GASTRONOMÍA

Melbourne, Ábaco y Chelsy acaparan el 'oro' en la Semana del Pincho

  • Son los locales que más primeros premios han ganado a lo largo de la historia, además del Don Pablo, ya cerrado
  • El Gaucho, por su parte, se lleva la plata

Los 'chefs de oro'. De izquierda a derecha: Imanol Miqueleiz (Melbourne), Antonio Cristóbal (Chelsy) y Jesús y Luis Iñigo (Ábaco).

Los 'chefs de oro'. De izquierda a derecha: Imanol Miqueleiz (Melbourne), Antonio Cristóbal (Chelsy) y Luis y Jesús Iñigo (Ábaco).

azcona
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16/04/2014 a las 06:00
  • SAIOA ROLÁN/JOANA PERNAUT. PAMPLONA
Era un año bisiesto que pasó a la historia por las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla, con el telón de fondo del quinto centenario del descubrimiento de América. Murió el artista Camarón, salió a la venta la Súper Nintendo e Induráin ganó su segundo Tour. Aquel 1992, también, los hosteleros de Navarra organizaron su primer concurso de pinchos y banderillas. Éste se convirtió en el germen de lo que hoy se conoce como la Semana del Pincho de Navarra.

Un certamen con duelos cara a cara, eternos aspirantes y nombres de creaciones grabados en el paladar como 'Airbag', 'Balcachofa' o 'Si tú eres del mar, y de la tierra'. Esta cita que se bautizó como la Semana del Pincho en 1999 y este 2014 cumplió su XVI edición con un balance "alegre". Haciendo un repaso, el Melbourne, el Ábaco, la cafetería del Don Pablo, ya cerrada, y el Chelsy son los establecimientos que más premios acumulan. En los segundos puestos, por su parte, se sitúa el Gaucho, seguido del Letyana y Aralar.

"¿Por qué ganan siempre los mismos?", pregunta 'la calle'. Los 'reyes de oro' de la Semana del Pincho responden rotundos y al unísono: "Ganan los que mejor lo hacen, los que más se esfuerzan". Acérrimos defensores de la principal cita gastronómica de Navarra, Imanol Miqueleiz (Melbourne), Antonio Cristóbal (Chelsy) y los hermanos Jesús y Luis Iñigo (Ábaco) coinciden en señalar que "no hay trucos para triunfar ni el proceso de elaboración de las recetas es siempre el mismo".

A pesar de que la Semana del Pincho está en boca de los hosteleros durante todo el año, la chispa creativa casi siempre salta a última hora. "Más o menos en enero empezamos a probar distintas combinaciones de sabores", estima Antonio Cristóbal, uno de los socios del Chelsy. "Sí, con dos meses de margen es suficiente para cocinar la miniatura a tiempo. A nosotros este año incluso nos ha pillado el toro y mira, premio", añaden los hermanos Iñigo.

Si el 'cuándo' es un asunto que no preocupa demasiado a los tres vencedores, el 'cómo' crear la receta perfecta es crucial para ellos. Y en este punto sí cuentan con dos pautas "imprescindibles": utilizar ingredientes de temporada y que el pincho sea rentable. "Hay que tener en cuenta que en marzo-abril no es temporada de espárragos y alcachofas, así que hay que descartar esos sabores. De alguna manera, es una limitación", comenta Imanol Miqueleiz, propietario del Melbourne.

Alejados de los fogones y sentados en torno a la misma mesa, los cuatro departen acerca del tema que les une, sus miniaturas. "Recuerdo tu emparedado de papada, cojonudo, Imanol", comenta Jesús Iñigo. "Es el más fácil de elaborar y el que más pasta me ha dado", le responde entre risas el propietario del Melbourne. Y, de pronto, Miqueleiz aprecia que en el encuentro no están todos los que son: "¡Faltan los del Don Pablo! Ellos también ganaron en varias ocasiones, aunque, claro, ya cerraron". Conocen al detalle la cronología y el palmarés de esta emblemática cita, hasta las primeras ediciones, aquellas que se degustaban en pesetas.

UNA CARPA EN YANGUAS Y MIRANDA

Esa mirada retrospectiva iniciada por los chefs protagonistas rebobina hasta 1997, cuando bares y cafeterías dieron un paso más y sacaron sus creaciones a un recinto en Yanguas y Miranda. Allí, la ciudadanía votaba por su pincho favorito. Entrar costaba 200 pesetas y por cada pincho se pagaban 150, a los que había que sumar otras 100 por un vino o una cerveza. De regalo, los asistentes recibían un vaso de cristal. Sobre las barras, 19 establecimientos ofrecieron miniaturas de pimientos verdes rellenos de salmón, angulas y ajetes, piquillos rellenos de rape y gamba con crema de borrajas, pincho de pato, de pichón, de changurro... El oro se lo llevó el bar Memphis, con una brocheta de Roberto Ontañón por decisión mayoritaria de los más de 7.000 visitantes que contabilizaron.

COMIENZA LA SEMANA DEL PINCHO COMO TAL

En 1999 la feria se transformó en la Semana del Pincho, tal y como hoy la conocemos. Un año que queda para el recuerdo en el bar Baserri, que obtuvo el oro. Ya el año 2000 trajo otra novedad: la votación popular se sustituyó por el análisis de los miembros de la sociedad Gazteluleku, que tuvieron que puntuar 69 especialidades de 23 bares. El resultado: ganó el bar Letyana con una brocheta de pez espada con langostinos y pochadito de verduras.

En los dos años posteriores, en los que vencieron el Letyana y el Charlot, la cantidad de bares participantes continuó creciendo y la cita comenzó a atraer a visitantes de otras comunidades interesados en degustar una cocina "de alta gama, innovadora y de calidad", en palabras de los organizadores.

UN PULSO ENTRE EL DON PABLO Y EL MELBOURNE QUE DURÓ SIETE AÑOS

Las previsiones, sin embargo, se batieron en 2003 con la V edición de la Semana del Pincho. En ochos días se sirvieron 350.000 tapas entre los 58 locales participantes, que prepararon 174 miniaturas. La cafetería Don Pablo consiguió el oro con una minialbóndiga rellena de manitas sobre mahonesa fina de foie.

Comenzó así un 'pulso' por el oro entre este bar y el Melbourne que se prolongó entre aquel 2003 y el 2009. El 'marcador' quedó así: el Don Pablo ganó en 2005 y 2008 y los cuatro años restantes el palmares lo logró el Melbourne. De hecho, éste constituye el establecimiento que más oros acumula, cuatro. Le pisan los pies la cafetería del Don Pablo, que cerró en 2009, y el Ábaco, ubicado en Huarte, ambos con tres.

2011 y 2012 se transformaron en "años Chelsy", con torrijas de bacalao y una receta a base de cordero y lechezuelas. En las dos últimas ediciones los focos han recaído en el Ábaco de Huarte por su 'Airbag' y su 'Sardina de roca'.

Aunque en la última edición se multiplicó por cuatro los participantes de aquel 1997, quienes más veces han subido al pódium opinan que "hace falta reenfocar el evento para no dejarlo morir". "Sería interesante que la Asociación de Hostelería y los hosteleros nos reuniésemos para reflexionar sobre por qué la cita ha ido a menos, de modo que los participantes aportásemos sugerencias para devolverle la calidad que tenía", apunta Jesús Iñigo, propietario del Ábaco, último ganador. Los demás asienten.
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