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Presos de la memoria de Google

  • Una sentencia dice que los buscadores no tienen la obligación de borrar los datos o la información sensible
  • El abogado general de la UE considera que no se puede responsabilizar al buscador de los contenidos de terceros aunque resulten lesivos para el honor de una persona
  • El dictamen no es vinculante y el caso, que emana de las autoridades españolas, podría tener su resolución este mismo otoño

Un internauta visita la web de Google

Un internauta visita la web de Google

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Actualizada 26/06/2013 a las 09:40
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  • colpisa. madrid
En algún rincón de internet, Mario Costeja sigue estando casado y teniendo en su haber varias deudas. Poco parece importarle a Google que este perito caligráfico pusiese hace años el punto final a su matrimonio y saldase las cuentas pendientes. La información, publicada hace más de quince años, sigue siendo accesible tan solo con teclear su nombre. Una situación que motivó al protagonista para comenzar una cruzada a favor del conocido como 'derecho al olvido' en 2009 y que ayer sufrió un duró revés en el seno de la Unión Europea. El abogado general del Tribunal de Justicia de Luxemburgo emitió un dictamen en el que tomó posición a favor del gigante tecnológico de Mountain View y sentenció sobre el caso que los buscadores no tienen la obligación de borrar los datos o la información sensible de los índices. Aunque este informe no es vinculante y la sentencia definitiva no se conocerá al menos hasta septiembre, los antecedentes dicen que los magistrados dan continuidad a estas resoluciones en ocho de cada diez ocasiones.

El inicio del 'caso Costeja' se remonta hace cuatro años. Este madrileño dio en internet con un anuncio de una subasta de algunos de sus bienes por una deuda que tenía con la Seguridad Social. Se trataba de un episodio de su pasado, ya finiquitado, y que había resucitado en los dominios de Google debido a que el medio encargado de la publicación había digitalizado sus archivos. Tras sendos e infructuosos contactos con el periódico y con el buscador, recurrió a la Agencia Española de Protección de Datos que pidió a la compañía californiana que lo borrase, obteniendo, como en otros tantos casos, la negativa como respuesta. Por otro lado, el organismo sostenía que la fuente original no podía ser obligada a eliminar ese archivo porque había sido publicado de forma legal. El caso acabó, como otros doscientos de la misma naturaleza que esperan sentencia, en la Audiencia Nacional. Ante las lagunas y los agujeros legales que se planteaban acerca del 'derecho al olvido', la Audiencia acabó elevando una serie de cuestiones al Alto Tribunal comunitario. La primera de ellas, hasta dónde llegaba la posibilidad de que un particular se dirigiese hacia una de estas plataformas para bloquear las informaciones indexadas de terceras fuentes que pudieses ser consideradas lesivas para la intimidad y el honor; y la segunda, si se podía aplicar la directiva europea para mediar en un conflicto entre un ciudadano y residente español con una empresa basada en Estados Unidos, en esta caso Google.

Niilo Jääskinen hizo pública su opinión, que fue un pequeño jarro de agua fría para la privacidad en internet. El letrado explica, que a pesar de "gestionar datos personales" en su actividad, no se puede responsabilizar a proveedores como Google de las informaciones producidas por terceros siempre que la indexación no se produzca en contra de las órdenes del "editor de la página web". Es decir, que si la fuente original no dice lo contrario, el buscador puede incluir el resultado y el afectado, aunque haya resuelto y superado esas situaciones, no le quedará otra opción que ver cómo su pasado queda en manos del criterio del buscador. Además, Jääskinen dijo que peticiones de retirada de contenido como las realizadas por la AEPD y otros instituciones similares de otros países europeos "solo pueden llevarse a cabo cuando no se hayan respetado los criterios de exclusión".

El escrito recoge que además que los derechos de supresión, rectificación y bloqueo recogidos en la normativa comunitaria solo son validos cuando los datos no son correctos o, en todo caso, están incompletos. Sin embargo, la resolución si que da la razón en la segunda gran cuestión a España al reconocer que la legislación nacional y europea es aplicable a una de estas multinacionales cuando "establece en un Estado miembro, a fines de promover y vender espacios publicitarios en su motor de búsqueda, una oficina que orienta su actividad hacia los habitantes de dicho Estado".


REACCIONES

Google ha celebrado la decisión del abogado general felicitándose de lo que definió como "una buena opinión para la libertad de expresión". "Estamos contentos de ver que se apoya nuestra visión largamente sostenida acerca de que la exigencia de los motores de búsqueda para suprimir información legítima y legal equivaldría a la censura", reza el comunicado difundido por la empresa. A pesar de esto, todavía hay que esperar a conocer qué deciden los jueces a lo largo del presente curso y también a la nueva directiva que prepara la Unión Europea, que al parecer incluirá el 'derecho al olvido' con carácter absoluto. "No tendría sentido que la resolución del tribunal fuese en una dirección y el reglamento que ahora se está debatiendo en otra", explica Joaquín Muñoz, socio de Abanlex, el bufete que está representando los intereses de Mario Casteja.

"Aunque los dictámenes del abogado general son seguidos en un alto porcentaje, creemos que el asunto es lo suficiente controvertido como para hacer que alguno de los jueces se aparte un poco", añade. Muñoz recuerda que el planteamiento que ellos hacen es que el editor de la web "tiene responsabilidad sobre el contenido" pero también el buscador o la plataforma que maneje los datos en la medida "que hacen un tratamiento distinto" de los mismos y que lo que buscaban es que se atendiese a la petición de los particulares en "determinados casos". Lo que si que celebra el letrado es que se empiecen a clarificar "las reglas del juego" en este asunto, ya que la anterior directiva -que data de 1995- se había quedado "un tanto obsoleta".
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