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Salud

Los usuarios de los cigarrillos electrónicos defienden su inocuidad

  • Además, instan a abrir un debate social al margen de intereses comerciales
  • Aseguran que podrían evitarse hasta 45.000 muertes anuales gracias a su consolidación como alternativa al cigarro convencional

Imagen de dos cigarrillos electronicos
Imagen de cigarrillos electrónicos
DN
  • colpisa. madrid
Actualizada 10/12/2013 a las 06:01
La paulatina restricción del hábito de fumar al ámbito privado ha generado un impacto bien visible en determinados contextos sociales. Primero fueron los hospitales. Años más tarde el veto se amplió a todo espacio cerrado, puesto laboral incluido, y, algo impensable hasta hace bien poco, terminó por extenderse a todo local de ocio y hostelería. En menos de una década la otrora permisiva regulación española se convirtió en una de las más combativas contra el tabaco. Lejos de tiempos en los que sostener un pitillo entre los dedos era signo de distinción, el fumador del siglo XXI, resignado, se refugia en alternativas que atenúan la dependencia y los perjuicios de la nicotina.

Junto a la transformación del paisaje social, ahora libre de humo, el nuevo marco legal ha contribuido a la popularización de los denominados cigarrillos electrónicos. Una auténtica fiebre que ha disparado sus ventas, ha multiplicado su consumo y comienza a preocupar a las autoridades sanitarias. A finales del pasado noviembre, la Generalitat catalana anticipaba que prohibiría su uso en espacios públicos y regularía su comercialización. Cuestionan la toxicidad real de estos mecanismos sucedáneos, así como su aplicación terapéutica. En la misma línea se ha pronunciado la Junta de Andalucía, que también revisará su estatus legal.

Las cantidades millonarias que, tanto la industria tabaquera como la farmacéutica, movilizan anualmente evidencian una trascendencia y unos intereses de enorme calado. Con este telón de fondo, la Asociación Nacional de Vapeadores -así se denominan los fumadores electrónicos- insta a abrir un debate constructivo y transparente sobre la cuestión. Para su presidente, Pedro Cátedra, "las medidas prohibicionistas son una traba injustificable a una vía para ayudar a quienes quieren dejar de depender del tabaco pero no dejar de fumar".

EVITARÍA 45.000 MUERTES

Frente al criterio sostenido por la administración, que sin negar que sus efectos son menos nocivos recuerda que el vapor de agua que emiten también contiene nicotina y rechaza su efecto disuasorio sobre la dependencia del tabaco, los consumidores del 'e-cigarro' defienden que 'vapear' no tiene consecuencias dañinas ni para el fumador ni para quienes les rodean. Y no solo eso, aseguran que hasta 45.000 muertes anuales podrían evitarse gracias a su consolidación como alternativa al cigarro convencional.

En cada calada, nuestros pulmones reciben más de medio centenar de sustancias carcinógenas. El portavoz de los 'vapeadores' españoles defiende la inocuidad del sucedáneo recordando que el vapor contiene compuestos como el Propilenglicol o el Glicerol vegetal, admitidos por la estricta normativa europea "hasta el punto de ser usados ampliamente en alimentos, piensos o productos farmacéuticos".

El gran caballo de batalla de los prohibicionistas es la "posible" peligrosidad para quienes rodean al 'vapeador'. Una preocupación nada desdeñable, ya que, según estimaciones del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, la inhalación del humo ajeno es responsable del 20% de los cánceres padecidos por no fumadores y, en consecuencia, de unos 3.000 fallecimientos anuales. Un estudio impulsado por la consultora 'Change' desmiente el efecto sobre el 'vapeador' pasivo. Aunque ni en este sentido existe acuerdo entre los implicados en tan espinosa cuestión.

Muchos intereses contrapuestos conviven con la profusión de estudios que arrojan resultados poco concluyentes. La apuesta de los 'vapeadores' es clara: el impulso de un debate ligado al ámbito científico que evite la intoxicación informativa por parte de los distintos agentes implicados. La Administración recogerá el testigo para dar cuerpo legal a una cuestión cada vez más visible a pie de calle. El cigarrillo electrónico podría tener los días contados.
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