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TRADICIONES EN JAPÓN

Las mujeres niponas reclaman su derecho a ser diosas

  • ​A pesar de tener prohibido pisar la arena sagrada del Kokugikan, el estadio tokiota considerado el templo del sumo, las mujeres tienen una presencia creciente en el deporte nacional de Japón

Las mujeres niponas reclaman su derecho a ser diosas
Un hombre y una mujer entrenan un combate de sumo
ARCHIVO (AFP)
  • COLPISA. MADRID
Actualizada 16/02/2015 a las 06:00
Hace 2.000 años surgió dentro de las tradición de la religión sintoísta, una de las mayoritarias de Japón y con origen en el país, un ritual que se acercaba más a las artes marciales: el sumo. Estos inicios ligados al misticismo otorgaban a los 'rikishi' -luchadores- la analogía con los dioses. Por este motivo, la arena del centenario estadio de sumo de Tokio, el Kokugikan, se considera sagrado y solo puede ser pisado por hombres. Las mujeres, incluso las que son 'rikishi', lo tienen prohibido.

La tradición nipona, en algunos aspectos, va ligada al machismo y el deporte nacional del país es uno de ellos. La Asociación Nacional de Sumo, que gestiona este deporte de contacto en el país asiático, no permite la profesionalización de las mujeres. Las 'rikishi' solo pueden practicar y competir sumo en torneos 'amateur'.

Afortunadamente, las luchadoras tienen otro organismo nipón de su lado, la Federación Internacional de Sumo, que desde 2001 incorpora una sección femenina 'senior' y otra femenina 'junior' en los Campeonatos del Mundo de Sumo Amateur. Además, esta entidad vería con buenos ojos proponer la presencia de la vertiente no profesional de este deporte en los Juegos Olímpicos, con distintos pesos y, por supuesto, con secciones masculinas y femeninas.

LASS RUSAS, LAS MEJORES

Las categorías de mujeres en estos torneos internacionales se dividen en ligero (menos de 65 kg.); peso medio (entre 65 y 80 kg.); peso pesado (más de 80 kg.); y abierto (sin restricción de peso). Unas cifras que distan mucho de los 150 kilos de media de un 'rikishi' profesional. La competición del año pasado, décimo torneo femenino, se celebró en Taiwán y las campeonas fueron tres rusas y una ucraniana. Con respecto a la sección por equipos, Rusia se llevó la medalla de oro, Ucrania la de plata y finalmente Japón tuvo que compartir el bronce con Taipei. Las japonesas solo obtuvieron el oro en dos ocasiones, en 2002 y 2010 y las rusas lideran hegemónicamente el ránking con seis metales dorados. En el presente año, las niponas tienen una buena oportunidad para intertar alzarse campeonas, ya que la competición internacional vuelve a celebrarse en Japón, concretamente en Osaka, el último fin de semana de agosto, casi diez años después del último torneo en el país del sumo.

Las medidas de la Federación Internacional distan de las tomadas por la Asociación Nacional de Sumo, simpre bastante hermética, anclada en la antigüedad y rodeada de polémicas como agresiones fuera de la arena o vinculaciones con la 'yakuza', mafia japonesa. El organismo más abierto y moderno del sumo busca sin embargo incentivar en el país un deporte que, a pesar de ser el nacional, no es asequible a la población.

El primer objetivo de la Federación Internacional de Sumo se encuentra en las escuelas donde, actualmente, en las competiciones infantiles de este deporte la proporción es de una alumna por cada 300 alumnos. Los campeonatos mundiales y, si se consigue, la disciplina olímpica podrían aumentar la popularidad y abrir las puertas de un deporte pensado, en sus orígenes, para los dioses.



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