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Publicada "La Iglesia de San Julián de Ororbia, Historia y Restauración"

La parroquia cuenta con dos importantes obras del arte navarro: su retablo mayor y una de las mejores pinturas murales góticas.

Portada del libro

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Actualizada 29/07/2014 a las 13:23
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Esta mañana se ha presentado en la Sala Pamplona del Museo de Navarra el libro “La Iglesia de San Julián de Ororbia, Historia y Restauración”, obra que analiza el retablo y las pinturas góticas de esta iglesia y describe el proceso de su recuperación.

La Iglesia de Ororbia, situada en la Cendea de Olza, conserva en su iglesia parroquial dos obras de gran importancia dentro del panorama del arte navarro: su retablo mayor, considerado el primer retablo renacentista de Navarra, y las pinturas murales góticas protegidas por él, relacionadas con el mural del Refectorio de la Catedral de Pamplona.

Los trabajos de restauración y conservación del retablo y las pinturas, acometidos en 2007 y 2008, permitieron, gracias a la alta calidad de la metodología aplicada, tener un profundo conocimiento de estas joyas del patrimonio, Los trabajos de restauración fueron promovidos y financiados por el Servicio de Patrimonio Histórico del Gobierno de Navarra, con la participación del concejo de Ororbia en la restauración e iluminación de las pinturas.

Las actuaciones implicaron a un equipo de más de 20 personas entre técnicos de Gobierno de Navarra, restauradores, historiadores, químicos, biólogos, fotógrafos y otros técnicos y artesanos.

La obra, editada por el concejo de Ororbia con la colaboración de la Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra y Graf Tech Ibérica, S.L., recoge los textos de tres especialistas en patrimonio: los historiadores Carlos Martínez Álava y Maria Josefa Tarifa Castilla, y el restaurador Javier Latorre Zubiri, quien ha asistido a la presentación del libro junto con el consejero de Cultura, Turismo y Relaciones Institucionales, Juan Luis Sánchez de Muniáin, el alcalde de Ororbia, Daniel Beunza, y el director de Recursos Humanos de GrafTech Ibérica, Miguel Celaya.

El concejo de Ororbia ha promovido la edición de este libro de 166 páginas con 300 espectaculares imágenes y gráficos, en gran parte inéditas. Se ha impreso una tirada inicial de 1.200 ejemplares de esta obra que estará disponible en las bibliotecas públicas y que se pondrá a la venta en el concejo al precio de 15 euros.

Las pinturas murales

El estudio realizado del edificio y de las pinturas redescubiertas tras el retablo aporta nuevos datos interesantes para la historia del arte en Navarra. Carlos Martínez Álava desarrolla una profunda descripción del templo y de su decoración monumental, revisando la documentación conservada y planteando nuevas e interesantes cuestiones.

La revisión de la trasera del retablo, previa al proyecto de restauración, supuso el redescubrimiento de las pinturas góticas. Se trata de un magnífico conjunto de pinturas murales preservadas de su destrucción por el propio retablo. Ya que originalmente la superficie pintada era mayor, las escenas continuaban por los muros de la iglesia.

Cabe destacar que debido a la moda de “sacar la piedra” padecida desde mediados del siglo XX, son escasísimas las obras de similares características que han llegado hasta nuestros días.

Las pinturas datan del siglo XIV, hacia 1335, y miden 35 metros cuadrados de extensión. El presupuesto de los trabajos de restauración ascendió a 66.000 euros, de los que el Gobierno de Navarra aportó 60.000.

Estas pinturas, localizadas en los muros de la cabecera de la parroquia de San Julián, son obra del maestro del refectorio de la catedral de Pamplona, Juan Oliver. Los expertos consideran que se trata de las mejores pinturas murales góticas conocidas en Navarra, y el hecho de conservarse en el lugar en que fueron realizadas permite conocer las características del arte mural de la época.

Se organizan en tres registros sucesivos que se leen de izquierda a derecha. Narran los distintos episodios de la Pasión y Resurrección de Cristo en el inferior, del Nacimiento y la Infancia de Jesús en el intermedio, y del Triunfo en el superior. Este último nivel se establece como hipótesis, ya que no se han conservado más restos que un ángel trompetero, que no obstante se puede asociar a la venida de Cristo juez en el Juicio Final. Esta asociación del ciclo de Pasión y Resurrección con el ciclo de la Infancia y el Cristo en majestad es relativamente habitual en la iconografía medieval.

El retablo

El retablo, declarado Bien de Interés Cultural, contiene pinturas sobre tabla, algunas de las cuales recogen la historia de San Julián, muy similar a la famosa leyenda de Teodosio de Goñi y el Angel de Aralar. La publicación introduce toda la riqueza de sus detalles, en un estudio realizado por Maria Teresa Tarifa Castilla que aborda su descripción, historia, arquitectura e iconografía.

Constituye un retablo mixto de esculturas de bulto redondo (en la calle central y banco del retablo) y tablas pintadas. En el banco se suceden las tallas de San Juan Evangelista, la Magdalena, San José, la Virgen con el Niño y San Juanito -ocupando la hornacina central- San Miguel, San Cristóbal y un Santo Papa que quizás se pueda identificar con San Gregorio. Son esculturas pertenecientes a la misma época que el retablo, a excepción de la talla de San José, barroca popular, y de la de San Miguel de un incipiente romanismo propio de fines del siglo XVI.

Las tablas pintadas son obra de un artista todavía no identificado al que se conoce con el apelativo de Maestro de Ororbia. Relatan en el primer cuerpo escenas de la vida del titular, San Julián, extraídas de la Leyenda Dorada de Jacobo de la Vorágine. Se reconocen los siguientes episodios: El ciervo anunciando al santo que va a matar a sus padres, San Julián informado por su mujer de la muerte de sus progenitores, la Construcción de un hospital y la Travesía nocturna en la barca de un ángel disfrazado de peregrino.

El segundo cuerpo recoge diversas escenas de la Infancia de Cristo: la Huida a Egipto, la Matanza de los Inocentes, la Presentación en el templo y Jesús ante los Doctores; esta iconografía se completa con la del cuerpo superior reservado a la Anunciación, la Visitación, la Virgen con el Niño entre San Abdón y San Senén, el Nacimiento y la Epifanía. El ático en cambio alberga episodios de la Pasión de Cristo, ocupando la Crucifixión la caja central, flanqueado por la Flagelación y la Resurrección y coronada por el Padre Eterno.

En 2007 le fue realizado un tratamiento completo de conservación y restauración en la con un presupuesto de 85.492,00 euros, que puso de manifiesto la existencia de unas las magníficas pinturas murales góticas en los paños centrales de la cabecera que ocultaba el retablo.
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