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ABLACIÓN FEMENINA

Unos 140 millones de mujeres y niñas sufrieron mutilación genital femenina

  • La navarra Adriana Ciriza, delegada de Cruz Roja, ha participado en un proyecto de sensibilización contra esta práctica en Mali

Una mujer y sus hijas en Cambadju (Guinea Bisau). El pueblo es el primero en el país que ha renunciado a practicar la ablación genital.

Una mujer y sus hijas en Cambadju (Guinea Bisau). El pueblo es el primero en el país que ha renunciado a practicar la ablación genital.

EFE
Actualizada 06/02/2016 a las 12:07
  • EUROPA PRESS.PAMPLONA
Más de 140 millones de mujeres y niñas han sufrido la ablación de clítoris o mutilación genital femenina, expresión oficial utilizada para referirse a esta práctica por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Una práctica que consiste en la eliminación de tejido de cualquier parte de los genitales femeninos por razones culturales, religiosas o cualquier otra razón no médica que ha afectado a más de 92 millones de mujeres y niñas en África, y que tiene graves consecuencias ginecológicas, obstétricas y psicosociales, alerta en un comunicado Cruz Roja Navarra.

Aunque se concentra principalmente en 29 países de África y de Oriente Medio, la ablación es un problema universal y se practica en algunos países de Asia y América Latina. Además persiste también en las poblaciones emigrantes que viven en Europa Occidental, Norte América, Australia y Nueva Zelanda.

Uno de los países con mayor índice de prevalencia de la escisión es Malí, donde la tasa se sitúa en el 85%. En las regiones malienses en que trabaja Cruz Roja Española, Ségou y Kayes, la cifra es aún mayor, 92,2% y un 98%, respectivamente. Desde el año 2000, Cruz Roja Española en colaboración con la Cruz Roja de Malí desarrolla en estas dos regiones actividades dirigidas a informar y sensibilizar a nivel comunitario de los riesgos que se generan, a fin de que se abandone esta práctica y para mejorar la salud y condiciones de vida de las mujeres y niñas víctimas de graves secuelas físicas y psicológicas de la ablación.

Una de las personas que ha participado en este proyecto ha sido la navarra Adriana Ciriza, delegada de Cruz Roja en Mali hasta marzo de 2015. Ciriza afirma que la ablación "refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada, y constituye una forma extrema de discriminación contra mujeres y niñas". "La práctica viola sus derechos a la Salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometidas a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte", continua.

Según Adriana Ciriza, la mutilación genital es muy difícil de erradicar porque "en Malí es algo asumido, algo normal que te toca por ser mujer". "La mayor parte de los hombres no quieren casarse con mujeres que no estén mutiladas. Afortunadamente esta situación empieza a cambiar", recalca.

La mutilación se lleva a cabo por las mujeres mayores de las comunidades, que han heredado ese papel de sus antecesoras y que "generalmente no tienen ninguna preparación y lo hacen sin precauciones higiénicas, ni siquiera esterilizan el material que utilizan. Esto supone que las niñas puedan morir por infecciones posteriores, e incluso en muchos casos contraer el VIH/SIDA", alerta la delegada de Cruz Roja.

La ONG recuerda que hablar de esta práctica "era casi imposible por ser un tema tabú" cuando comenzaron su labor, aunque "hoy en día hay bastantes organizaciones que trabajan en la lucha contra la mutilación. Además, el Gobierno tiene un Plan Nacional de Lucha contra la Escisión y tratan de coordinar el trabajo de todos los actores implicados", asegura Adriana Ciriza. "Se trabaja con líderes comunitarios, personal sociosanitario, profesores y las organizaciones comunitarias de base a través de distintos módulos de formación y de sensibilización en los que las mujeres participan activamente, con independencia de haber sido o no víctimas de la mutilación genital", añade.

La intervención en Malí, apoyada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), se centra además en prestar asistencia sanitaria y psicosocial a las mujeres y niñas, que tienen complicaciones después de haber sido sometidas a la escisión.
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