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La cocina, un laboratorio emprendedor

Iker Nafarrate (drcha), alumno de 1º de Cocina del IES Ibaialde de Burlada, se dirige a los participantes del taller en el Aula de Cocina del Civican.
Iker Nafarrate (drcha), alumno de 1º de Cocina del IES Ibaialde de Burlada, se dirige a los participantes del taller en el Aula de Cocina del Civican.
EDURNE GANUZA
  • nerea alejos. Pamplona
Actualizada 12/05/2012 a las 06:00
Entraron en clase con los papeles intercambiados: los profesores se convirtieron en alumnos, y los alumnos, en profesores. Pero el 'experimento' fue aún más allá, porque la clase no transcurrió en un aula al uso, sino en una cocina que se convirtió en un laboratorio para forjar espíritus emprendedores.

Ayudados por Iker Nafarrate y Juan Carlos Iturri, -alumnos de 1º de Cocina del IES Ibaialde de Burlada-, diez profesores de diversos centros de Formación Profesional de Pamplona alimentaron su espíritu emprendedor al tiempo que realizaban dos sencillos experimentos.

"Siempre se considera que el emprendimiento es algo individual, pero es una iniciativa que ha de ser colectiva para que tenga éxito", explicó Rosa Jaso, directora de Fundación Caja Navarra y responsable del taller.
El grupo de profesores desconocía por completo en qué iba a consistir su tarea, tan sólo sabían que la experiencia iba a transcurrir en el Aula de Cocina del Civican.

En la primera parte, Iker Nafarrate y Juan Carlos Iturri les guiaron en la elaboración de un pincho a partir de dos ingredientes muy sencillos: espárragos y huevos. Un sencillo truco les permitió añadir al plato un toque de vistosidad, ya que aprendieron a preparar los huevos en forma de flor.
Naranjas 'mágicas'
Tras invertir media hora en la elaboración conjunta del pincho, repartiéndose las tareas por grupos, a continuación se les propuso un ejercicio con el que iban a sentirse aún más implicados en una tarea emprendedora.
Disponían de dos bandejas: una de naranjas y otra de mandarinas. De ellas debían elegir entre una y tres piezas, combinándolas como quisieran para elaborar un plato, pero teniendo en cuenta el coste de cada materia prima: las mandarinas, un euro; las naranjas, dos. Al plato se le podía añadir azúcar, lo que suponía un coste añadido de 50 céntimos.

Cinco minutos después, los platos ya estaban preparados. Algunos estaban presentados en rodajas y otros en gajos, y más de uno decidió decorar las piezas de fruta utilizando las mondas de piel sobrantes.
Cada uno de los platos estaba expuesto junto a una cartulina en la que se había marcado el precio de venta al público estimado por cada uno de los participantes, y que por lo general rondaba entre los 2 y 3,50 euros. Nafarrate e Iturri escogieron los dos que más les gustaron, pero tan sólo uno de ellos había incluido en el precio un pequeño margen de beneficio que le permitía hacer negocio.

"Cada uno lo habéis hecho de una manera diferente, partiendo de las mismas posibilidades y de los mismos costes. Luego, el mercado sólo ha comprado dos platos, y todos los demás los ha rechazado. Ese es el primer fracaso", les dijo Rosa Jaso.

El criterio del mercado


Entre los platos se incluyó uno que tan solo consistía en dos piezas de fruta directamente sacadas de la bandeja, sin mediar esfuerzo alguno. Sin embargo, había sido marcado con un desorbitado precio de 20 euros.
El autor del plato, Montxo Gómez, que trabaja como responsable de programación del Civican, recurrió a la magia para explicar la metáfora que se escondía detrás de ese plato que parecía obedecer a un mero afán especulativo.

Gómez sacó una baraja y pidió a Iker Nafarrete que escogiera una carta y después se la mostrara a esa misma pieza de naranja que se encontraba en el plato de 20 euros. Después le pidió que rompiera la carta, sin reparos. Nuevamente, la atención se centró en la naranja y en la posibilidad de que algo tuviese que ver con la desaparición de la carta. Acto seguido, el 'mago' Montxo decidió abrirla... Y, ante el pasmo de los asistentes, extrajo de su interior la carta que había sido roto, enrollada e impregnada del líquido de la fruta. "El producto ha sido capaz de adivinar lo que quería el mercado", sentenció.

El taller concluyó con la degustación del pincho, al que le acabaron poniendo un nombre de restaurante caro: Espárragos frescos con huevos en flor. Toda una receta para emprendedores.


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