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SOLIDARIDAD

Una navarra en la 'guerra del coltán'

Congo es el ‘peor país’ para ser mujer. Las violaciones son sistemáticas, sean de origen doméstico, o cometidas por colectivos armados que trafican con minerales para uso tecnológico. Repudiadas por su familia, unos pocos centros acogen a las víctimas

María Álvarez Urturi, cooperante de la Fundación Alboan, ayer en su casa de Pamplona. Esta noche interviene en un programa de “Salvados” grabado en el Congo sobre la violencia que esconde el coltán de los móviles.

María Álvarez Urturi, cooperante de la Fundación Alboan, ayer en su casa de Pamplona. Esta noche interviene en un programa de “Salvados” grabado en el Congo sobre la violencia que esconde el coltán de los móviles.

CALLEJA
Actualizada 18/11/2016 a las 10:16
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La biografía de María Álvarez Urturi, abogada pamplonesa treintañera, lleva 9 años vinculada al Congo. Seis de ellos, vivió allí como cooperante. Y desde 2014 coordina, con base en Pamplona, los proyectos de Fundación Alboan, la oenegé de los jesuitas, en el país africano. Cada tres o cuatro meses, rota con otros dos compañeros, sus viajes al continente negro.


Hace dos años, Alboan puso en marcha en España la campaña internacional “Tecnología libre de conflictos”. A través de ella, varias oenegés europeas buscan concienciar de la violencia que sufren millones de congoleños por la intervención constante de grupos armados, involucrados en la extracción y tráfico ilegal de minerales, por el control del territorio. Una violencia que se traduce en matanzas de hombres de otras comunidades, la violación colectiva de mujeres como “arma de guerra” y el secuestro de niños para convertirlos en soldados. Y que está íntimamente ligada con el uso de nuestros móviles, ordenadores y tablets.


La web tecnologialibredeconflictos.org deshilvana este ‘hilo invisible’ que vincula la violencia por el control de las minas del Congo y el consumo de tecnología en Europa. La campaña, que busca de un consumo responsable de la tecnología, incluye material didáctico gratuito para alumnos de la ESO. En Navarra, 20 colegios la secundan. “¿Por qué tenemos que cambiar de móvil cada año?”, se cuestiona.

 

EL COLTÁN Y LA VIOLENCIA


El coltán es un mineral del que se obtiene el tantalio, necesario para el funcionamiento de móviles y ordenadores. El 80% de las reservas mundiales de este cotizado mineral están en el Congo. La dimensión del país (4,5 veces España); la extensión de la jungla (70% del territorio) y la falta de redes viarias que liguen la capital, Kinsasa, con el este del país, han convertido la región de Kivu Norte, fronteriza con Burundi, Ruanda y Uganda, en terreno abonado para el crimen y la impunidad.


Con una superficie tan grande como Francia, pero tan solo 5 millones de habitantes, el ejercito y los grupos armados de distinto pelaje y afinidad étnica campan a sus anchas, ante la pasividad de los cascos azules. “No hay frontera física”, explica María. “Ruanda, por ejemplo, es el principal exportador de coltán del mundo y no tiene ni un gramo en su suelo. Los tutsis de allí apoyan a a grupos étnicos afines en Congo. Los ugadeses, con la Lord Resistance Army, también están sacando tajada. Como las fuerzas armadas congoleñas no tienen capacidad para proteger el territorio, las comunidades han creado sus propios grupos de autodefensa: los maimai. Y todos cometen violaciones sistemáticas”, afirma.


“Oficialmente, hay veinte grupos armados en Kivu Norte. Extraoficialmente, se habla de sesenta”, comenta esta cooperante en un país donde todas las cifras deben ponerse en cuarentena. “En ese juego de poder entre grupos y etnias, violar a las mujeres del otro se convierte en un arma de guerra, lo que añade si cabe otro grado más de crueldad”, explica María. Calculan que hay un millón de desplazados internos.


“Si te violan, tu marido te repudia. La excusa que ponen es que no has preservado el honor de la familia”, relata. Pocas mujeres denuncian. “La violación solo se dice si ha sido colectiva o en presencia de otra gente” explica, aunque a veces hay daños físicos o contagio de enfermedades que hacen imposible ocultarla. “Tampoco hay donde denunciar” en un país donde “no existe ni registro civil: naces y eres ‘tú contra el mundo”, explica. “Un caso clásico es la violación doméstica; una mujer que vuelve del campo con la comida y en el camino la violan”. Otros son más crueles: grupos de 20 chicas que vuelven de clase y son retenidas durante 12 horas por un grupo armado para saciar crueles apetitos.


El pasado junio, María acompañó al periodista Jorde Évole a un centro de acogida de mujeres en Bulengo. El programa grabado se emite esta noche en La Sexta. El centro tiene 20 camas, pero atienden de forma externa a unas 150 mujeres. Solo hay tres más en la región. Los gestiona Synergie des femmes, una coordinadora de 35 pequeñas oenegés locales que dirige Justine Masika, que visita Pamplona la semana que viene.


Creada hace 15 años, algunas de sus ‘consejeras’ fueron también agredidas. La oenegé de Masika les pagó los estudios de asistencia social en Goma y una prima para vivir. Ahora se dedican a ayudar a otras víctimas. Y a la prevención y empoderamiento femenino: “se les llama embajadoras por la paz. Forman a mujeres rurales para que tomen conciencia de sus derechos. Allí, el sexo no se mitifica tanto. No hay mucho discurso sobre el amor. Se casan jóvenes. Y, aunque es un trauma innegable, se toman la violación como parte de la vida. No hay conciencia de que ni siquiera tu padre, tu vecino o un militar que pasaba por ahí te tiene que violar”, narra María.


FIRMAS PARA UNA LEY


Además de Synergie, Alboan financia otra oenegé en el Congo: el Servicio Jesuita al Refugiado, que atiende campos de desplazados en Kivu Norte. María trabajó para ellos entre 2005 y 2008. Luego vivió tres años en Kinsasa, trabajando para un programa de Naciones Unidas de lucha contra la pobreza y el medio ambiente, que le permitió recorrer todo el país.


“El Congo es caos. No hay normas, todo es corrupción, todo es supervivencia. O te engancha, o te puede. Llegó un momento que necesitaba volver”, confiesa. Desde 2014, trabaja par Alboan desde Pamplona y valora también el “activismo” que puede hacerse desde aquí. Por ejemplo, la web de la campaña recoge firmas para modificar las leyes de importación de componentes de móvil es y ordenadores en la UE. Piden una trazabilidad, una garantía de que esas piezas, manufacturadas habitualmente en Asia, no se nutren de mineral manchado de sangre del Congo.

“Una firma no cuesta y puede tener más importancia que todo lo que hacemos allí, porque se ataca la causa”.

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