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Entrevista
Miguel Ballenilla

“Al Daesh se le puede derrotar militarmente, pero no existe una solución militar a un conflicto”

Con la guerra de Siria y los refugiados en el foco de la actualidad, su formación militar y su experiencia le convierten en candidato apetecible para foros y tertulias

Miguel Ballenilla Y García.

Miguel Ballenilla Y García.

30/12/2016 a las 06:00
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LAS ENTREVISTAS DEL AÑO
Una selección de las principales entrevistas publicadas a lo largo de este año que se acaba en el suplemento La Semana de Diario de Navarra. Diálogos que aportan interés humano, nuevos enfoques a los grandes problemas y reflexiones sobre los  temas de actualidad de 2016.

 

E L 19 de diciembre de 2014, Miguel Ballenilla estrenó mando de coronel al frente del Regimiento de Cazadores de Montaña América 66 del Ejército de Tierra: una dotación de “medio millar” de soldados, con base en el acuartelamiento de Aizoáin, a escasos kilómetros de Pamplona. El regimiento fue creado por el rey Carlos III en 1764 para reforzar las tropas españolas en el Virreinato de Nueva España (hoy, México). Desde 1876, finiquitada la II guerra carlista, su plana mayor se instaló en Navarra. Ballenilla es el 88º jefe al mando. En el cuartel de Aizoáin, donde se trasladaron en 1968, las escaleras que llevan a su despacho, y al piso superior , están empapeladas con los retratos de medio centenar de sus predecesores en estos 251 años. Bajo la vidriera principal, que luce el escudo del Regimiento, descansa un detallado mapa de ‘Nueva España’ cartografiado a mano por uno de sus primeros y más afamados generales, José de Urrutia, de cuyo retrato hecho por Goya guardan una copia exacta en un salón del acuartelamiento. El mando de la plaza tiene caducidad: dos años. Bien lo sabe este alicantino, hijo, nieto y descendiente de militares -“salvo un bisabuelo que era conductor de tranvías”- que ha rastreado la genealogía del apellido paterno hasta una familia de campaneros del siglo XVII en Santander. De los seis hermanos (tres varones y tres mujeres) él es el único que continúa con la tradición militar. En su caso, además, suma el “venenillo” de la Historia, sobre todo la historia del Arte, que le llevó a sacarse el doctorado en la Universidad de Almería.

Además de su conocimiento militar, ¿su interés por la historia le aporta una visión diferente de las cosas?

La historia te da siempre una visión mucho más amplia de los problemas. Todo tiene unos antecedentes, una circunstancias. Avanzamos gracias a las ciencias, a la tecnología, pero las humanidades son prioritarias: el derecho, la historia, la sociología... Por eso, la carrera militar es muy bonita, porque es un equilibrio entre la formación científica y la humanística. Tenga en cuenta que mandamos hombres. Y en conflictos nos relacionamos con hombres: con sus pasiones, sus emociones, sus intereses. Que la gente que lideras sea capaz, en un momento dado, de jugarse la vida, no es por que piensen que sabes mucha táctica, sino porque creen que eres una persona en la que pueden depositar su confianza.

¿En cuántas misiones internacionales ha estado? ¿Fue voluntario o movilizado?

Por orden de participación, en Bosnia, en 1992; Irak, en 2004; Líbano, en 2007 y Afganistán, en 2010. Siempre se habla de voluntariedad, pero es que es mi trabajo. No es una opción. Va mi unidad y yo voy con ella. Íbamos seis meses y nos relevábamos. La misión principal era proteger los convoyes de ACNUR que iban desde Split hasta Sarajevo por la ‘carretera de la muerte’.

¿Qué le impactó de aquella misión?

Chavales que estaban en la Universidad, haciendo sus estudios de Medicina y tal... y llegaban los viernes, cogían un kalashnikov y se iban, los de uno y los de otro, a la línea de Mostar a participar en la guerra. Y el domingo se volvían a los estudios.

¿Ha matado usted gente?

Yo, directamente, no. Pero puedo haber dado órdenes que han ocasionado bajas.

¿Algún conflicto moral con ello?

¡Hombre! No te hace gracia. Pero es una cuestión de órdenes y supervivencia.

Recientemente, en una mesa redonda sobre Siria organizada por la UPNA en Pamplona, usted descartaba la intervención en Siria. Choca que eso lo diga un militar.

¡Hombre! Es como si un médico dice vamos a infectar a todos de cáncer para que yo pueda operar. Los militares no generamos las guerras. Son otros. Y más en este mundo donde, desafortunadamente, los enfrentamientos no se producen entre ejércitos organizados que responden a convenios de Ginebra. ¡Fíjese en la crueldad con que se están enfrentando facciones en Siria! El derecho humanitario internacional y derecho de guerra se está perdiendo. Hemos vuelto a la época medieval.

¿Ha cambiado la forma de guerra?

Sí. Para empezar, no son ejércitos regulares. Y no responden a sociedades democráticas donde los ejércitos están fiscalizados. Los medios de comunicación son testigos de sus actuaciones. Si cae una bomba donde no tiene que caer , o si se emplean procedimientos como los de Abu Ghraib, ahí está la prensa para denunciarlo públicamente. Al Daesh o Boko Haram ¿quién los fiscaliza? ¿Ante qué sociedad responden?

Es que son terroristas. ¿El papel del ejército hoy es combatir el terrorismo global?

A ver. Volviendo a Siria, la pregunta que me hicieron fue muy genérica. ¿Intervención armada? Oiga, no. Usted me tiene que decir antes qué es lo que perseguimos y ver si la herramienta, el bisturí con que intervenimos, sirve para eso, o no. ¿Qué está haciendo ahora el ejército español? Formar al ejército iraquí, a petición de las autoridades iraquíes, para combatir al Daesh. Eso ya es una intervención militar.

Pero indirecta y no sé bien si muy efectiva. También EE UU formó a rebeldes sirios y muchos se pasaron luego al Daesh.

Creo que la solución pasa porque todas las partes que se mueven en ese escenario geopolítico: Siria, Rusia, Irán... se pongan de acuerdo. ¿Estamos de acuerdo en que el Daesh es el enemigo de todos? Sí. ¿Se le puede derrotar militarmente? Sí.

¿Sí? Será sobre el terreno, pero no en su gestación: las redes sociales, la radicalización ideológica, la yihad...

Es que los conflictos son poliédricos. Todas las guerras tienen un componente militar, un componente político, mediático, económico. No existe una solución militar a un conflicto. El uso de la fuerza puede ser parte de una posible solución que tiene muchos frentes. Y siempre conforme a la carta de Naciones Unidas.

Los países occidentales, salvo Rusia, se resisten a la intervención directa. ¿Por qué?

Porque poner soldados sobre el terreno exige un sacrificio para sus sociedades. Y ahí está de nuevo los intereses nacionales. ¿Van a admitir los ciudadanos españoles, ingleses o franceses que el Daesh pueda coger a sus soldados prisioneros y quemarlos?

Para mí que existe un temor mayor: el de atraer los atentados a casa.

Ese ya lo tienes. Eso ya es una realidad. España está en el foco de los yihadistas, porque, en el concepto yihadista más ortodoxo, un terreno que ha sido consagrado por Islam es por siempre del Islam. No hablo solo de Andalucía, sino de toda la península.

Las barreras de Europa en la acogida de refugiados contrastan con la solidaridad de países vecinos como Jordania o Líbano.

No son cosas comparables. Es indiscutible que Jordania y Líbano están haciendo un gran esfuerzo. A veces, se nos acusa a los europeos de insolidarios, pero la forma en que nosotros acogemos a esos refugiados es diferente. La diferencia es que hemos firmado los convenios de Naciones Unidas. Nosotros les damos plena ciudadanía. Es decir, tienen derecho a vivienda, a un puesto de trabajo, a seguridad social, a plaza escolar. Esa es la solidaridad europea. No queremos campamentos con refugiados solo como huéspedes con derecho a techo y comida.

Pero ¿tenemos la obligación de atenderlos?

Yo creo que sí.

¿Y cómo les permitimos que vengan?

Como está obrando Alemania: flujos controlados. Lo que no puede ser es la avalancha. Tiene que haber unos canales de entrada, unas identificaciones... Y el presupuesto necesario para que se integren con unos derechos de ciudadanía. Y eso supone unos costes económicos enormes. Alemania tiene estimado que un refugiado adulto exige un gasto de 1.200 euros mensuales, aparte de los refuerzos correspondientes en escuelas y hospitales. Eso, la sociedad tiene que entenderlo. Cuando decimos ‘refugiados, bienvenidos’, debemos saber que, posiblemente, esto suponga un aumento de impuestos, más niños por aula, que las listas de espera se alarguen, porque no se pueden ampliar médicos y camas hospitalarias... Es decir, auténtica solidaridad. Renunciar a beneficios y comodidades para compartir con los que vienen.

Pero, según usted, los necesitamos.

Si en Europa queremos conservar nuestro estado de bienestar y el crecimiento económico, sí. Nuestro estado de bienestar es insostenible con el envejecimiento de la población en Europa. Necesitamos población, que vendrá de donde tiene que venir; de las zonas de mayor pobreza y menor bienestar. Así ocurrió en Estados Unidos. No creció por casualidad, sino por la riqueza que le aportó la emigración europea.

Usted, en Melilla, habrá sido testigo de esa presión migratoria económica.

Cuando yo llegué a Melilla no había frontera física, salvo una típica alambrada que se puso en los años 60 para evitar el contagio de una epidemia de cólera en Marruecos. Con el tiempo, se oxidó. Cualquiera podía cruzar. Yo he tenido legionarios que haciendo la guardia de noche se despistaban y estaban en Marruecos. A partir de 1996, la presión migratoria empezó a ser un problema y se levantó la frontera física. Una inmigración que, en Melilla, está más asociada a los subsaharianos que a los marroquíes. Éstos, de antiguo, han tenido canales de entrada más sencillos en España. Venían con visado para trabajar y se quedaban. La mayoría de población musulmana de Melilla es gente que vivía asentada allí de facto: tenderos, mujeres de la limpieza, albañiles, etc. y que regularizó en los ochenta el primer gobierno socialista.

 

 

 

 

 

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