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Pactos de Gobierno

Pedro Sánchez empieza a despertar del sueño

  • El 'truco' de la consulta a las bases ha limitado en la práctica su margen para culminar la estrategia de pactos de investidura múltiples

​Sánchez pide votar con

Pedro Sánchez, desposita su voto en la sede del PSOE-M de Pozuelo de Alarcón.

efe
28/02/2016 a las 06:00
  • colpisa. madrid
"Déjeme por lo menos soñar e intentar ver si puedo formar Gobierno". Hace menos de un mes de esta elocuente respuesta de Pedro Sánchez a la periodista Pepa Bueno. Y solo esta semana el secretario general del PSOE ha empezado a despertar. Lo rotundo de su pacto con Ciudadanos, insuficiente por sí mismo para superar la investidura y llevarle a la Moncloa, ha tenido un efecto devastador sobre sus planes. No solo provocó que Podemos se levantara de la mesa a la que por fin se había sentado a negociar apenas 48 horas antes, sino que arrastró en la misma dirección a Izquierda Unida y Compromís y, de rebote, condujo al PNV y Coalición Canaria, hasta entonces más que dispuestos a facilitar las cosas a los socialistas, a ponerse de perfil.

La dirección del PSOE llevaba semanas alimentando la idea de que sumar 143 'síes' (con los partidos mencionados y la abstención de la formación que lidera Pablo Iglesias) frente a los 142 'noes' del PP, Esquerra, Convergencia y Bildu, era un reto difícil pero posible. Ahora el desánimo se ha apoderado incluso de los más cercanos a Sánchez. Aunque en público mantengan el discurso de que todo puede cambiar aún de aquí a la segunda votación de la investidura, el viernes 4 o el sábado 5, en privado reconocen que hay que pasar ya al 'plan B', el de tratar de sumar apoyos durante los dos meses de plazo que quedan hasta una eventual convocatoria de elecciones.

Y tampoco eso lo ven fácil. Sánchez era en el fondo consciente, según confesión propia, de que caminaba sobre un suelo minado y de que en algún momento todo podía saltar por los aires, pero lo que seguramente nunca pensó es que sería él mismo quien se pondría la zancadilla. ¿Qué necesidad tenía de cerrar ya, cuando apenas había empezado a negociar con Podemos, un acuerdo tan prolijo con Albert Rivera si lo que necesitaba era avanzar a izquierda y derecha y llegar a la sesión de investidura sin que ninguno de sus posibles socios se descolgara? En la dirección del PSOE responden con resignación: "La consulta a la militancia; no podíamos presentarnos ante las bases con las manos vacías".

Incluso en el entorno más próximo al candidato lo reconocen: "El referéndum fue una carta que le vino bien en el camino para ganar el pulso a los barones, pero le ha acabado complicando aún más las cosas". Sánchez lanzó su órdago en el comité federal del 30 de enero, cuando los críticos -que siempre han defendido que "con 90 diputados no se puede gobernar" y temían una entrega a Podemos- intentaron estrecharle aún más el camino. "Al final, su as en la manga ha sido un bumerán que le ha quitado días de negociación -dice un destacado miembro de ese sector- y del que ha sabido sacar buen partido Rivera".

Los fieles 'sanchistas' se afanan en ver lo positivo de lo logrado. Dicen que había que llegar a la votación de la investidura con algo más de los 90 diputados que obtuvieron en las urnas porque lo contrario habría conducido al "ridículo". Insisten, además, en que su alianza con Ciudadanos "no tiene caducidad", es decir, que seguirá vigente aún después del primer tropiezo. Y dan valor a ese dato porque, una vez se constate que Sánchez no ha obtenido la confianza del Congreso de los Diputados, el marcador se pondrá a cero y él dejará de ser el aspirante designado por el Rey. "130 diputados suman más que los 123 del PP y eso -defienden- nos permitirá mantener la iniciativa e intentar expandir el pacto hacia la izquierda". Es posible, sin embargo, que las cosas no sean tan simples. El miércoles, tras la firma del acuerdo, en Ciudadanos hacían esa misma lectura.

"Salga o no salga, nuestro voto está comprometido con el PSOE por escrito; si el PP quiere venir, se tendrá que sumar" apuntaba un miembro del equipo negociador. Cuatro días después, conscientes de que los populares tratarán de empujarlos a la izquierda para, con vistas a nuevas elecciones, recuperar al electorado fugado, matizan que su compromiso es solo con el contenido del acuerdo. "Si la investidura falla el día 5, el acuerdo programático sigue en pie", dicen. ¿Y qué ocurre con el apoyo al candidato? "Vamos a dejar hablar al Rey", replican. Ese asunto es importante, porque el PP está dispuesto a utilizar el texto de C's y PSOE como base para negociar su propia candidatura y, aunque en el partido de Rivera afirman que "no parece que Rajoy vaya a sumar ni un apoyo más de los que tenía cuando declinó", se reservan decir qué harían en caso de que los populares cambien de jinete.

'La paz de Westfalia'

Esta era una posibilidad que ya apuntaban algunos veteranos del partido, críticos tanto con el pacto como con la solemnidad que se le dio, con una firma de Sánchez y Rivera en la sala Constitucional del Congreso y sendos discursos en los que uno y otro se presentaron casi como los artífices de una segunda transición. "Es casi lo más insultante -apunta un barón crítico con la actuación de su secretario general- ¿Firmas un acuerdo que no vale para nada como si fuera la Paz de Westfalia y luego me preguntas que qué me parece?". En el documento de 65 páginas titulado 'Acuerdo para un Gobierno reformista y de progreso' hay algunas cesiones a Ciudadanos -al que durante la campaña los socialistas llamaban "las nuevas generaciones del PP"- que han servido a Podemos para argumentar su imposibilidad (en parte ficticia, porque no descarta volver a la mesa de negociaciones más adelante) de seguir hablando. Y en el propio PSOE hay fuertes resquemores.

"Este sacrificio se puede hacer si es para gobernar, pero si es para ir a elecciones, no", dice un exministro sobre la introducción de un nuevo tipo de contrato laboral que, a la larga, apunta, puede ser la antesala del denostado contrato único y del abaratamiento del despido. "Nos hemos quedado sin programa electoral -apunta otro destacado dirigente andaluz, convencido de que Podemos no facilitará nunca la investidura de Sánchez y de que habrá elecciones el 26 de junio-; la referencia ya será este acuerdo".

En realidad, nada está escrito. El propio Iñigo Errejón admitió el jueves que dos mese -el tiempo que puede transcurrir, según la Constitución antes de que haya que tirar la toalla y convocar nuevos comicios- "es mucho tiempo" y no quiso descartar ningún escenario, tampoco la abstención al pacto PSOE-C's que ahora critica. En el tiempo que queda por delante todo será, pues, una batalla por el relato. Si el discurso de que los socialistas se han escorado a la derecha le funciona, quizá el partido de Iglesias quiera volver a intentar arrebatar al PSOE su posición de partido hegemónico de la izquierda, algo que estuvo a punto de conseguir el 20 de diciembre y que, de hecho, logró gracias a sus coaliciones, en Madrid, Cataluña, la Comunidad Valenciana, Baleares, Galicia, País Vasco y Navarra.

El último mes ha sido muy fructífero para el PSOE. Al menos así lo veían hasta hace unos días afines y desafectos a Sánchez. "Ha crecido mucho", decían. "La gente ha visto que estamos haciendo todo lo posible para que haya un Gobierno y que es Podemos quien lo torpedea". El empeño de Pablo Iglesias en hablar de reparto de ministerios antes que de políticas, su defensa del referéndum catalán (un asunto delicado para el electorado progresista) o su negativa inicial a sentarse a dialogar mientras hubiera conversaciones en marcha con la formación centrista, acabaron pasando factura a Podemos. Pero a hora empieza una nueva partida.
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