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El PSOE apaga los fuegos surgidos en uno de sus más difíciles procesos de listas

  • Cuatro mil cargos del PSOE -alcaldes, concejales y puestos de confianza- se quedaron en la calle tras el 22-M

  • PAULA DE LA HERAS . COLPISA. MADRID
Actualizada 18/09/2011 a las 02:05

"Nadie sabe cómo va a estar el partido dentro de unos meses, y al menos el Congreso ofrece algo seguro". Es la frase de un veterano socialista convencido de la derrota en las elecciones del 20-N y consciente de que, tras el veredicto de las urnas, los suyos se enzarzarán en un batalla interna de final incierto. Su testimonio refleja un estado de ánimo muy extendido en el PSOE. Si la elaboración de las listas electorales siempre generó tensiones, esta vez las trifulcas van más allá de lo anecdótico.

Existen más aspirantes que nunca a ocupar un escaño tras el descalabro electoral del 22 de mayo. Sólo entre alcaldes, concejales y puestos de confianza en ayuntamientos de toda España , se quedaron en la calle 4.000 cargos socialistas.

A eso habría que añadir 55 diputados autonómicos, más los despedidos en los Gobiernos de Extremadura, Asturias, Castilla-La Mancha, Cantabria y Aragón. Algunos pueden volver a la empresa privada; muchos, no. "Tenemos overbooking", resumió esta semana Alfredo Pérez Rubalcaba.

Rebeliones

Que haya discrepancias durante el proceso de candidaturas entra dentro de lo habitual, pero que desde los territorios se atrevan a plantar cara abiertamente a los designios del aparato, no. Y mucho menos, que dirigentes de primera línea cuestionen la actuación de la dirección federal como hizo el miércoles José Bono, disconforme con la decisión de sustituir al hasta ahora diputado zamorano Jesús Cuadrado por Camacho, que nunca antes había sido parlamentario y que carece de vínculos con la región.

El titular del Interior, superior de los cargos policiales imputados por el caso Faisán, es el único ministro técnico que quiso encontrar acomodo en la Cámara Baja durante la próxima legislatura. El resto vuelve a sus actividades previas; lo que pone las cosas más fáciles a la dirección del PSOE.

La última en explicar su retirada ayer fue la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde.

Vista la bronca de Zamora

-que se saldó con la dimisión, el viernes, del secretario provincial, Carlos Hernández- y las dificultades para colocar en la Comunidad Valenciana al ministro de Educación, Ángel Gabilondo -que optó por pedir al candidato que no contara con él-, la postura de Sinde; de la vicepresidenta económica, Elena Salgado; la ministra de Ciencia y Tecnología, Cristina Garmendia; y del titular de Industria, Miguel Sebastián, es la más conveniente para la paz interna del partido.

Fin de ciclo

Las suyas fueron renuncias cómodas, aunque otras generaron polémica. El presidente del Congreso, José Bono, dijo que no se presentaba porque había que ceder el paso a otra generación, y el vicepresidente tercero, Manuel Chaves (cabeza de lista por Cádiz), replicó que lo fácil es huir cuando en el barco se abre "una vía de agua".

El rifirrafe se saldó con un "pelillos a la mar". Pero hay más veteranos que dicen adiós, no tanto por ganas como por dificultad para encontrar acomodo.

La exministra de Cultura, Carmen Calvo, tuvo que ceder en la pugna por la candidatura de Córdoba, que, finalmente, encabezará la ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino, Rosa Aguilar, alcaldesa de la ciudad cuando aún era dirigente de IU. La consejera andaluza de Igualdad, Micaela Navarro, decidió no optar a liderar la lista de Jaén, puesto que podría recaer en Gaspar Zarrías, puro aparato de Ferraz.

Por no haber, no hay ni sitio para varios miembros de la Ejecutiva. La secretaria de Educación y Cultura, Cándida Martínez, que sonaba para encabezar la lista de Granada, fue desbancada por el secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos, y las posibilidades de la secretaria de Igualdad, Soledad Cabezón, de entrar en la lista de Sevilla -que encabeza, una vez más, Alfonso Guerra- también están en el aire.

Rajoy opta por candidaturas de continuidad

En la última semana, Rubalcaba y su equipo tuvieron que sofocar dos importantes fuegos: en Zamora, a cuenta de su decisión de asignar el único puesto de la lista con garantía de escaño al hasta ahora independiente ministro del Interior, Antonio Camacho (en la imagen); y en Madrid, por la posibilidad finalmente abortada de que el valedor de Tomás Gómez en las primarias, el malagueño José Andrés Torres Mora, quedara relegado en la candidatura de su provincia, encabezada ahora por Trinidad Jiménez. Álvaro Cuesta anunció que no será candidato en Asturias, y dos agrupaciones tinerfeñas apoyan a Pedro Zerolo y no al oficialistaJosé Segura. EFE



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