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incidentes en el chupinazo de 2010

El joven herido grave relata el "horror" de su día a día

  • José Carlos Arranz sufre graves limitaciones en su habla, en sus movimientos y en su sensibilidad
  • El joven madrileño ha participado este martes en la segunda sesión del juicio contra 13 jóvenes por los altercados en el chupinazo de 2010

El joven madrileño José Carlos Arranz, a su llegada a la Audiencia este miércoles.
El joven madrileño José Carlos Arranz, a su llegada a la Audiencia este miércoles.
EFE
El joven madrileño José Carlos Arranz, acompañado de su abogado, a su llegada a la Audiencia para la segunda sesión del juicio que se sigue contra 13 jóvenes imputados por los altercados del chupinazo de 2010.
El joven madrileño José Carlos Arranz, a su llegada a la Audiencia este miércoles.
efe
Agentes de la Policía Municipal de Pamplona retiran la ikurriña gigante durante el chupinazo de 2010.
Agentes de la Policía Municipal de Pamplona retiran la ikurriña gigante durante el chupinazo de 2010.
archivo/javier sesma
  • efe. pamplona
Actualizada 20/11/2013 a las 17:47
El joven madrileño José Carlos Arranz, herido de gravedad al recibir un botellazo en los altercados previos al lanzamiento del chupinazo de 2010 ha relatado el "horror" en el que se ha convertido su día a día, con graves limitaciones en su habla, en sus movimientos y en su sensibilidad.

En la segunda sesión del juicio que se sigue contra 13 jóvenes imputados por estos altercados, ocurridos cuando la policía intentó retirar de entre el público una gran ikurriña de una abarrotada plaza del Ayuntamiento de Pamplona, Arranz ha reiterado que él no llegó a ver el altercado y que sólo fue consciente de que recibió un golpe en la cabeza y fue trasladado a un punto de atención médica.

Ha insistido en que no vio ninguna ikurriña ni ningún altercado entre el público y la policía, y ha confirmado que recuerda el golpe recibido, aunque no vio la botella que le impactó, y que se encontraba en un lado de la plaza, donde sólo veía "gente de fiesta y pasándolo bien".

Tras recibir el golpe Arranz recuerda que sus amigos, "muy nerviosos" le trasladaron a uno de los puntos de asistencia médica montados para el chupinazo cerca de la plaza del Ayuntamiento, donde ha subrayado la "tensión" con la que vivió no ser capaz de responder a la médico que le atendió y a la que no podía explicar que no era extranjero porque tuvo una pérdida "total" del habla.

También perdió la movilidad de su brazo derecho desde ese primer momento, al igual que el sentido del tacto, que a día de hoy no ha recuperado debido a las secuelas de las graves lesiones, que le llevaron a estar hospitalizado durante 47 días.

Tardó más de 426 días en curar y le han quedado como secuelas monoparesia en miembro superior, haber sufrido pérdida de materia ósea, disartia y un foco epiléptico.

Sus consecuencias y el "horror" de su día a día han copado buena parte de la declaración de Arranz, quien ha reconocido que se puede comunicar "pero no fluidamente", y que aunque continua con su trabajo de profesor de matemáticas y biología, ya no puede enseñar dibujo por sus dificultades con la mano, e incluso debe llevar preparadas en una pizarra digital algunas explicaciones ya escritas antes de las clases de las otras dos materias.

Ha reconocido que estas dificultades han tenido repercusión en su trabajo, con advertencias de algunos de los alumnos que "usan" su discapacidad "como arma" para quejarse de las notas, pese a que ha considerado de forma rotunda: "Creo que soy buen profesor pero estoy limitado para comunicar".

En cuando a su vida privada, Arranz ha relatado que al haber perdido el tacto "no sé si una cosa está si no la veo", lo que le impide actividades tan personales como la higiene o tan cotidianas como atarse los botones de las camisas, subir cremalleras de la ropa o atarse los cordones de los zapatos.

Ha tenido además que dejar actividades antes habituales como cantar y tocar la guitarra, ir en bicicleta a trabajar o la montaña, que era su "vida", ha dicho tras recordar que estaba federado.

En todo caso, ha relatado también la mejoría que ha logrado en los dos años transcurridos, aunque gracias a los "muchos tratamientos" a los que se ha sometido, algunos de ellos pagados de su bolsillo, como el fisioterapeuta que a día de hoy aún trabaja para mejorar la movilidad de su brazo y su mano derechas.

Hasta llegar aquí, y tras someterse a tratamientos de fisioterapia, logopedia, acupuntura o medicina natural, ha conseguido caminar de nuevo y volver a poder comunicarse con la palabra aunque aún son evidentes las dificultades y su lentitud.

La declaración de Arranz, a quien los defensores de los acusados no han dirigido ninguna pregunta, se ha producido dos días después de que los trece jóvenes imputados por esos incidentes, en ellos el acusado de lanzar la botella que le lesionó de gravedad, negaran su participación en los hechos.

Los jóvenes están acusados de desórdenes públicos y atentado a la autoridad, delitos a los que en el caso del presunto autor del botellazo se une el de lesiones.

Por desórdenes públicos el fiscal pide para cada uno quince meses de prisión y por el de atentado, un año de prisión, mientras que por el de lesiones pide para uno de ellos tres años más de cárcel.

La defensa solicita la libre absolución para todos ellos y la acusación particular pide seis años de prisión por un delito de lesiones para uno de los trece y tanto para éste como para los otros doce, cinco años de prisión por desórdenes públicos y seis años de prisión más por atentado contra la autoridad. 


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