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Obituario

Fermín Mateo Atienza, sacerdote de la Orden del Carmelo Descalzo

El Padre Fermín siempre ha sido celoso por el bien de su convento corellano, tratando de adecuarlo a la vida actual

Fermín Mateo Atienza.
Fermín Mateo Atienza.
DN
  • Diario de Navarra
Actualizada 25/02/2021 a las 08:29

El martes 23 de febrero nos dejaba un gran corellano, el Padre Fermín Mateo Atienza, nacido en 1929 y que ingresó a la edad de 15 años en la Orden del Carmelo Descalzo. Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1952 y desde entonces destinado al Cercado de Lima (Perú) hasta 1987.

En su regreso a España, el religioso fue conventual de Logroño durante 10 años, asistiendo como vicario parroquial y superior del convento de los Padre Carmelitas.

Finalmente, fue destinado al convento de su ciudad natal, Corella, en el año 2002. Ahí ha pasado sus últimos 20 años, siendo superior, vicario y ecónomo, cargo último que ejercía hasta la actualidad.

El Padre Fermín siempre ha sido celoso por el bien de su convento corellano, tratando de adecuarlo a la vida actual. Realizó grandes reformas en la Iglesia, como cambiar el suelo del templo, la nueva instalación eléctrica, restauración de todos los retablos, adecuación del oratorio, etc. Obras por las que podemos denominarlo como uno de los priores más prolíficos del convento corellano.

También podemos calificarlo como polifacético, ya que desde que llegó a Corella formó parte del Orfeón Virgen del Villar con su potente voz, así como tocando el órgano en diferentes misas, novenas, funerales, conciertos, etc. al igual que hacía en todas las celebraciones religiosas que tenían lugar en el convento.

En su faceta histórica lo podemos llamar mecenas de la casa, ya que además de las reformas citadas, clasificó el archivo. Siempre quiso dar a conocer la historia del convento (que este año cumple su 425 aniversario), recuperó objetos antiguos, sacó a la luz tres sepulturas históricas del suelo de la iglesia, etc.

En el año 2005, junto a la Madre Leonor (superiora del convento de Araceli) y un grupo de voluntarios ayudó a refundar la Asociación de Belenistas de Corella, siendo capellán de la entidad.

En la vida diaria se ocupaba de las pequeñas cosas, de que la iglesia estuviera limpia y preparada, de comprar flores para el altar, cohetes para anunciar las solemnidades, restaurar patrimonio litúrgico así como también de las cosas más profundas, pues en él siempre encontrabas una palmada en la espalda en los momentos de desánimo, con semblante serio pero corazón acogedor y bueno. Eran muchas las parejas que pedían que el Padre Fermín fuera el celebrante de sus bodas.

Al escribir estas líneas me vienen a la cabeza multitud de momentos vividos con él en estos últimos 20 años. Aquellos años cuando era yo niño e iba junto a mis padres a ver las restauraciones que realizaban en la iglesia y que el Padre Fermín me explicaba, los viajes a Vitoria para ver la exposición de belenes y la bendición de ellos por las calles y multitud de recuerdos.

El Padre Fermín ha sido una persona llena de actividad hasta sus últimos momentos, pues cada mañana se levantaba a las 6:30 horas para estar puntual en el rezo de Laudes a las 6:50 horas. Iba a diario a comprar el pan, a correos y a los bancos. Asistía con frecuencia a confesar a las Madres Carmelitas de Cabretón.

Celebraba su misa diaria conventual y ayudaba en la parroquia tanto en misas como en confesiones. Fue durante bastantes años capellán de la Residencia de Ancianos - Hogar San José, donde celebraba a diario la misa de 11 horas. Era quien, durante años, celebraba la misa cada 30 de noviembre en el cementerio y el que lanzaba los cohetes para la novena y fiesta de la Virgen del Carmen. A su vez, llevaba las cuentas del convento, utilizaba el ordenador, impresora y medios actuales, pues le gustaba estar al día con las tecnologías.

Poco a poco ha ido apagándose, celebrando su última misa el pasado 24 de diciembre y tocando el órgano en la Misa del Gallo, hasta llegar el día en que nos ha dejado, a los 92 años bien vividos y al cumplir casi 70 años de sacerdocio.

El Padre Fermín se nos ha ido, pero su historia, labor y su memoria quedarán vivas por generaciones en nuestra ciudad de Corella, ya que el reflejo de su labor lo podemos ver en la iglesia conventual de Nuestra Señora del Carmen.

Así pues, ¡gracias por tanto, Padre Fermín! Descansa en paz y ayúdanos desde ahí arriba.

Andrés J. Sanz Fernández es investigador e historiador de Corella


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