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Medio Ambiente

Las mariposas, los "sensores" alados del cambio climático

Una mariposa costarricense

Una mariposa costarricense

archivo dn
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Actualizada 31/03/2013 a las 16:31
  • efe. madrid
Uno de los mejores métodos para estudiar los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas naturales no requiere costosas y punteras tecnologías, sino tan sólo los ojos de un voluntarioso observador, atento al vuelo de una mariposa.

Sus cortos ciclos de vida, su gran sensibilidad ante cambios en el hábitat y la temperatura, y la fascinación que despiertan en muchos naturalistas, hacen de las mariposas excelentes bioindicadores para estudiar el impacto sobre la biodiversidad del cambio global, que abarca fenómenos como el calentamiento global y los cambios en los usos del suelo.

Cada vez más países y regiones europeas -diecinueve hasta ahora- disponen de sus planes de seguimiento de mariposas diurnas, con metodologías comunes y estandarizadas, un trabajo que comenzó en el Reino Unido en 1976 y llegó a Cataluña, una de las regiones pioneras, en 1994.

"Yo trabajaba en los Aiguamolls de l'Empordà (Gerona), el biólogo del parque conoció a la persona que montó la red en Reino Unido y me propuso hacer la prueba piloto allí", recuerda en una entrevista con EFEverde el coordinador científico del plan de seguimiento en Cataluña -CBMS por sus siglas en inglés-, Constantí Stefanescu.

"Recogemos datos en recorridos estandarizados en toda Cataluña, Andorra y Baleares, y así conseguimos tener información sobre cómo evolucionan las comunidades de mariposas en localidades concretas", explica Stefanescu.

La metodología consiste en el estudio de tramos de un kilómetro, que el voluntario debe recorrer una vez a la semana, de marzo a septiembre, contando las mariposas que vea a su alrededor.

Desde 1994, más de cien voluntarios del CBMS han recorrido 39.226 kilómetros y han contado casi dos millones de mariposas de 200 especies; y, con el objetivo de reproducir el éxito catalán, ya existen pruebas piloto en País Vasco, Doñana y Sierra Nevada.

Esta "alucinante respuesta" de los colaboradores "sería impensable si estuvieses trabajando con escarabajos", dice el biólogo.

Además, las mariposas son muy sedentarias y en muchos casos, sus orugas dependen de una sola especie de planta para alimentarse, así que "cualquier alteración del medio enseguida repercute sobre ellas", explica Stefanescu.

Una alteración como el cambio de los usos del suelo o el aumento de las temperaturas derivadas del cambio climático, pues las mariposas son ectotermas, necesitan el sol para regular su temperatura y se ven muy afectadas por los cambios térmicos.

De momento, los planes de seguimiento han establecido dos indicadores para conocer el estado de las poblaciones a nivel europeo, uno sobre el declive de las mariposas de pastizales -un 50% desde 1990- y otro sobre los efectos del cambio climático.

Así se ha documentado que las mariposas se están desplazando hacia el norte -75 kilómetros entre 1990 y 2009- pero no lo suficiente como para seguirle el ritmo al clima, ya que la isoterma de temperaturas se ha desplazado lo equivalente a 249 kilómetros.

"Hemos detectado cambios en la distribución tanto en latitud como en altitud, parece que las mariposas tiran hacia arriba", afirma Stefanescu.

Malas noticias para las que viven en cotas altas y no tienen más hábitat por encima al que desplazarse, como las que habitan las cumbres de Sierra Nevada, donde desde 2008 se utilizan como indicadores en el Observatorio de Cambio Global del Parque Nacional.

"Las mariposas de los pisos superiores ni pueden escalar hacia arriba ni tienen otras montañas de sus características cerca", explica el conservador del Parque Nacional, Ignacio Henares.

Henares apunta que, como pasa en Cataluña, "el cambio climático es uno de los motores, acelera o multiplica los efectos, pero el cambio de usos del suelo está teniendo mayor impacto".

Después de evaluar los primeros resultados del seguimiento, Henares explica que la tendencia es que las especies generalistas amplíen su área de distribución y pierdan las de arriba, como las emblemáticas Apolo (Parnassius apollo) o la Niña de Sierra Nevada (Polyommatus golgus).
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