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ciencia

Los humanos responsables de la sexta gran extinción

  • La actividad humana multiplica por 56 la tasa de desaparición de especies

Dos cisnes negros se cortejan
Dos cisnes negros se cortejan
zgzoo.com
  • colpisa. madrid
Actualizada 20/06/2015 a las 06:00
La tasa de extinción de la actualidad puede ser más de cincuenta veces superior a la normal y la más alta desde hace 65 millones de años, cuando desaparecieron tres de cada cuatro especies y casi todos los dinosaurios. Esta vez, la causa principal no es el impacto de un meteorito sino la acción humana. Y según un grupo de investigadores que ha calculado el ritmo al que retrocede la biodiversidad en el presente, son los primeros pasos de la sexta gran extinción a la que se enfrenta la vida en la Tierra.

"Hace unos años se calculó que la tasa de extinción normal durante los últimos dos millones de años, al menos entre mamíferos, era que se perdieran, cada cien años, dos especies de cada diez mil", explica Gerardo Ceballos, investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y coautor del trabajo. "Pero nosotros calculamos la que existe en la actualidad, siempre desde un punto de vista conservador, y vimos que puede ser hasta 114 veces más elevada". En promedio, entre todas las clases de seres vivos, recalca, sus datos más cautelosos la sitúan en 56 veces mayor que la habitual. Es decir, cada siglo desaparecen 112 especies de cada 10.000. Y la tasa crece con cada década que pasa. "La magnitud de lo que está ocurriendo es enorme. Los datos nos indican que estamos ante una nueva extinción masiva; está clarísimo", recalca Ceballos. Las cinco anteriores, explica, han sido acontecimientos en los que la mayoría de las especies de la Tierra han sucumbido. En la más grave de todas, conocida popularmente como la Gran Muerte -de hace 252 millones de años-, entre el 90% y el 96% de todos los seres vivos desapareció en apenas unos cientos de miles de años -apenas un pestañeo a escala geológica-. En la más reciente, hace 65 millones de años, la mortandad no fue tan elevada -se calcula superior al 70%- pero dio fin a la era de los dinosaurios.

PREVISIONES CONSERVADORAS 

La hipótesis de que la actividad humana estaba provocando una extinción masiva en la Tierra circula desde hace décadas en círculos científicos y ecologistas. Muchos han acusado de alarmistas a los que lo proponían, y han calificado los datos con los que contaban de imprecisos o exagerados. "Ahora ya no tenemos dudas", afirma Ceballos. "Nuestros cálculos han tenido en cuenta las previsiones más conservadoras y cautelosas en todos los sentidos posibles porque nuestro objetivo era establecer el límite mínimo del impacto de la humanidad sobre la biodiversidad". Los modelos anteriores a los que ellos han usado habían calculado una tasa de extinción durante periodos normales -es decir, fuera de las grandes extinciones masivas- que era la mitad o hasta veinte veces más lenta de la que han usado Ceballos y sus compañeros. La suya la estableció Anthony D. Barnosky, científico de la Universidad de California Berkeley (EE UU), que también ha participado en este trabajo, publicado hoy en la revista Science Advances. En caso de que fuesen los otros modelos los más certeros, reconoce Ceballos, los efectos de la actividad humana sobre la biodiversidad serían aún más graves.

Una reacción internacional La situación, apunta, exige una reacción inmediata y global en términos similares a lo que ya se hace contra el cambio climático y sus efectos. "Tenemos que detener esta extinción incluso por nuestro propio interés", apunta Ceballos. "Un cambio brusco puede tener consecuencias gravísimas sobre lo que los científicos denominamos servicios naturales; esas ventajas que la naturaleza nos proporciona de manera gratuita como el acceso a agua potable, una atmósfera respirable, la polinización de nuestras cosechas o todo tipo de principios activos medicinales que se encuentran en las plantas".

Entre las actividades humanas que los investigadores señalan como más dañinas contra la biodiversidad están la apropiación de tierras para cultivo, recolección de madera y asentamientos, la introducción de especies invasoras en hábitats que no son los suyos, las emisiones de gases de efecto invernadero y la contaminación de suelos y ríos. "Estamos cortando la misma rama del árbol en la que estamos sentados", sentencia Paul Ehrlich, científico de la Universidad de Stanford (EE UU) y coautor de la investigación.

Evitar una catástrofe medioambiental, apuntaron los investigadores, requiere acciones contundentes en poco tiempo. "No es fácil calcular cuánto tiempo tenemos, pero no creo que más de dos o tres décadas de ventana de oportunidad para atajar el problema. A partir de ahí podemos llegar a una situación de extinción masiva imposible de detener", indica Ceballos.
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