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Obituarios

Emilio Sanz Osácar, fundador del Club Coronario de Pamplona

Tras sufrir un problema de corazón, Emilio Sanz fundó en junio de 1991 el Club Coronario Pamplona para la rehabilitación de personas con problemas cardíacos

Foto de Emilio Sanz Osácar.
Emilio Sanz Osácar.
  • Jesús María Barrientos
Actualizada 23/02/2021 a las 08:54

Conocí a Emilio en los Sanfermines de 1976 en la calle Estafeta, donde regentaba un restaurante de comida rápida. Como Emilio tenía gran amistad con mi padre, me permitió tomar algunas imágenes del Encierro con mi cámara Super8 desde el balcón de su restaurante para un documental sobre los Sanfermines. Tres años más tarde le regalé una copia de mi película de los Sanfermines.

Desde entonces hemos mantenido una amistad muy agradable y fructífera. Nos encontrábamos no solo en julio, sino también en otoño durante nuestras estancias en dos lugares paradisíacos de Urraúl Alto: el Raso de Areta y Rosalanda, ambos situados entre los montes Baigura y Erremendía. Durante muchos años hemos seguido reuniéndonos allí con amigos de Ayechu, Elcoaz y Huarte para disfrutar del paisaje, recoger setas y degustar los deliciosos platos que Emilio nos preparaba en la cabaña de cazadores. Emilió creció, como él solía comentar, en la cocina del Restaurante Bearán, propiedad de sus padres, en la calle San Nicolás de Pamplona. Allí aprendió el arte de la cocina y el cuidado de las personas.

Emilio, un hombre prudente y discreto, sabía moverse no solo en la cocina, sino en todo lo que emprendía. Así, era un buen gestor que poseía el don de reunirse con personas responsables con las que desarrollaba sus innumerables ideas. En 1967 intervino en la constitución de la empresa Publicidad Tecna. Con su fiel e inseparable amigo Francisco Lapeña recorrió Navarra promocionando muchas marcas en eventos deportivos.

A finales de la década de 1980, Emilio tuvo un problema de corazón y su médico le recomendó que hiciera actividad física. Así que, como buen emprendedor y al mismo tiempo con la idea de ayudar a personas como él con enfermedades cardiovasculares, se le ocurrió fundar un círculo donde los enfermos con cardiopatías pudieran reunirse para hacer gimnasia aplicada e intercambiar opiniones. De manera que, con la ayuda de su familia, del doctor Pedro Sanz, 40 cardiópatas y algunas subvenciones, fundó en junio de 1991 el Club Coronario Pamplona para la rehabilitación de personas con problemas cardíacos.

Al año siguiente, el equipo de cardiología del Hospital de Navarra, liderado por su jefe, el doctor Enrique Los Arcos, participó en el proyecto e invitó a quienes habían sufrido un incidente cardíaco a unirse al grupo de Coronarios. Desde entonces, Emilio, como miembro y coordinador de las actividades del Club Coronario, y el doctor Enrique Los Arcos han organizado durante muchos años, a finales de septiembre, la Semana del Corazón, con el patrocinio del Ayuntamiento de Pamplona. Asimismo, Emilio era miembro de la Junta de la Asociación Cabalgata de Reyes Magos de Pamplona.

Tras el hermanamiento de Pamplona y Paderborn, Emilio fue confundador de la Sociedad Hispano-Alemana del Norte de España, con sede en Pamplona. Años más tarde, durante una de nuestras estancias en Urraúl Alto, me propuso hermanar el Club Coronario de Pamplona con su homólogo de Paderborn. A mi regreso a Paderborn, contacté con el Club Coronario de esta ciudad, con el resultado de que al año siguiente, durante una visita a Pamplona de la directiva de la Asociación de Paderborn, se selló la confraternización de ambas asociaciones ante la presencia de las autoridades del consistorio pamplonés. Emilio no pudo acudir a la visita de vuelta a Paderborn porque su médico le aconsejó no viajar en avión. Aunque colaboró en un fructífero hermanamiento de ciudades, nunca visitó Paderborn, ciudad en la que se pueden admirar obras en miniatura patrocinadas por Publicidad Tecna, reproduciones que Emilio encargó al artista Carlos Ciriza, como el monumento al Peregrino en la cima del monte de Erreniega y una muestra de la barandilla del parque de la Media Luna de Pamplona.

En su finca La Cárcava, junto al río Arga, Emilio se reunía casi todos los fines de semana con su querida familia y amigos. Tengo muy buenos recuerdos de las visitas que hice con mi familia a esta acogedora finca, donde todo esta marcado por la atención que la familia Sanz presta a sus huéspedes. Una de sus aficiones, además de cocinar, era pintar cuadros. Sus tres hijos, su esposa Esperanza y otros familiares le apoyaron en su trabajo y en su enfermedad. Ahora Emilio ha fallecido en su ciudad, Pamplona, a la edad de 81 años.

Gracias, amigo, por tu amistad, ayuda, compañía y consejos. Siempre tendrás un lugar especial en mis recuerdos y en mi corazón.

El autor es amigo del fallecido.


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