas montañas, opuestas al flujo principal, actúan como auténticas pantallas condensadoras de humedad que producen aguaceros con enorme cantidad de agua precipitada.

Tales cantidades de lluvia en dos días son difíciles de ser absorbidas por el suelo y el agua fluye por los barrancos con fuerza y rapidez. También, las características topográficas de los valles cantábricos favorecen la inundación. Se trata de valles profundos, rodeados de grandes pendientes y en cuyos fondos aparecen pocas llanuras y no muy amplias. Por lo tanto, los torrentes y los ríos tienen mucha pendiente, corto recorrido hasta que llegan al río principal y poco terreno llano para expansionarse. En estas circunstancias, además, cualquier tapón provocado por la acumulación de rocas, ramas o árboles, empeora la situación.

Resulta curioso que pasemos en Navarra, de pronto, de la sequía de estos meses anteriores, a las intensas precipitaciones. Y es que, nuestro clima, se caracteriza por la presencia de tiempos extremos, porque estamos en un territorio de transición o de paso entre el Cantábrico oriental y el valle medio del Ebro, frontera entre dos dominios climáticos opuestos y contrastados: el oceánico lluvioso y mediterráneo seco.



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