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nacional

No es país para catedráticas ni cargos de prestigio para mujeres

  • Las investigadoras solo copan uno de cada cinco puestos de alto nivel

  • colpisa. madrid
Actualizada 08/03/2016 a las 06:00
La brecha de género en la ciencia se reduce muy despacio y todavía son hombres los que copan la mayoría de puestos de responsabilidad en el nivel más básico de la carrera investigadora en España, hombres y mujeres están repartidos en dos grupos de casi el mismo tamaño. La cifra descoloca porque, en realidad, las estudiantes universitarias son mayoría, así como las que obtienen un título de educación superior (en ambos casos, cerca del 55% del total). Y una vez dentro de la carrera académica, ya sea en la universidad o en algún centro de investigación, este desajuste se acentúa según se va subiendo por el escalafón. Cuando se llega a los puestos de más responsabilidad, prestigio y remuneración, la presencia de las mujeres se reduce hasta niveles mínimos. Sin ir más lejos, en la actualidad los hombres acaparan cuatro de cada cinco cargos de catedráticos.

"Los datos son muy claros, la participación de mujeres tanto en estudios universitarios como en doctorados es mayor que la de los hombres", asegura Marta Arregi, directora del programa NILS de Ciencia y Sostenibilidad en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y organizadora de un curso de verano sobre el papel las mujeres en la ciencia. "Pero se produce un efecto tijera cuando se mira el acceso a puestos importantes". En cuanto se da el salto de estudiante a empleado, cuando arranca de verdad la carrera científica, las tornas se invierten y los hombres pasan a ser mayoría, o inmensa mayoría según los casos.

Según los últimos datos oficiales, mientras que las mujeres representan en torno al 52% de las que empiezan un doctorado solo son el 47% de las que publican su tesis y obtienen el título de doctora. Esta misma, más o menos, es la proporción de las que ostentan un cargo de profesora asistente, el primero en el escalafón dentro de la universidad.

Su tasa desciende por debajo del 40% en el caso de las profesoras titulares, y se derrumba hasta alrededor de un 20% en el caso de las catedráticas. En los centros de investigación la situación es similar. Según datos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), las investigadoras de grado C representan algo menos de la mitad, las de grado B son un tercio del total de científicos en la institución y las de grado A, apenas una de cada cuatro. "Ha ido aumentando su participación en los estudios, pero su ascenso a puestos importantes sigue siendo muy baja", recalca Arregi.

Aun así, aclara, la brecha se ha ido cerrando en las últimas décadas. "Entre 2002 y 2010 se pasó de una proporción de catedráticos de 85% hombres y 15% mujeres a algo más parecido a 80% frente al 20%", explica. Menos profesoras con plaza Aun así, según Eulalia Pérez Sedeño, filósofa y profesora de investigación en Ciencia, Tecnología y Género, sin embargo, esta tendencia se ha detenido durante los años de crisis. "En la universidad española, entre 2010 y 2015, aumentó la proporción de profesoras un 3%, pero se redujo la de profesoras con plaza defuncionarias", indica. "Cuando hay carestía de plazas, las mujeres son un colectivo más vulnerable".

Entre los motivos de esta discriminación, apunta Pérez, están tanto el contexto social -"en nuestra sociedad no se comparte el cuidado de niños y dependientes, ni las tareas del hogar"- como a cuestiones estructurales del propio sistema de investigación. "Si solo fuese una cuestión de hijos, las científicas solteras prosperarían igual, pero eso tampoco ocurre", señala. Existen mecanismos, a veces insconscientes, que hacen que en grupos mayoritariamente de hombres estos prosperen con más facilidad. "El famoso Old Boys' Club", recalca la filósofa. Una expresión que se refiere a la camaradería que se crea entre ellos. Arregi añade que a las científicas suelen asignárseles más horas lectivas y de gestión que a sus colegas varones, lo que les resta opciones de optar a mejores cargos. "También tienen menos acceso a determinadas redes de contacto y colaboración, y se las mentoriza con menos frecuencia pese a que la figura de un mentor puede ser clave", apunta. "Incluso se les invita menos a participar en tribunales que a los hombres".

Según los datos de informe PISA de la OCDE, la brecha de género empieza en la escuela, aunque las diferencias entre chicos y chicas, tanto de interés como de competencias en ciencia, son mínimas. "Pero en el imaginario colectivo existe la percepción de que hacer ciencia es una disciplina de hombres", recalca Arregi.

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