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PRUEBAS DE ENFERMERÍA

Padres, parejas e hijos y su espera en los pasillos de la Universidad

Los familiares de los opositores esperan en las afueras de la UPNA.

Los familiares de los opositores esperan en las afueras de la UPNA.

UJUÉ LORENTE
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Actualizada 25/11/2012 a las 16:58
  • UJUÉ LORENTE. PAMPLONA
No sólo los aspirantes a las oposiciones convocadas por el Gobierno de Navarra para cubrir 172 plazas de Enfermería acudieron este domingo a enfrentarse a esta prueba en la Universidad Pública de Navarra (UPNA). Tras meses de estudios y desvelos, esposos, padres e hijos veían cómo por fin llegaba el momento de enfrentarse de que sus familiares se enfrentaran ante la gran prueba. No faltaban muestras de ánimo.

La mayoría de los aspirantes eran mujeres, que esperaban ansiosas a que dijeran su nombre para entrar en el aula y hacer el examen. En el momento de la llamada, los acompañantes las besaban y las abrazaban para desearles suerte. El futuro de estas familias estaba en juego. Para algunos de ellos esta espera no era nueva, ya que sus parejas se han presentado a otras oposiciones.

Cuando la prueba ha comenzado no todos han entrado en el aula: en los pasillos del edificio principal de la UPNA se han quedado todos los familiares. Algunos leían libros o jugaban con el móvil, mientras que otros cuidaban de sus hijos pequeños. Había niños correteando por los pasillos ante la mirada atenta de los padres que esperaban con ganas la salida de sus cónyuges.

Asier Sesma, de 35 años, era uno de ellos. Aguardaba a que su mujer hiciera el examen acompañado por su hija pequeña de un año, quien permanecía en la silleta. "Son sus terceras oposiciones y ahora con la niña es más complicado estudiar. Ha sacado tiempo de donde no lo había, así que confío en que apruebe", ha explicado. "Le he ayudado en las tareas de casa y, sobre todo, he estado cuidando a mi hija para que pudiera estudiar. Ahora cogeré las soluciones del examen para que cuando salga las vea", ha asegurado este estellés que para pasar el rato iba a darse una vuelta por su alma mater para recordar sus años de la carrera.

David Pérez Garrido, de 38 años, y vecino de Peralta, también esperaba a su esposa acompañado por su hija. Confesaba haber cuidado más tiempo de la niña y haberle ayudado más en las tareas de la casa con tal de que ella pudiera estudiar. "Voy a esperar por los pasillos. La niña todavía es lactante y muy lejos no me puedo ir. Esta es la cuarta oposición a la que se presenta, y en las anteriores me iba a tomar algo o me bajaba a Tajonar a ver partidos de fútbol, pero hoy me quedaré aquí", ha relatado. "Ella dice que no va a aprobar el examen, yo creo que sí. Estoy tranquilo porque confío en ella y nervioso por si a mi hija le entra el hambre", comentaba entre risas.

Carlos Suescun
, de 34 años y vecino de Larraga, paseaba con su hijo por el párking a la espera de que su esposa terminara de examinarse. "Aspira a entrar en listas y creo que lo conseguirá. Ahora vamos a hacer tiempo paseando para esperar a que salga y nos cuente qué tal ha ido", ha explicado.

Jonás Pérez
, zaragozano de 36 años, entraba en el Aulario cinco minutos después de que comenzaran las pruebas. Llegó este sábado a Pamplona acompañado de su hijo de cinco meses y de su mujer, quien se examinaba. "Ha estudiado por las noches lo que ha podido mientras mi hijo dormía. Creo que está preparada como para sacar la plaza, pero hay el doble de gente y la mitad de plazas que en anteriores convocatorias", ha asegurado resignado. "Ahora voy a buscar el aula y esperaremos a que salga", ha indicado.

En un intento de que la espera no fuera tan dura para él y sus tres hijos de seis y tres años y seis meses, Fernando Bella, de 37 años y vecino de Calahorra, paseaba y jugaba con ellos en el pasillo, mientras su mujer se enfrentaba a la prueba. "Estoy tranquilo por el examen y si le preguntan por temas de pediatría conseguirá entrar en las listas", ha asegurado con firmeza. "Como hace mal tiempo, vamos a estar paseando por los pasillos y esperaremos a que salga", ha indicado.

No sólo los maridos esperaban. Sentado en una silla en la puerta de un aula, Fernando Tortosa, alicantino, esperaba a que su hija de 27 años saliera del examen mientras escuchaba por los auriculares una obra de teatro en la cual va a participar. "Vinimos este sábado desde Alicante para que hiciera el examen y nos marchamos en cuanto salga. Se ha presentado mucha gente y veo difícil que pueda sacar plaza", ha explicado este padre. "También se va a presentar a las de Madrid y a las de Asturias y la llevaré si hace falta. Por una hija se hace lo que haga falta", ha asegurado.
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