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Ciencia

Una astrofísica diseña un telescopio para "detectar vida"

  • Wendy Freedman explorará con los espejos de su 'GMT' otros planetas más allá del sol

Imagen de la Vía Lactea.
Imagen de la Vía Láctea.
DN. Archivo
  • Colpisa. Madrid
Actualizada 16/05/2015 a las 06:00
Antes de que Wendy Freedman lo mirase bien, la humanidad sospechaba que el universo tenía entre 10.000 y 20.000 millones de años de antigüedad. Ella, junto a un equipo de treinta astrofísicos, le puso una fecha definitiva. El cosmos nació con el Big Bang hace 13.700 millones de años. Datarlo no fue fácil. Hubo que poner un telescopio en órbita -el 'Hubble', en 1990- y encontrar unas estrellas muy particulares en otras galaxias. El resultado definitivo, que puso fin a cuatro décadas de especulaciones, lo publicó en 2001. Catorce años después, según reconoció, ella sigue obsesionada con los orígenes y las primeras cosas.

"El tiempo tiene una flecha, una dirección. Así es nuestro universo", aseguró Freedman, que acudió esta semana a Madrid para participar en el ciclo de conferencias de cosmología que organiza la Fundación BBVA. "Lo que aún no ha pasado no lo podemos ver, pero hacia atrás sí podemos mirar, sobre todo cuando observamos el cosmos". Los telescopios, dijo, son máquinas del tiempo. "Cuanto más lejos se mira, más antiguo es lo que se encuentra". Ahora, la astrofísica dirige uno de los proyectos más ambiciosos de la cosmología moderna, el Telescopio Gigante de Magallanes (GMT), que empezará a funcionar a comienzos de la próxima década. Un gigante que estudiará el espacio desde lo alto de un monte, a 2.500 metros de altitud, en pleno desierto de Atacama (Chile).

"Va a tener diez veces más resolución que el 'Hubble', y cien veces más sensibilidad, lo que nos permitirá encontrar objetos más tenues y más lejanos", afirmó la astrofísica. Ofrecerá, dijo, la oportunidad de mirar lo que nunca se había mirado. "Va a ser muy emocionante. Y precioso. Vamos a poder ver, y no se ha hecho antes, las luces de las primeras estrellas que se formaron en el universo, unos 3.000 millones de años después del comienzo". Cuando dice "ver" no es un eufemismo. GMT será un telescopio óptico. Una versión de veinticinco metros de diámetro y mucho más sofisticada de lo que usan los astrónomos aficionados.

PLANETAS EXTRASOLARES

Pero GMT, aseguró Freedman, no solo se va a centrar en mirar tan lejos como le sea posible. También tiene entre manos un proyecto aún más ambicioso. "Podremos detectar vida. Nuestro telescopio tendrá la potencia y la resolución suficientes para encontrarla, si es que existen planetas extrasolares con las características adecuadas y no demasiado lejos. Si la tienen, claro", aseguró. "Sería un descubrimiento alucinante". Aun así, afirmó, prefiere tomárselo con cautela. "Aún hay demasiadas preguntas sin responder, demasiadas incógnitas. Pero puede que podamos medir si hay agua en los planetas, si tienen ozono, oxígeno y dióxido de carbono. En cualquier caso, cuando se ponga en marcha abriremos una nueva era de descubrimientos".

Hace apenas unos años, recordó, no se sabía de la existencia de otros planetas alrededor de estrellas que no fuesen el sol. "Ahora tenemos candidatas a ser tierras extrasolares, pero no vamos a estar seguros hasta que no podamos confirmar su masa", aclaró Freedman. La tecnología actual permite detectarlas y saber, más o menos, su tamaño y su velocidad. Será la nueva generación de telescopios -en la superficie de la Tierra y también en órbita- la que deberá indagar cómo son, cuánto pesan y de qué están compuestos.

"Es la primera vez en la historia que podemos hacer telescopios tan grandes. Suponen muchos retos tecnológicos", afirmó la astrofísica. "Los espejos son tan grandes y tan pesados que la gravedad de la Tierra tira de ellos y los deforma". GMT, explicó, contará con siete espejos de ocho metros de diámetro cada uno, pulidos con una precisión imposible hace apenas unos años. "Las rugosidades en la superficie de los espejos que ya han hecho son de veinte nanometros. Diez mil veces más pequeñas que un pelo humano. Algo así simplemente no podía hacerse hasta hace muy poco tiempo".

¿Pero merece la pena hacerlo? Freedman no duda. "No tiene que apasionarle a todo el mundo. Pero somos una especie curiosa, de exploradores. Los descubrimientos de la ciencia son los que han hecho progresar a la humanidad. Y no podemos predecir qué vamos a encontrar. Esa es la gracia", sentenció.


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