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Ignacio Pérez Dolset: "Hace falta un punto de arrogancia e inconsciencia para emprender"

Ignacio Pérez Dolset, con los protagonistas de su primera película de animación, Planet 51

Ignacio Pérez Dolset, con los protagonistas de su primera película de animación, Planet 51

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Actualizada 22/10/2012 a las 10:13
  • B. ARMENDÁRIZ. PAMPLONA
La película de animación Planet 51 es uno de sus proyectos más ambiciosos, pero no el único. Ignacio Pérez Dolset (Jaén, 1970) es un emprendedor nato. Artífice de la saga de videojuegos Commandos, todo un éxito a finales de los 90, junto con su hermano Javier, ha creado su propio estudio de animación, Ilion Animated Studios, y ha impulsado una universidad, el Centro Universitario de Tecnología y Arte Digital (U-tad), "en el que el alumno no busque ser sólo un operario sino que sea capaz de cambiar el mundo, que tenga capacidad de innovar y de reinventar" .

A los 20 años, cuando los jóvenes piensan en pasar el rato con los amigos, usted y su hermano crean su propia empresa. ¿Por qué?

No sé. Yo también pensaba en salir, pero ambas cosas son compatibles. Mi padre es empresario y desde siempre hemos tenido ese gusanillo. Pero, sobre todo, creo que es un tema de energía. A esa edad tienes un montón de energía y buscas dónde ponerla. Un día hablamos de montar un negocio de edición digital y empezamos. Es verdad que en España no es lo habitual. Probablemente criarse en casa de un empresario te inspira.

¿Cree que en España falta espíritu emprendedor?

Falta toda la cultura del emprendimiento. Yo cursé un año de Empresariales y me fui porque echaba de menos un poco más de espíritu emprendedor. Y, a día de hoy, estamos mucho peor que entonces. ¿Por qué? Ni idea. Los políticos hablan de la cultura del esfuerzo. Pero hay más elementos: no se da en las escuelas; socialmente el empresario no tiene una imagen buena; fracasar está muy mal visto y emprender lleva implícito que muchos de los proyectos fracasen... Hay temas educativos, culturales, faltan casos-ejemplo, gente que sea referencia. Es un problema también frente a Estados Unidos, que es una máquina de emprender.

Hay unos dibujos americanos, Phineas y Ferb, que en cada capítulo ponen en marcha una nueva idea. ¿Dibujos de este tipo pueden ayudar a sembrar la semilla entre los más pequeños?

Se puede, pero no vamos a resolver un tema que es extraordinariamente complicado sólo con eso. Hay problemas financieros y políticos, como la falta de mecanismos para emprender. Pero hay también un elemento cultural, muy profundo y muy complejo, que tiene que cambiar. En Estados Unidos, con 16 años, todos los jóvenes tienen un trabajo, cortándole el césped a su vecino, repartiendo periódicos... Es el concepto de que lo que no hagas por ti mismo no lo va a hacer nadie por ti. Tiene que haber un cambio de mensaje.

¿Un creativo nace o se hace?

Muy buena pregunta, aunque creo que no tiene respuesta. La creatividad no es una profesión, es un rasgo del carácter. ¿Se hace alguien tolerante o sensible? No lo sé. La creatividad, como todo en esta vida, es una combinación de elementos genéticos y mucho esfuerzo. Con el esfuerzo adecuado todo el mundo tiene la capacidad de ser creativo en un determinado ámbito, pero lo que marca que alguien sea más o menos creativo es en comparación con los demás. Sobre todo, hay que aprender a pensar en términos creativos y a que te apasione lo que hagas.

¿Cómo se decidió a dar el paso de los videojuegos a las películas de animación?

Porque había una oportunidad, porque se podía hacer y ¿por qué no intentarlo? En España está casi todo por hacer. En Estados Unidos tienes que ser un especialista y hay competencia por todos los lados, pero aquí hay poco y muchas zonas casi vírgenes para trabajar en ellas. Además, los videojuegos y las películas de animación son mundos lejanos y cercanos al mismo tiempo. La tecnología y la visualización de la película de animación tiene mucho que ver con los videojuegos.

¿No le dio vértigo embarcarse en un estudio de animación y una película de presupuesto millonario?

Se necesita un punto de inconsciencia y arrogancia para subir cualquier montaña. Sobre todo, porque desde lejos parece más accesible. Pero, cuando estás por la mitad, las subidas son muy duras. Cualquier proyecto de esta ambición pasa por momentos muy críticos, muchas noches sin dormir y días sin comer, pero la ventaja que tiene estar ya en marcha es que no puedes volver atrás. Cuando te enfrentas a proyectos muy duros, la sensación de tirar la toalla la tienes todos los días, y esa es la parte más dura del emprendedor.

Pero el éxito reconforta. ¿Se esperaban la acogida de Planet 51?

No es que te lo esperes, pero, si no tienes un éxito mínimo en proyectos tan grandes, te das una torta importante. Luego, si va bien, la satisfacción del éxito es muy grande. Pero, en mi caso, busco otra cosa. Cuando uno ha hecho el esfuerzo y cree que lo ha hecho bien, la satisfacción viene de la propia capacidad de desarrollar algo, aunque fracase. Fue un proyecto titánico, más allá de lo económico. Montar un estudio, aprender a hacer películas y tener la capacidad de hacer una de esta envergadura... Eso es un éxito en sí mismo, y la gente no lo reconoce. Yo estoy muy satisfecho porque era casi imposible.

Cada vez los cines cuentan con menos espectadores, ¿era el momento de crear un estudio?

Empresarialmente no tiene ningún sentido, porque es un mercado muy maduro. Pero, como país, tiene todo el sentido del mundo, porque España es probablemente el país con más talento bruto en animación. La herencia y la tradición está ahí. Goya, Picasso, Dalí, Velázquez, Murillo... No es un tema genético, es ver lo que hay en tu entorno. La influencia visual es inmensa. Es un campo donde tenemos un potencial bestial si somos capaces de industrializarlo.

Se atrevería a decir que con su película ha cambiado el mundo audiovisual en España?

No. ¡Ya quisiera yo! No, porque estamos muy solos. En España los poquitos que se dedican a esto no son suficientes para cambiar. Hace falta muchas más energía. El gran problema de España es que partes de cero, no hay industria digital. En los años 80 estábamos mucho mejor que hoy. Las series de animación españolas se veían en todo el mundo y había estudios de animación muy importantes donde se hacían desde David el Gnomo a Los Mosqueperros o La vuelta al mundo de Willy Fog. No se creó una industria, no se invirtió, no se creó el ecosistema. Ser industrial no es ser canalla, no es malo en sí mismo. Sacar el cine español del modelo de arte y ensayo y llevarlo al modelo industrial sería inmensamente beneficioso para todo el mundo. Y eso es perfectamente posible hacerlo sin renunciar a muchas cosas, pero hay que tener un cambio de mentalidad que es lo que hace falta en España.
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  • David SC
    (24/10/12 23:41)
    #2

    Dolset y Catalina Hoffmann, geniales. Hoy en el Gayarre ha sido brutal. Enhorabuena a los organizadores.

    Responder

  • David SC
    (24/10/12 23:21)
    #1

    Hoy en el Teatro Gayarre ha sido fantástico, genial. Enhorabuena a los organizadores. Ignacio, brutal. Me parece una persona muy honesta.

    Responder


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