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El miedo a volver a casa

Actualizada 07/06/2011 a las 12:24

LAS calles de Lorca muestran a vecinos pasando con maletas de ruedas para entrar en sus viviendas ubicadas en edificios donde pueden alojarse, pero hay también casos de personas que no quieren entrar a sus casas, aún pudiendo hacerlo, porque ven que presenta grietas.

Muchos vecinos van con casco por las calles debido a que continúa el riesgo de que se caiga algún cascote.

Escasos locales de venta de alimentos fueron abiertos ayer al público, y en los que sí lo hicieron se ven en las cajas colas de personas aprovisionándose de víveres básicos, como leche, pan y agua.

Los semáforos no funcionan y los únicos vehículos que circulaban ayer por las calles eran turismos de lorquinos para meter todos los enseres que podían de sus casas y llevárselos a la vivienda de un familiar o amigo, donde se cobijan.

También circulaban grandes camiones del Ejército y patrullas de la policía, que vigilan la ciudad, repleta de cintas policiales acordonando las aceras de los edificios mas peligrosos.

Dos grúas con operarios estaban estudiando la solución que darán al campanario de la iglesia de San Francisco, sede del paso procesionario azul, ya que se encuentra en muy mal estado y corre el riesgo de derrumbarse sobre otros edificios, por lo que instalaron desde ayer un andamio de contención.

Punto verde

Por otro lado, en la iglesia de Santo Domingo, sede del paso procesionario blanco, preocupa la cúpula, que registró un movimiento circular tras el seísmo.

Algunos vecinos que ven el punto verde en sus edificios encontraron dificultades de acceso. Un caso curioso es el del número 1 de la calle Predicador Juan Antonio Malo, en el barrio de San José, que está con color amarillo, por lo que se puede entrar a recoger enseres, pero, como los edificios de alrededor están muy dañados, ningún vecino quiso acceder a su vivienda.

Las entidades bancarias y las compañías aseguradoras instalaron oficinas provisionales en las calles de Lorca para prestar sus servicios y atender a los afectados por los terremotos.

En un acceso a la avenida Juan Carlos I, una de las principales vías de la ciudad, la compañía Mapfre levantó tres carpas para atender los expedientes de daños en viviendas.

Algunos clientes "se derrumban" cuando están realizando la gestión, por lo que la aseguradora decidió instalar otra carpa de atención psicológica -atendida por cinco especialistas-, que, al igual que la de alimentación, presta ayuda.

Un poco más adelante, en la misma calle, la compañía Zurich atendía ayer a sus asegurados en una oficina y en un coche, modelo monovolumen, con las puertas abiertas.

Gregorio, uno de los damnificados, esperaba su turno apoyado sobre el capó, y contó que su casa "tiene un punto negro, que significa que va a ser derribada", por lo que quería acelerar cualquier tipo de ayuda o compensación que pueda recibir.

A su lado, también guardando cola, Francisca explicó entre sollozos que el estanco que gestionaba estaba "destrozado" y que no podrá volver a trabajar "en mucho" tiempo, por lo que esperaba que "el papeleo de los seguros" le sirviera para algo.



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