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ELECCIONES GENERALES 2015

Un presidente a la defensiva y amarrado a las cifras ante la lluvia de reproches

  • El jefe del Ejecutivo optó por defender su honradez para atajar el mayor factor de desgate del PP, la corrupción

Mariano Rajoy, a su llegada al debate televisivo.
Mariano Rajoy, a su llegada al debate televisivo.
AFP
  • Colpisa. Madrid
Actualizada 15/12/2015 a las 06:00
Mariano Rajoy se vio obligado a jugar a la defensiva en un partido en el que Pedro Sánchez tiró a puerta una y otra vez. 24 horas antes de que comenzara el debate, en el palacio de la Moncloa confiaban en que el bagaje de cuatro años de Gobierno proporcionaran al presidente el armazón suficiente para imponerse a su adversario. Pero las intervenciones del jefe del Ejecutivo acabaron por convertirse en una justificación punto por punto de cada decisión adoptada desde 2011.

Rajoy, con traje oscuro presidencial y corbata azul, arrancó el cara a cara tratando de vender sus éxitos económicos. Repasó todos sus clásicos aprendidos de memoria y volvió al relato de aquella España que era "el enfermo de Europa" y que superó la quiebra. Pero su argumentario, preparado de manera exhaustiva por sus asesores, cayó en saco roto.

Le costó al presidente colar su mensaje ante la tormenta de acusaciones desde el otro lado de la mesa, hasta el punto de que se vio en la tesitura de negarlo todo. "No le acepto lo de los recortes", terminó por estallar el jefe del Ejecutivo, que se sumó al 'y tú más' y rescató la herencia socialista para tratar de cargarla a las espaldas de Sánchez.

Esa, la de demostrar que su rival también tiene un pasado, era una de sus bazas junto a los datos macroeconómicos. Pero las cifras se quedaron frías y Rajoy se resistió a desprenderse de ellas a pesar de que la "falta de piel" ha sido uno de los reproches de la legislatura. "Usted no da ni un dato, sólo lee una carta", protestó ante el mensaje de una vecina de Valladolid que traía consigo el líder del PSOE.

El equipo del presidente se había impuesto como objetivo lograr que los espectadores empatizaran con el jefe del Ejecutivo y se la jugó todo a la corrupción. "¡Soy un hombre honrado y limpio!", respondió enervado ante la lluvia de imputados del PP que se le venía encima mientras miraba de reojo los folios. Se había preparado a fondo para el momento de oro de la noche. Desde luego, si quería protagonizar un debate de los de "siempre", lo consiguió.


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