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Una informática navarra, entre los gurús del laboratorio de Microsoft

Mar González Franco, de Etxauri y 31 años, es licenciada en informática y multimedia y doctorada en neurociencias

Foto del blog de Microsoft Research Lab con las 17 investigadoras de la compañía a las que piden predecir el futuro inmediato y a largo plazo. Destacada, Mar González Franco.

Foto del blog de Microsoft Research Lab con las 17 investigadoras de la compañía a las que piden predecir el futuro inmediato y a largo plazo. Destacada, Mar González Franco.

DAN Delong
Actualizada 04/01/2017 a las 10:20

En los países desarrollados existe un déficit de mujeres dedicadas a la informática. Se debe, dicen, a un “falso” estereotipo cultural de que los hombres son más hábiles en carreras como la informática, la física o las matemática, base científica de los avances computacionales. En la OCDE, solo un 20% de los titulados en este tipo de carreras son mujeres.


Para contrarrestar este desequilibrio, el gigante mundial Microsoft decidió que este año que la encuesta a sus investigadores sobre qué avances pronostican en el futuro inmediato (año 2017) y a largo plazo (2027) recogiera el testimonio exclusivamente de 17 mujeres que trabajan para alguno de sus centros de investigación. Entre ellas, figura sólo una española, Mar Gonzalez Franco: navarra de Etxauri de 31 años que trabaja desde febrero en el Microsoft Research Lab, ubicado en Redmond (Estados Unidos).


Sin entrar en el territorio de lo imaginario, sino en el devenir más que probable de sus respectivos campos de investigación, estas 17 mujeres cuentan en el blog corporativo de Microsoft sus pronósticos a corto y largo plazo para el área que dominan. En el caso de la navarra, es la realidad virtual.


Trabaja con un equipo de marcado acento internacional, que incluye un brasileño, un canadiense, un yugoslavo, dos americanos y varios chinos, bajo la supervisión del chino Zhengyou Zhang, un experto en visión y gráficos por ordenador que suma 20 años de investigación en realidad virtual. Desarrollan prototipos. Los presentan al vicepresidente de la compañía y éste decide si la empresa industrializa o no ese equipo.


La investigadora tiene claro por dónde irá la realidad virtual en el futuro. Para 2017, pronostica un perfeccionamiento del control de movimientos en las aplicaciones de forma que el usuario podrá “encarnarse” en su avatar virtual “con una perspectiva de estar ahí en primera persona”.


“Ahora mismo cuando tú entras en la realidad virtual eres etéreo. No tienes cuerpo. Sin embargo, en el mundo real, interactuamos siempre con nuestro cuerpo. En 2017, empezaremos a ver unos sistemas que te van a representar físicamente dentro de la realidad virtual. Vas a tener un cuerpo y vas a interactuar de una forma más natural”, explica.


“Por ejemplo, yo entraré en realidad virtual con el casco y cuando mire mi mano, porque sé dónde está exactamente, veré una mano que se mueve como la mía. Todo, síncrono, como el experimento de la mano de goma que publicó la revista Nature en 1998”, ejemplifica. “La vista y el sentido motor estarán alineados. Tu te mueves y las cosas en realidad virtual se mueven como tú te mueves”, dice.


De cara a la próxima década, pronostica que los científicos seguirán profundizando en la senda de la “integración multisensorial” de los humanos en el universo virtual. En 2027 considera que los dispositivos de realidad virtual “proporcionarán experiencias multisensoriales tan ricas que se mezclarán con la realidad que percibimos”. No solo se perfeccionarán los estímulos visuales y auditivos, sino que la realidad virtual se expandirá a otros sentidos como el tacto, dice. Esto permitirá a la gente “entrenar, recalibrar y mejorar” sus sistemas de percepción con la realidad virtual.


En esta apuesta por acrecentar la sensación de realidad de lo virtual, Mar González habla de sensaciones casi alucinatorias. “Digamos que es una alucinación momentánea, muy efímera, te lo crees por un momento, pero sigues siendo consciente de lo que es real o no. No pierdes la capacidad cognitiva superior, no es una alteración del cerebro”, tranquiliza. “Ahora la gente vive cada vez más lejos de los suyos. Una de las claves para nosotros es cómo mejoramos la experiencia de comunicación en remoto. Si entramos en la realidad virtual y las dos tenemos cuerpo, podremos vernos”.


Mar anima a leer las predicciones del resto de gurús de su compañía. “Hay economistas, biólogos, etc. Aquí trabaja gente de muchos campos. Hoy casi todas las áreas de conocimiento tienen una componente tecnológica cada vez más disruptiva. Para analizar las secuencias de ADN necesitas un ordenador, para analizar los mercados, también”.

 

Seis años investigando con prototipos de Realidad Virtual

 

 

La biografía de esta investigadora navarra está ligada a la diáspora, como tantos en su generación. “En España, la realidad virtual no existe” como campo científico. Natural de Etxauri, donde reside su familia. Su madre, Maria Teresa, y su padre, Adrián, médico y veterinario, respectivamente. Y su amatxi Pochecha que fue quien le inculcó las ansías por salir fuera a estudiar idiomas. Tiene dos hermanos, Elisa, triatleta, y Eki.


Nacida el 19 de septiembre de 1985, Mar fue alumna del colegio público de Orkoien y más tarde del IES Caro Baroja. Con 17 años, tras superar la Selectividad, Mar no tenía claro hacia qué campo profesional decantarse. Así que se tomó un “año sabático” y se fue de intercambio a un pueblo de las montañas de Austria para aprender alemán alojada con una familia.“Recomiendo salir tan joven. Te ayuda a madurar” explica.


Ella, particularmente, ya había perfeccionado el inglés con sendas estancias de verano en Irlanda y Canadá. Por su experiencia internacional, rompe una lanza en favor de los estudiantes españoles. “El nivel de inglés en los colegios públicos de España no es tan bajo como se dice. No dominas el oral, pero es una buena base para salir fuera. Recomiendo que se animen”, alienta.


Personalmente, ella, de Austria, volvió con una orientación clara: estudiar una ingeniería multimedia. “En ese momento no era una carrera homologada. Y lo más parecido que encontré fue una doble titulación en la Ramón Llull, de Barcelona, entre informática y multimedia: tratamiento digital de imagen, de sonido, renderización: gráficos por ordenador en tiempo real, etc”. Allí se licenció en 2008.


Hizo un master en Ingeniería biomédica, a caballo entre la Universidad de Barcelona y la china de Tsinghua (“como el Harvard de la China”) y un doctorado en Tratamiento de Señales Cerebrales en el University College en Londres que dirigió su profesor Mel Slater desde Barcelona y que incluyó una parte de estancia en el MIT de Bostón. Luego, añadió un posdoctorado con el grupo de Mel Slater pero ya en Londres en el EVENTlab.


“No dejé la universidad hasta casi los 30 años”, comenta. “En realidad, es como una especialización, al estilo de los médicos. Me pagaban por ello. Por eso digo que llevo seis años trabajando con realidad virtual”, explica esta joven investigadora. La suya es una especialización a caballo entre la informática y la neurociencia. “En mi trabajo, hago un prototipo tecnológico y miro cómo funciona y qué sensaciones produce en el usuario”.


En septiembre de 2014 la contrató el grupo aeronáutico Airbus para montar una laboratorio de Realidad Virtual en su laboratorio de matemática aplicada en Reino Unido. Ahí trabajó un año, hasta que se vino a Madrid, donde reside su marido, para trabajar para una start up, Traity, que elabora un agregador de reputación on line, un ‘pasaporte’ con la huella que dejas en tus transacciones en las redes: Airbnb, Blablacar, etc. Se fue “con pena” a los seis meses, porque la llamaron del laboratorio de Microsoft.


Allí ya tenían referencias suyas por unas practicas de verano (summer internship) de tres meses que hizo en 2013. “Las prácticas en Microsoft son como una entrevista larga. Les gustas, pero todavía eres joven, tienes que formarte. Te van haciendo un seguimiento. Y de repente, un día, ven que estás en un laboratorio y te llaman”, comenta esta estrategia de cazatalentos al estilo de los ojeadores del fútbol. “Es un honor trabajar aquí. Somos mil científicos. Y el prestigio académico que tiene Microsoft Research es enorme. Aquí hay gurús en muchos campos. Aún me considero una investigadora junior. Y aquí siento que tengo mucho que aprender”.

 

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