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igualdad animal

Si no te gustan los filetes de perro, ¿por qué comes hamburguesas?

  • Melanie Joy defiende que el consumo de carne sólo se basa en la creencia errónea de que es "natural, normal y necesario"
  • Los beneficios de su libro "Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas" serán para la ONG Igualdad Animal

Tráiler del libro 'Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas'
Tráiler del libro 'Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas'
Esta obra revolucionaria explora por qué en nuestra cultura nos mostramos tan dispuestos a comer algunos animales mientras que ni se nos pasa por la cabeza comernos a otros. Melanie Joy, psicóloga social, afirma que este fenómeno se explica por un proceso de negación. Hacemos caso omiso de los hechos: de la capacidad de conciencia de los animales, de su capacidad para sentir dolor, de las crueles prácticas ganaderas, de que no necesitamos comer carne, y de que, por lo general, sin ella viviríamos más y mejor.
Portada del libro 'Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas'
Portada del libro 'Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas'
cedida
  • efe. madrid
Actualizada 14/12/2013 a las 06:01
La psicóloga estadounidense Melanie Joy defiende que el consumo de carne sólo se basa en la creencia errónea de que es "natural, normal y necesario" (las 3 N), y se pregunta qué diferencia hay entre comernos una mascota y un animal de granja.

La respuesta la ofrece en su obra "Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas" (Editorial Plaza y Valdés), traducida a nueve idiomas y presentada este viernes por esta profesora de la Universidad de Massachussetts (Boston) en un restaurante vegetariano.

La psicóloga ha acuñado el término "carnismo" (carnism.org), que consiste en el sistema de creencias que condiciona al hombre a comer determinados animales, ha explicado Joy, acompañada por Javier Moreno, cofundador de la ONG Igualdad Animal, a la que se destinará la recaudación del libro.

Según ha dicho, tras una "lenta" evolución personal, la visión de una hamburguesa le produce hoy la misma sensación que si viera un filete de golden retriever y un vaso de leche de vaca es igual que si tuviera que beber leche de cobaya o de cerdo.

Todo nació a raíz de su propia experiencia personal cuando tuvo que ser hospitalizada tras consumir una hamburguesa en mal estado, y decidió abandonar la carne, sin que intervinieran elementos éticos.

Fue más tarde cuando se dio cuenta de que participaba en "un sistema que cometía atrocidades globales", contrario a sus valores, y centró su tesis doctoral en este tema. Para ello entrevistó a médicos, vegetarianos, científicos, miembros de la industria del sector, etcétera.

Descubrió en todos ellos un nexo común: separaban a los animales que amaban de los que se comían. No establecían conexión entre ambos hechos.

A consecuencia de ello, decidió "dar a conocer este sistema invisible" que bloquea al ser humano a pensar y sentir, y que distorsiona lo que en realidad son los animales.

"Comer animales -ha asegurado- no es una decisión individual sino el resultado de un sistema opresivo. La pregunta no es por qué no debemos comer animales sino por qué los comemos".

La justificación de por qué lo hacemos son las "3 N": es normal, natural y necesario, y a ello se suma "el mito" de la necesidad de ingerir proteínas animales.

Esto último, según Joy, está cambiando en países como Estados Unidos, Alemania y Reino Unido.

Durante los últimos años, EE UU ha reducido su consumo de carne y cada vez hay más adeptos a sustituir la proteína animal por la vegetal dentro del estamento médico y científico, ha explicado.

De hecho, "uno de los animales más fuertes del planeta, el elefante, no es carnívoro".

Aunque aún permanece este "mito", ha asegurado que cada vez más estudios científicos abogan por la proteína vegetal, libre de problemas como el colesterol o las grasas saturadas.

La solución, según la psicóloga, pasa por uno mismo, no comiendo o reduciendo la cantidad de carne en la dieta y también por ser "testigos activos de esta realidad y no silenciarla".

En su opinión, muchos ciudadanos tienen que hacer verdaderas "acrobacias mentales para seguir comiendo animales".

Melanie Joy es vegana: primero dejó la carne y los huevos, luego los lácteos y después los productos procedentes de animales para vestir.

El consumo de carne procedente de animales que han vivido en libertad y en unas buenas condiciones no es admisible para Joy, es incluso más cruel, porque son seres que han vivido "felices y que quieren seguir viviendo".

"Si no nos sentimos a gusto matando a un golden retriever, ¿por qué no sentimos lo mismo cuando matamos a un cerdo o a una vaca para disfrutar de su sabor?", ha concluido.


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