gastronomía

Adrià: "Innovar es dejar también las cosas como están"

  • El cocinero ​precisa que la innovación surge cuando la  creatividad se convierte en algo provechoso y rentable

Adrià:

Ferrán Adriá posa tras intervenir en el Hay Festival de Segovia

efe
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Actualizada 28/09/2014 a las 16:45
  • europa press. segovia
El cocinero Ferran Adrià, considerado uno de los mejores chef del  mundo, defiende la idea de que "innovar es dejar también las cosas  como están", pues transformar la cocina tradicional no significa  ofrecer algo mejor, sino una opción más. 

Adrià, quien participó este sábado en Hay Festival de Segovia  en una conversación con el  escritor y periodista Jesús Ruiz  Mantilla, ha respondido de esta forma tras ser preguntado por los  periodistas si modificaría el típico cochinillo segoviano mediante  innovación o creatividad. 

El cocinero, incluido por la revista norteamericana 'Time' en la  lista de los diez personajes más innovadores del mundo en 2004, ha  manifestado, tras precisar que la innovación surge cuando la  creatividad se convierte en algo provechoso y rentable, que quizás  para este tradicional plato la novedad sería no hacer nada. 

"La modernidad tal vez sea más alrededor  que en el cochinillo,  porque es genial, y yo creo que Cándido ya lo está haciendo.  Seguramente hace 30 años las cartas de vino, las copas o la vajilla  eran de otra manera", ha apuntado el chef catalán, quien ha querido  mostrarse "respetuoso" y ha expresado que para  contestar a la  pregunta iría primero un mes a Segovia a estudiar el cochinillo. 

Copropietario del restaurante El Bulli, cerrado en 2011 para  reconvertirse en una fundación privada, Adrià ha asegurado que cuenta  con la ciudad del Acueducto para su nuevo proyecto, El Bulli  Foundation, centrado en la investigación y en aplicar la experiencia  creativa desarrollada durante más de 20 años en el restaurante de  Rosas (Gerona). 

En el marco de ese proyecto,  en el que está implicada una  treintena de personas, el 27 de octubre se inaugurará en Madrid, en  el Espacio Fundación Telefónica, la exposición  'Auditando el proceso  creativo', dirigida especialmente a pymes y emprendedores. 

El chef catalán ha explicado que la idea ahora es, a través de un  lenguaje sencillo, compartir y hacer entender a la gente que  cualquier empresa, ya sea un bar o una carnicería, puede ser  creativa. "En mi caso quiero compartir todo lo que pasó en El Bulli,  yo no quiero ser imagen de nadie", ha admitido en declaraciones  recogidas por Europa Press. 

Su conversación, uno de los platos fuertes de la novena edición de  Hay Festival, se la ha planteado como una "provocación brutal" con el  fin de hacer reflexionar al público de forma divertida y cómoda, algo  que según ha confesado ha aprendido tras las más de cien conferencias  ofrecidas en los dos últimos años con Telefónica. 

"La sociedad quiere un discurso claro, fresco, que se entienda  pero a la vez muy profundo, que te hagan evolucionar. Estamos en una  sociedad compleja y difícil, donde no valen los secretos ni  guardarse, donde nos cuesta mucho separar lo que está bien y mal", ha  explicado. 

SU ETAPA MÁS FASCINANTE

Durante su intervención en el Festival, que ha se ha desarrollado  en el campus de IE University, ha desgranado junto a su interlocutor  las decisiones que le llevaron a cerrar El Bulli para volcarse en la  fundación. 

El chef, quien desde el comienzo ha dejado claro que el riesgo, el  trabajo duro y cierto punto de inconsciencia es el valor de su  equipo, ha indicado que tomó la decisión en un momento en que todo el  mundo estaba "hasta el gorro" de él y de su gastronomía, en el que se  dio cuenta además de que su modelo de restaurante no era capaz de ir  más allá. 

"Además éramos perfectamente aburridos, casi como marines  americanos. El que venía un minuto tarde, no volvía. ¿Cómo puede  haber respeto al trabajo en equipo si llegas tarde por la cara?", ha  espetado, al tiempo que ha asegurado que solo cinco de los 2.000  trabajadores que pasaron por el establecimiento dejaron el equipo  pese a que llegaban a trabajar 16 horas seguidas. 

Adriá, quien ha afirmado que la etapa transcurrida desde que cerró  El Bulli han sido los más fascinantes de su vida, ha repasado algunas  anécdotas de su trayectoria tras convertirse en cocinero "por azar",  después de comenzar fregando platos para irse de fiesta a Ibiza, así  como del restaurante, para el que rechazó reservas de hasta un millón  de euros para evitar "prostituir" el proceso creativo y que se  perdiera la "pureza" del establecimiento.     

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