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Holocausto

Berlín recupera la memoria de los niños de Auschwitz

  • 'No olvides tu nombre' es el título de una exposición inaugurada en el aniversario de la liberación

Jack Mandelbaum, superviviente del campo de concentración

Jack Mandelbaum, superviviente del campo de concentración

AFP
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23/01/2015 a las 06:00
  • EFE. Berlín
'No olvides tu nombre. Los niños de Auschwitz' es el título de un libro y de una nueva exposición inaugurada este jueves en Berlín pare recuperar, con testimonios de supervivientes, la memoria de los menores que fueron deportados a los campos de exterminio durante el régimen nazi.

Alwyn Meyer es el autor de la obra publicada con motivo del setenta aniversario de la liberación del campo de Auschwitz, el próximo 27 de enero, y su obra es resultado de un trabajo de décadas, con entrevistas a cincuenta supervivientes, que empezó cuando él visitó por primera vez el campo de exterminio a los veintiún años.

"Para mí es una gran felicidad que aparezca este libro de Awyn Meyer", aseguró en Berlín Dagmar Livlova, nacida en 1929 y que logró salir con vida de su paso por Auschwitz y Bergen-Belsen.

"Cuando nosotros ya no estemos, este libro seguirá dando testimonio de lo que ocurrió. Para nosotros es muy importante que aquellos que no tuvieron la suerte de sobrevivir no sean olvidados", dijo Livlova durante la presentación de la exposición a la prensa.

También Jack Mandelbaum, superviviente de Auschwitz, destacó la relevancia de mantener viva la memoria de lo ocurrido.

"Es algo que tiene que pasar de generación a generación. Toda mi vida he hablado de Auschwitz en iglesias y en escuelas y no ha sido para buscar simpatías, sino para educar a la gente y contribuir a que algo así no vuelva a ocurrir", señaló Mandelbaum.

El que Dagmar Livlova siga viva ahora, setenta años después de la liberación de Auschwitz, es algo que tal vez nadie de los que estaban cerca de ella en 1945 hubiera esperado.

En 1944, Livlova fue trasladada de Auschwitz a Bergen-Belsen después de ser considerada apta para el trabajo y de que los mayores del bloque donde vivía mintieran sobre su edad para salvarla de una muerte segura.

Cuando vino la liberación de Bergen-Belsen, el 15 de abril de 1945, Liblova estaba muy enferma y prácticamente no podía levantarse.

"En los últimos meses no teníamos casi nada para beber, comíamos poco y había montañas de muertos que nadie enterraba. Con ello me había enfermado, no podía levantarme, me llevaron a un hospital", explicó.

Pasó dos años hasta que se recuperó en el hospital, donde, según supo más tarde, la habían llevado pensando en tenía que ir a un lugar para morir dignamente.

"La primera vez que volví a ducharme con agua caliente fue una sensación maravillosa", rememoró.

Mandelbaum dice recordar el día de la liberación de Auschwitz con más precisión que lo que desayunó este jueves por la mañana.

"Cuando nos levantamos esa mañana la bandera nazi había sido arriada, los guardias se habían ido y las puertas estaban abiertas", apuntó.

Después, salió, y con un amigo, empezó su fuga hacia el oeste en un carro de caballos cargado con azúcar y mermelada; "No sé lo que pasaría con el azúcar y la mermelada", añadió.

Ni Mandelbaum ni Livlova volvieron a saber nunca nada de sus hermanos y sus padres; fueron los únicos supervivientes de sus familias, como les ocurrió a muchos otros niños que salieron vivos de los campos de exterminio.

En 1945, después de la liberación de los campos, cerca de 1.000 niños fueron llevados a un sanatorio en el norte de Inglaterra para que se recuperasen física y emocionalmente.

La exposición, inaugurada en el Centro conmemorativo de la Resistencia Alemana frente al Nazismo, empieza con los testimonios de quienes atendieron a aquellos niños.

"Su situación anímica era claramente peor que su situación física", señala uno de esos textos, en los que se consigna cómo algunos de esos niños, durante su estancia en el sanatorio, pensaban que tal vez habría sido mejor haber muerto.

"Nos tienen piedad, pero nadie nos necesita. Si vivimos o morimos, en todo caso, no dejamos ningún vacío. No somos de los vuestros y deberíamos estar muertos como nuestros parientes", señaló uno de aquellos niños ingresados.

Para Alwyn Mayer, el que Mandelbaum y Livlova hayan venido a Berlín a la inauguración de la exposición es una enorme muestra de confianza hacia Alemania, después de haber sido testigos y casi víctimas del Holocausto.

"Tenemos la obligación de preguntarnos cada día si los alemanes merecemos esa confianza y tenemos que seguir manteniendo viva la memoria de lo que paso en Ausschwitz", dijo Meyer.
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