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CASO NÓOS

Todos apuntan a los 'fontaneros' de la Casa Real pero siguen las incógnitas

  • La infanta Cristina, Urdangarin y Torres coinciden en sus versiones sobre el papel que jugaban los altos cargos de la institución en el entramado Nóos

Declara la infanta Cristina
La infanta Cristina, en el banquillo de los acusados.
EFE
  • COLPISA . PALMA DE MALLORCA
Actualizada 05/03/2016 a las 06:00
El puzzle sobre el papel de la Casa Real en el entramado Nóos empieza a resolverse tras las declaraciones de los principales imputados del caso, pero aún faltan piezas. Y piezas importantes. Por fin las versiones de los protagonistas sobre el grado de implicación de Zarzuela en los negocios de Iñaki Urdangarin y Diego Torres empiezan a coincidir después de cinco años de flagrantes contradicciones. Todos, incluida la infanta Cristina, apuntan ya sin ambages a la responsabilidad -por dejación, omisión o cooperación- de algunos de los más importantes 'fontaneros' de la Casa Real en la época, pero nadie ha revelado quién dio las órdenes a estos altos cargos y asesores de don Juan Carlos de supervisar o, a veces, incluso ayudar en los enredos de Urdangarin. Y por qué estas personas hicieron la vista gorda ante la evidencia de que el cuñado de Felipe VI y su socio se estaban saltando continuamente la legalidad, tanto en sus relaciones con las administraciones que les adjudicaban a dedo como en sus amaños contables, financieros y fiscales para desviar a sus bolsillos más de seis millones de euros públicos.

Cristina de Borbón lo dijo meridianamente claro el pasado jueves: "Todo lo que hacíamos estaba controlado". La infanta se sumaba así, como ya había hecho su marido, a la tesis de Diego Torres, quien hasta entonces había sostenido en solitario (aunque amparado en una montaña de mails) que la Casa Real supervisaba absolutamente todo y que Zarzuela jamás hizo un solo "reproche", como recordó Urdangarin. El exduque, tras años de evasivas, fue claro: la Casa Real estableció cinco niveles de control sobre Nóos. El primero era el "asesor real" y secretario de las infantas, Carlos García Revenga, al que se consultaba hasta la menor nimiedad. "No daba un paso en mi vida sin consultárselo a García Revenga", llegó a afirmar. La propia Cristina de Borbón confirmó este extremo en su declaración. José Manuel Romero, conde de Fontao, el fiel abogado de Juan Carlos I, visaba los temas "jurídicos" de Urdangarin. Él se ocupó de sacar del Instituto Nóos a los entonces duques de Palma cuando comenzaron los escándalos. Pero también fue él, según han confirmado Torres y Urdangarin, el que ayudó a crear la Fundación Deporte Cultura e Integración Social, el sucedáneo de Nóos, que siguió dedicándose a los mismos negocios que su predecesora. El tercer nivel de control, el fiscal, era el de Federico Rubio, el alto funcionario de Hacienda que hacía de asesor fiscal para toda la Casa Real. La infanta también señaló a Rubio. Según Urdangarin, además, la supervisión de sus actividades tenía otros dos niveles: seguridad y comunicación, que también estaban controlados por personal de Zarzuela.

Desde luego, esa versión de la supervisión extrema de Urdangarin y Torres por parte de la Casa Real sí que encaja perfectamente con la cascada de mails en los que los dos dirigentes de Nóos, pero también trabajadores del instituto, se dirigían continuamente a García Revenga o a Fontao en busca de instrucciones o autorizaciones. Torres sí que se atrevió a insinuar que todos estos 'fontaneros' reales trabajaban por orden del entonces jefe del Estado y reportaban a Juan Carlos I, pero ni Urdangarin ni la infanta Cristina, ni mucho menos, fueron tan lejos. El exdeportista, al contrario, se esmeró en desvincular al rey emérito de todo. "En ningún momento Juan Carlos I intercedió en mis negocios ni en los de mi esposa", llegó a afirmar. Llama la atención que en prácticamente en ningún momento de los trece días de interrogatorios haya salido el nombre del entonces jefe de la Casa del Rey, Alberto Aza, que estuvo en el cargo entre 2002 y 2011, durante todos los años de los desmanes del instituto Nóos. Aza comparece como testigo el próximo viernes y en esa condición no podrá negarse a responder a ninguna pregunta incómoda ni tiene derecho a mentir. También están citados como testigos García Revenga (20 de abril) y el conde de Fontao (22 de abril). Sus comparecencias son especialmente esperadas en la Audiencia Provincial de Palma. Quizás ellos puedan responder a tres preguntas claves: ¿quién les dio la orden de supervisar o ayudar a los dirigentes de Nóos? ¿Por qué nunca alertaron de la cascada de irregularidades? ¿Por qué se trataron de cubrir algunas de esas ilegalidades?

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