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El baztanés que blanqueaba dinero de los nazis, y las historias de otros navarros en los papeles de la CIA

Los múltiples ojos de la CIA también miraban a Navarra. Los documentos hechos públicos por la agencia de espionaje americana revelan qué le interesaba a Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX de este rincón del mundo

El emblema de la CIA.

El emblema de la CIA.

21/01/2017 a las 06:00

El despliegue de unidades militares en los años cuarenta, los conflictos sociales y laborales desde los años cincuenta y el terrorismo a partir de los años setenta constituyeron los principales puntos de interés de la CIA en relación con Navarra conforme avanzaba el siglo XX, según se puede deducir del material, 800.000 documentos y trece millones de páginas, que la Agencia Central de Inteligencia estadounidense publicó en internet el pasado miércoles.

 

DESPLIEGUE DE TROPAS


El primero de los papeles en los que aparece Navarra es, en realidad, anterior a la creación de la CIA, en septiembre de 1947. Lleva fecha del 22 de abril de ese año y está firmado por el Grupo Central de Inteligencia. Se trata de una relación de la situación de algunas unidades del Ejército español en esas fechas, que dan cuenta de la importancia del despliegue realizado cerca de la frontera francesa: el 22 batallón de montaña Sicilia se había desplegado en Elizondo; el 23 batallón Legazpi, en Urdax; el 39, en Errazu; parte de los regimientos Flandes y San Quintín, en Bera y Eugi; y el 24 regimiento de Artillería de Montaña en Oronoz.

 

HUELGAS EN LOS 50


En los años cincuenta, la mirada gira hacia los problemas sociales. En 1951 se produjo una huelga general en Pamplona, la primera desde el final de la Guerra Civil. El informe diario del 10 de mayo se refiere a ella, bajo el título La última huelga, marcada por la brutalidad policial y explica, citando informaciones de prensa, que la huelga mantenía paralizada la industria y buena parte del comercio “a pesar de las amenazas de graves sanciones por parte del gobernador civil para todos los que no volvieran al trabajo”. La CIA llamaba la atención sobre el hecho de que “en un contraste notable con las huelgas de Bilbao y San Sebastián durante la última semana de abril, esta última protesta popular a gran escala contra el alza de los precios y la mala gestión del gobierno desencadenó varios incidentes en los que la policía reaccionó violentamente y supuestamente disparó directamente contra una marcha de manifestantes, hiriendo a cinco de ellos”.


El comentario de los analistas señala que, como Pamplona no es “un gran centro industrial”, la protesta no era tan significativa como las de Bilbao o Barcelona. “Sin embargo, indica un amplio descontento de los trabajadores contra el aumento del coste de la vida y un ambiente de rebeldía popular contra la mala administración oficial y la corrupción”, afirmaba.


En el Current Intelligence Bulletin del 26 de abril de 1956, una nota titulada Se deteriora la situación de las huelgas en el norte de España decía que las huelgas laborales en Bilbao habían llevado al cierre de factorías y al despido de 25.000 trabajadores. El cierre de fábricas no evitaría incidentes “especialmente ya que se rumorea que se está gestando otra huelga en Pamplona, donde los trabajadores sienten que se les ha engañado para que vuelvan a sus puestos de trabajo”.


Un informe del 22 de enero de 1975, que llevaba por título Se suaviza la tensión laboral en España resaltaba que eso era cierto en todo el país excepto en “la ciudad vasca de Pamplona, donde el conflicto laboral adquiere tintes dramáticos por el encierro de un centenar de trabajadores en el fondo del pozo de una mina de potasas, una manifestación que ya cumple el décimo sexto día”.


Los analistas de la CIA explicaban a los destinatarios del informe que “la extremista Organización Revolucionaria de Trabajadores, un grupo obrero influido por los jesuitas, es el principal sindicato clandestino detrás de esta protesta. Ha utilizado en el pasado las huelgas para promover las doctrina de justicia social de la iglesia”. El texto continúa analizando la participación de la iglesia que había “animado .a los huelguistas en toda España”, y destacaba que recientemente “veinte sacerdotes y seminaristas han protagonizado una huelga de hambre en el palacio arzobispal de Pamplona”, y que el arzobispo, entonces José Mendez Asensio, había publicado un comunicado en apoyo de las demandas de los trabajadores.


Unos meses después, en febrero de 1975, otra nota hacía también referencia a la influencia de la Iglesia en las movilizaciones y a que se habían impuesto “duras multas” a “una docena de sacerdotes por su supuesta participación en la reciente agitación obrera”.

 

EL TERRORISMO DE ETA


Desde finales de los 70, muchas de las referencias a Navarra son textos de tres o cuatro líneas en los que se relata un atentado de ETA dentro de la cronología del terrorismo en el mundo o en Europa en ese periodo.


En algunos casos, como en el National Intellligence Daily Cable del 19 de diciembre de 1977, se extiende algo más, para hablar de las consecuencias políticas del asesinato, a finales de noviembre de Jesús Imaz, comandante de la Policía Armada de Pamplona, “el primer oficial del Ejército regular asesinado por los terroristas vascos”, destacaba el documento.


Los sangrientos Sanfermines de 1978 aparecen de forma oblicua en un informe titulado Que se vayan! (Security Aspects of the Basque Problem), fechado el 31 de agosto de ese año. En él atribuyen la violencia vivida en el mes de julio a la “salvaje sobrerreacción de unidades de la Policía Armada en Pamplona a provocaciones de radicales vascos”, en la única referencia a la carga policial en la Plaza de Toros.


Quizás lo más llamativo de ese informe, de ocho páginas y dedicado sobre todo al establecimiento de una policía autonómica, es una insospechada finura de su análisis: “Una fuerza regional de policía no apaciguará a ETA más de lo que lo han hecho las amnistías pasadas o la concesión de autonomía política. Los terroristas no se conformarán con nada menos que una Euskadi marxista independiente; incluso una región autónoma gobernada por los nacionalistas vascos moderados (....) sería dañina para los fines de ETA. Para los vascos, por lo tanto, la decisión es cada vez más evidente conforme el gobierno se acerca a un modus vivendi con los nacionalistas: deben estar con ETA o contra ella”.

 

El baztanés que blanqueaba dinero de los nazis

 

Aunque la mayor parte de la información que recoge la CIA sobre Navarra es más o menos públicas, un informe de 1947 sí cuenta una pequeña novela de espías. La nota recoge que fuentes británicas habían proporcionado información de un baztanés que “en febrero de 1945 estaba implicado en organizar la huida de agentes alemanes a Francia y desde Francia”. Según el documento de la CIA, “se informa de que tiene autorización del gobierno español para introducir en España película sin usar y tiene también un pasaporte para ir a Argentina a comprar mulas y caballos”. “Cruzó la frontera legalmente en enero de 1946 vía Irún-Hendaya durante algunas horas, antes de que se cerrara el 28 de febrero de 1946. Se dice que fue a París para recoger una entrega de importantes perlas japonesas, y que esas perlas fueron enviadas de contrabando desde Alemania a España”, sigue el informe. El baztanés estaba siendo vigilado: “En enero de 1946, compró una casa en Elizondo por 450.000 pesetas; puede bien ser un caso de ocultación de capital alemán. Ha estado activo de nuevo pasando oro y personas de contrabando a través de los Pirineos”. Además, “su nombre fue incluido en una lista de personas que han firmado pólizas de seguro de vida con La Vasco Navarra. Estas pólizas se guardan en un archivo secreto y se cree que ocultan intereses alemanes”. Los espías ingleses informaban a los americanos que en mayo de 1946 estaba “organizando una nueva línea clandestina desde Francia a España a través de la República de Andorra” y alertaban de que tenía previsto viajar a Argentina en ese año de 1947.

 

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