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GENTE

Charlie Rivel, un gran payaso pero un pobre hombre, según su nieto Jacques

Paulina y Jacques, hija y nieto de Rivel, tras la entrevista
Paulina y Jacques, hija y nieto de Rivel, tras la entrevista
EFE
  • EFE.MADRID
Actualizada 08/10/2011 a las 18:00
Charlie Rivel fue un gran payaso, el que mejor ha "llorado" de la historia, pero José Andreu, el "civil" que había detrás de la nariz roja, fue un hombre "muy pequeño", "machista" y "malo", en especial con su única hija, la nonagenaria Paulina, a quien el Price homenajea con una exquisita exposición.

El hombre que nació el 23 de abril de 1896 en Cubellas (Barcelona) fue "siempre desconsiderado" con las mujeres, hasta el punto de que a su hija la llamaba "puttana" por salir con sus amigas tras divorciarse del danés Albert Schumann, en 1970, a pesar de que ella fue su "cara blanca", el payaso "listillo" que le ayudó con la réplica en el escenario en los últimos diez años de su vida.

Pero su mayor desprecio fue que en su testamento solo se refirió a sus tres hijos varones -Valentín, Carlos y Juan- como si Paulina (Barcelona, 1921) no hubiera existido nunca, explica a Efe su nieto de 63 años, Jacques, sin que la aludida esté presente.

Él es el "ángel de la guarda" de la que fue la amazona más "glamourosa" del siglo pasado y con ella vive desde hace cinco años en Cubellas, de donde es "muy, muy difícil" sacarla.

Por eso, hijo y madre se admiran mutuamente de haber "sobrevivido" al viaje que hicieron en coche para asistir a la inauguración de la exposición que, a través de ella, recorre un siglo de circo protagonizado por las familias Rivel y Schumann.

"En mi vida he sido acróbata, equilibrista, bailarina, música y amazona. Soy de la vieja escuela y, desde muy pequeña, -debutó con 6 años imitando a Josephine Baker- aprendí a hacer de todo de mi padre y de mi madre (Carmen Bustos)", resumió con su peculiar español, uno de los siete idiomas que habla, la homenajeada.

Esta diminuta mujer, de 1,60 metros de estatura y 48 kilos, dice, aunque admitió que ha "encogido" mucho "últimamente", no oculta sus 90 años aunque todo en ella, desde su tensa piel a su juvenil melena, hace pensar que tiene, como mínimo, 20 menos.

"Me cuido", resolvió coqueta a pesar de que acaba de superar una grave pulmonía, que no ve nada por un ojo y que ha perdido casi el 90 por ciento de audición.

Le gusta contar que cuando se incorporó por su matrimonio con Albert al circo de los Schumann, la "troupe" estable europea más prestigiosa dedicada a los caballos, estaba todo "muy anticuado".

"Inventé unas acrobacias y coreografías con música inspiradas en películas como 'Gigi' o 'My fair lady' y la gente se volvió loca. Me vestía como una princesa. Refiné todo y aunque lo criticaron diciendo que aquello no era circo, al público le entusiasmaba", rememoró feliz.

Los Shumann, asegura Paulina, "eran lo mejor del mundo y como no había televisión ni películas, la gente iba mucho al circo. Yo ahora ya no soy importante, aunque lo fui mucho", presumió de nuevo, admirada de que los periodistas le estén "dando tanto la lata".

Se retiró a la muerte de su padre, en 1983, y lo hizo contenta porque ya se cansaba mucho. "Tengo la espalda torcida por haber cabalgado tanto, aunque eso también me dio buenos músculos, que son los que me aguantan ahora" y se reía mientras se palmeaba orgullosa el abdomen.

En una entrevista posterior, Schumann, que hasta los 20 años trabajó en el circo para dedicarse luego a ayudar a los jóvenes en los centros de acogida y a estudiar psicología, reveló que muchos de los achaques de su madre se deben a "la exigencia despótica" de su padre -fallecido en 2001-, que la llevaba siempre al límite.

"A mí no me gustaba ni él ni aquel ambiente, porque era muy autoritario", aclaró Jacques, cuyo hermano, Benny, se dedica en Estados Unidos al circo.

Charlie Rivel, aseguró, era de una generación anterior a la de su padre "y, por ello, más autoritario, mas limitado y primario. Las chicas para él no eran nada. Era muy machista y muy malo en todos los sentidos, pegaba a sus hijos, e incluso a mí, con el cinturón, aunque fue un profesional de una gran inteligencia y talento".

"Los Rivel eran un familia estúpida y destructiva, aunque los Schumman tampoco eran muy inteligentes. Yo no soy ni Rivel ni Schumann, soy Jacques", zanjó.


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