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moda

Alvarno, premio a la mejor colección por segundo año seguido

La línea 'Apache', inspirada en los 70, clave para que de Maillard y Castejón obtengan el galardón

  • Colpisa. Madrid
Actualizada 10/02/2015 a las 23:21
Ailanto abrió la última jornada de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid con una colección inspirada en el trabajo de la mujer de la escuela Bauhaus, con un marcado carácter progresista que se reflejó en la yuxtaposición de estampados mixtos que conformaron uno solo, en el que se alternaron las composiciones geométricas con las vegetales. Los motivos se construyeron con la técnica del collage, recortando trozos de tejido para conseguir un resultado final con más profundidad. Cada estampado en color tiene su contrapunto en una versión monocromática de grises.

Con una clara inspiración en las alfombras de la época, los hermanos Muñoz usaron jacquard, popelín de viscosa, paño de lana virgen, organza de seda listada, lana perchada y tartán de algodón en grandes cuadros. Los tejidos estuvieron teñidos por una gama cromática que abarcó el crudo, azul celeste, camel, negro, verde, granate, rosa grisáceo, ocre y gris plateado. Lo 'looks' se compusieron a partir de combinaciones de prendas oversize con prendas de líneas más rectas, dando lugar a siluetas contrastadas que jugaron con las proporciones: capas con vuelo en la espalda, maxi abrigos a tobillo con mucho volumen, pequeñas americanas masculinas, abrigos y chalecos de peluche, vestidos y chalecos con detalles folk y vestidos tipo túnica.

Los bilbaínos tuvieron la fortuna de desfilar antes de Alvarno. Los ganadores a la Mejor Colección de la MBFWM por segunda edición consecutiva volvieron a dar una lección de saber hacer con 'Apache', una propuesta 'mix' pero no 'match' inspirada en los 70.

Amplios abrigos rodeados por un galón bordado o jugando con superposiciones de chalecos, estolas en pieles de zorro y lince dejaron paso a vestidos fluidos en terciopelo 'devoré' animal, botas altas que se convirtieron en una segunda piel y mini vestidos rectos en contraste con otros de un volumen más marcado.

Una silueta que huyó de los convencionalismos con tejidos estructurados con micro relieve, lisos y en Jacquard, dibujando elementos orgánicos. Punto, paño y lanas vírgenes se mezclaron con encajes geométricos con perlas, bordados de tachuelas y estampados de cebra que aportaron un toque étnico en accesorios que acentuaron su lado salvaje y sofisticado. La paleta de colores otoñal -verde, azul marino y rojo bermellón- sedujo con su visión aventurera a los clásicos camel, negro y blanco. El brillo apareció en forma de joyas de cristal -algunas cosidas a modo de bordado- para enfatizar el lado barroco de la firma.

ÁGATHA SE SIMPLIFICA

Después de varias temporadas revisitando sus treinta años en la moda, Ágatha Ruiz de la Prada volvió a mirar hacia delante. Una grata sorpresa
teniendo en cuenta que presentó una colección con prendas más prácticas y de siluetas más sencillas de lo habitual. Camisas masculinas y blusas oversize, destacando las piezas convertibles con cremalleras y abrigos corte sastre o japonés.

Entre los tejidos -sedas, mikados, lanas en paño, crepes- sobresalieron el terciopelo junto con jaquards personalizados en variedad de efectos como topos, flores o estrellas, realizados en algodón o con hilos de metal en grandes brocados de corazón. También tuvieron hueco los más contemporáneos, como polipieles metalizadas de diferentes pesos, peluches con acabados lacados y brillantes y neoprenos de rejilla con bordados. Para la noche, las micro lentejuela reinan tanto en tonos lisos como en bicolor, sobre las que realizar un estampado propio.

Un mundo lleno de color que dio paso a las 'megababes' de María Escoté. Un batiburrillo de tendencias de los sesenta y setenta en la que glam, naif y grunge se fusionaron sin control, en una mezcla de tejido artificial y natural. Las estrellas y los rayos, en homenaje a David Bowie, coparon las prendas de charol con algodón, napa brillante, patchwork de rayas troquelado y lurex.

La excéntrica modista compartió pasarela con Maya Hansen y su ejército de moteras. Mujeres tan salvajes como femeninas, con una clara vocación de estrella del rock de los noventa. El ejercicio del acolchado y pespunteado de tejidos mediante espumas se convirtió en el eje de la colección, repleta de contrastes en tejidos - neopreno, lana y viscosa- que encuentran un contrapunto con el uso de aplicaciones cortadas a láser con motivos abstractos y geométricos que realzaron hombros, caderas y pecho. La diseñadora introdujo prendas como sudaderas o chaquetas 'biker' que dieron un aspecto más accesible a su línea, frente a los entallados vestidos lápiz y los estructurados corsés para la noche.

Una intensa jornada que cerraron los peleteros Miguel Marinero y Jesús Lorenzo, poniendo punto y final a la semana de la moda madrileña para los diseñadores consagrados.
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