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Concurso Conocer Navarra

Patrimonio, cielo y suelo

La Iglesia de Santa María La Real de Olite exhibe un retablo mayor de estilo renacentista colocado en 1528, obra del pintor Pedro de Aponte
La Iglesia de Santa María La Real de Olite exhibe un retablo mayor de estilo renacentista colocado en 1528, obra del pintor Pedro de Aponte
JAVIER SESMA
  • ANA CABANILLAS. PAMPLONA
Actualizada 30/07/2013 a las 15:36
Las piedras que integran una muralla podrían ser las mismas que dan forma a una iglesia. Incluso podrían confundirse entre sí las decenas de fotos guiris en las que sólo aparece la parte frontal de las construcciones o monumentos. Encontrar un detalle que diferencie las imágenes, sobre todo si son de patrimonio, es fundamental para tomar un retrato con personalidad. El fotógrafo de Diario de Navarra Javier Sesma Bergachorena señala algunas claves para este tipo de fotografías, unos consejos que pueden ayudar de cara al concurso fotográfico de la revista Conocer Navarra, organizado en torno a la Ruta de los Paisajes presentada por el Gobierno de Navarra.

La imagen superior es de la iglesia de Santa María de Olite, tomada con la luz natural que entra por las ventanas. Lo más llamativo de la composición es el punto de vista desde el que está tomado, como explica Sesma, autor de la fotografía: "Al bajar la cámara buscas que el punto de fuga esté más o menos en el centro, que todo converja en el altar. Le das la fuerza y profundidad gracias a la forma geométrica de los bancos, que llevan al centro", señala.

Además de crear este "punto de fuga", hay un efecto colateral: "Para darle darle un toque diferente, aprovechas los reflejos de la luz en el suelo de madera", indica el fotógrafo. La imagen superior es otro ejemplo de que, a veces, basta con captar un detalle representativo y de peso, en lugar de que aparezca el conjunto completo. La fotografía se hizo con el diafragma algo cerrado y velocidad baja de obturador, "para que la luz entre poco a poco y no se queden muchos blanco, que es un riesgo cuando hay contrastes", indicó el autor. Además, con esta exposición lenta "se consiguen colores más cálidos", como los de la imagen.

En la instantánea inferior aparece El Cerco de Artajona, del que Javier Sesma tomó su lado más peculiar: "La forma de El Cerco es muy característica y muy conocida. Solamente con poner su sombra, todo el mundo lo reconoce", comenta, aunque también advierte: "Esta imagen no podría hacerse con algo que no fuera tan representativo".

Para el fotógrafo, "lo que le da una fuerza especial a este juego de luces y sombras es el cielo". En este caso, la luz de atardecer y la silueta del monumento son los dos pilares. "Se aprovecha el cielo para conseguir sacar algo de patrimonio sin que sea la foto de siempre; es una forma de acercarme de una manera atípica, cogiendo un contraluz", destaca Sesma. Para obtener estos efectos, hay que disparar al blanco del cielo, "a la parte que tiene más luz". El fotógrafo aprovechó aquí varios factores que se unen en la imagen casi por arte de magia. Si, por ejemplo, el autor hubiera intentado dar más relevancia a las murallas y hubiera apuntado directamente hacia ellas, "el cielo desaparecería, saldría todo blanco". Otra de las consecuencias sería que El Cerco tampoco se vería con suficiente nitidez y el flash sería inútil, pues en cielos oscuros, "sólo sirve cuando vas a retratar algo más pequeño". En este caso, la escasa luz, que podía haber sido un problema, resultó ser la solución al enigma.


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