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Conmovidos por Reyes

  • Daniel Múgica salió de la sala para fundirse en un gran abrazo con su madre cuando terminó de declarar

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Reyes Zubeldia, acompañada de sus hija Raquel, Eradio Ezpeleta y Juan Frommknecht. MODEM PRESS
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Catalán y Barcina acudieron al juicio con la familia. MODEM PRESS
  • MARÍA ANTONIA ESTÉVEZ . MADRID
Actualizada 03/11/2011 a las 01:00

ESTA vez no hubo patadas a los cristales de la cabina blindada, entre otras cosas porque tampoco hubo sala blindada. El juicio por el asesinato del concejal de UPN José Javier Múgica tuvo que cambiar dos veces de sala en la Audiencia Nacional, seguramente para dejar hueco a los nueve miembros de Segi que fueron juzgados a hora parecida.

No hubo bronca pero sí reiteradas desobediencias de los etarras a la presidenta del Tribunal, Angela Murillo. Txapote, Otegi y Celerain se negaron a ponerse en pie para identificarse, Otegi intentó hacer declaraciones en euskera acusando de torturas a la policía, se sucedieron cuchicheos y sonrisas que sacaron de quicio a la magistrada que ordenó separar a Txapote y Otegi que se sentaban juntos en primera fila. Hasta que la juez, pensando que tenía el micro cerrado, soltó la frase: "Y encima se ríen estos cabrones."

La mañana había comenzado desapacible pero tranquila en el entorno de la Audiencia Nacional. No había apenas cámaras, nada de pancartas ni manifestación de proetarras como en ocasiones anteriores. Poco después de las nueve, una prolongada sirena de un furgón de policía rompió la tranquilidad de la calle y cruzó de prisa la barrera de seguridad seguido del autobús blindado que trasladaba a los etarras. Minutos después, por la entrada de magistrados, el grupo de los familiares y amigos de Múgica, con la presidenta Barcina al frente, se adentraba en la audiencia.

Cuando el fiscal y la defensa ocupaban ya su lugar y la familia se disponía a sentarse se anunció el primer cambio de sala. La nueva sala asignada era la misma en la que se celebró el juicio de Caballero, la misma también del juicio del subteniente Casanova, cuando el acusado Miguel Javier Ayensa Laborda, completamente fuera de sí, arremetió a patadas y puñetazos contra los cristales blindados de la jaula de los acusados. Esta vez no hubo patadas, pero sí reiteradas desobediencias de los etarras al tribunal.

Poco rato después llegó el aviso de un nuevo traslado a la sala inicial, donde finalmente se celebró el juicio. En esta ocasión no había jaula para los acusados sino tres filas de sillas en el centro de la sala. En la primera se sentaron Txapotey Otegi, que se abrazaron profusamente cuando les quitaron las esposas. Cada uno tenía a un lado a un policía hasta que en el primer rifirrafe con la juez se les separó situando dos policías en medio, para evitar sus cuchicheos. En la segunda fila se sentaron Celerain y Besance. En la tercera, cuatro policías de paisano.

En la sala, a muy pocos metros de las sillas donde se sentaban los etarras, se encontraban los tres hijos de Múgica: Francisco Javier, Daniel y Raquel, y una tía suya. Su madre, Reyes Zubeldia, esperaba fuera su turno de testigo. Junto a ellos la presidenta del Gobierno de Navarra, Yolanda Barcina, el vicepresidente Alberto Catalány Eradio Ezpeleta, secretario de Organización de UPN. Les acompañaban también otras víctimas del terrorismo, como José Ignacio Ulayar y su mujer, Blanca Echarri, y también algunos vecinos del pueblo como Antonio Bengoa, que vino acompañado también de su mujer, o como Juan Francisco Ordóñezde la peña gastronómica de la localidad y amigo de la familia.

Detrás de un biombo

El juicio comenzó y los tres hijos volvieron a revivir aquel día de julio e hace ya diez años en que su padre fue asesinado por ETA. Pero lo peor estaba por llegar, cuando escucharon a su madre, escondida tras un biombo pero con la voz bien firme, relatar qué ocurrió aquel día en que ella desde la cocina de su casa escuchó el estruendo de la bomba que iba a cambiar la vida de toda la familia.

Raquel Múgica se dobló en dos sobre su asiento escondiendo la cara entre las manos para poder soportar aquel relato de su madre mientras sus hermanos tensos y con las lágrimas a flor de piel apretaban los puños. Cuando terminó su relato y la magistrada agradeció su comparecencia, Ezpeleta dejó la sala y salió al pasillo para recibirla. Le siguió Daniel Múgica, que cuando vio a su madre se fundió con ella en un gran abrazo. Ezpeleta les rogó que se sentaran un rato en la salita contigua a la sala donde se sucedía el juicio, que se recuperaran antes de volver a la sala como así sucedió. Todavía tuvieron que escuchar uno, dos, hasta diez testigos, policías, inspectores, etc...

Finalmente fue el turno del etarra Besance, que sí se levantó y sí contestó a las preguntas de su abogada. "Yo creo", diría después el abogado de la familia Juan Frommknecht, "que después de estas declaraciones todo está meridianamente claro. Besance arguye que testificó bajo torturas pero cuando la presidenta del Tribunal le argumentó que por qué no había acudido al forense, el aseguró que por miedo, algo que no cuela cuando se leen sus declaraciones anteriores día a día. Ha admitido todo lo que consta en la acusación del fiscal que ha hecho un trabajo meticuloso. Y luego está la soberbia declaración de la viuda de Múgica.".

A la salida, la familia no quiso hacer ninguna declaración, pero se oyó a Reyes Zubeldia comentar a los suyos: "Con qué ganas habría dejado aquel biombo para acercarme a los etarras, mirarles a los ojos y llamarles asesinos". Barcina, muy conmovida tras escuchar el relato ante el Tribunal, dijo. "El testimonio que hemos escuchado a Reyes me ha conmovido a mí y puede conmover a cualquier persona y esto pone de manifiesto que el sufrimiento de las víctimas es real, no es teórico, y más aun visto a diez años de lo sucedido. He querido estar con ella y con su familia como presidenta de UPN lo mismo que acudí al juicio de Tomas Caballero".

Una persona que vivió el juicio con el alma a flor de piel fue José Ignacio Ulayar. "No he querido dejar de acompañarles porque yo sé muy bien lo que llevaban por dentro. Es verdad que nosotros no tuvimos ocasión de acudir al juicio de quienes asesinaron a nuestro padre porque entonces ni se nos avisaba ni se nos acompañaba. ¿Qué evitamos un mal trago? Posiblemente, Pero peor trago fue enterarse después y sentirse postergados".

Catalán que acompañó también a la familia a la salida del juicio decía. "Muy triste, todo muy triste. Esto es un drama enorme porque llevan muchos años con este dolor. Esperemos que se haga justicia cuanto antes". Cuando así hablaba, ninguno de los asistentes sabía nada todavía del comentario de la presidenta del tribunal. Se enteraron en el hotel.



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