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ARQUEOLOGÍA

Altamira recibirá visitas al menos hasta 2015

  • La cueva se halla en un estado "frágil pero estable" y el impacto de las visitas es "mínimo"

Pinturas rupestres en las Cuevas de Altamira
Pinturas rupestres en las Cuevas de Altamira
EFE
  • COLPISA. MADRID
Actualizada 13/09/2014 a las 06:00
El Patronato del Museo de Altamira decidió este viernes mantener la autorización de "las visitas experimentales" a la cueva, al menos hasta febrero de 2015. Será entonces cuando se disponga "de datos de un ciclo anual desde el inicio de las visitas" y se valore de nuevo el efecto de la presencia humana, que se juzga hoy como "prácticamente imperceptible". Se optará entonces por "interrumpir, mantener o modificar el número de visitas" según se explicó desde el ministerio de Cultura. El impacto de las visitas ha sido "mínimo en las condiciones ambientales" asegura el estudio de los expertos que vigilan la conservación de la pinturas de las cuevas desde 2012.

"El cierre de la cueva no detendría los procesos de deterioro", aseguran los especialistas, de modo al menos cinco personas cada semana podrán seguir disfrutando de la llamada 'Capilla Sixtina del arte rupestre'. El presidente de Cantabria, Ignacio Diego, no ocultó su "deseo" de que se incremente el número de visitantes, pero para saber si es posible habrá que esperar al 28 de febrero de 2015. Es la fecha de la próxima reunión de un Patronato que recibió el viernes en Santillana del Mar un informe de 2.500 páginas y guardó un minuto de silencio en memoria de Emilio Botín.

Diego, junto al Secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle y el director de la investigación, Gaël de Guichen, daban a conocer al término de la reunión del Patronato las conclusiones del informe que confirma los análisis previos de Guichen y destaca que la acción humana "no es definitiva" a la hora de evaluar los principales riesgos para la conservación de las pinturas rupestres. Se juzga como "mínimo" el impacto de las visitas en una cueva cuyo estado es "frágil pero estable".

Se decidía así mantener las visitas experimentales "para ampliar los estudios" y valorar de nuevo en seis meses el efecto de la presencia humana en la cueva y las pinturas rupestres. Durante los primeros seis meses en los han tenido lugar las visitas, "no se ha detectado ninguna relación evidente de causa/efecto entre la presencia de investigadores y visitantes y la pérdida de pigmentos", subraya el Ministerio de Cultura, que seguirá financiando el Plan de Conservación Preventiva hasta septiembre de 2017.

El informe confirma lo avanzado antes por Gaël de Guichen, el experto en conservación al frente del grupo de investigación, quien había reiterado como las visitas en grupos de cinco personas cada semana, autorizadas desde febrero pasado "son poco agresivas". Sostiene que la cueva absorbe bien el impacto de la presencia humana y los cambios en la humedad relativa, de modo que recupera su temperatura en menos de 60 minutos. También que la variación de la temperatura en el interior de la cavidad no es especialmente significativa y que con las visitas aumenta apenas entre 0,15 y 0,22 grados.

Mucho más preocupante que la presencia humana es la concentración de colonias de microorganismos y el aumento del nivel de dióxido de carbono (CO2), que tarda casi ocho horas en reequilibrarse. Una contingencia que se solucionaría con la instalación de un sistema de ventilación en la segunda puerta de la denominada Sala de Polícromos, la de los bisontes. El informe determina que "las variaciones naturales de C02 en determinadas épocas son superiores a las ocasionadas por el ser humano".

Los expertos también han constatado en el último año la pérdida de color "por lavado" de 1,8 milímetros cuadrados en la Sala de Polícromos, un deterioro que se debe a la filtración de agua y la condensación.

POR SORTEO

La cueva de Santillana del Mar se cerró al público en 2002, tras la detección de unos microorganismos que deterioraban las milenarias pinturas policromas. Se reabría en febrero pasado para poner en marcha el programa piloto que permite el acceso cada semana de cinco visitantes elegidos por sorteo entre los visitantes del museo. Ataviados con monos desechables, mascarilla, gorro y calzado especial, y acompañados siempre por un guía, los afortunados pueden permanecer en la cueva durante 37 minutos siguiendo un itinerario muy estricto. Se limita a diez minutos la permanencia en la Sala de Polícromos.

Descubierta en 1868 por Marcelino Sanz de Sautuola, la cueva estuvo habitada entre hace 35.000 y 13.000 años. Alberga en su interior, y a lo largo de más de 270 metros, uno de los conjuntos pictóricos prehistóricos más importantes de Europa.

Su icónica sala de los bisontes fue pintada hace al menos 14.000 años y en ella aparecen estos grandes mamíferos rojos y amarillos junto a caballos, ciervos, figuras humanas con cabeza de animal y misteriosos signos. Unas pinturas que sí se pueden contemplar sin restricciones en la neocueva, la réplica exacta de la cavidad construida muy cerca de la original.

Antes del cierre en 2002, por recomendación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la cueva se clausuraba por primera vez en 1977, para volver a abrirse en 1982 con un régimen de visitas limitado.
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