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ELECCIONES GENERALES 2015

Cataluña y París congelan la campaña electoral del 20-D

  • La respuesta unitaria a la declaración secesionista y los atentados yihadistas han sepultado la confrontación política para las elecciones

Artur Mas.
Artur Mas.
EFE
  • colpisa. madrid
Actualizada 22/11/2015 a las 06:00
Lo normal sería que a diez días del inicio de la campaña y a menos de un mes de las votaciones hubiera una saturación de mensajes electorales y de dimes y diretes entre los candidatos. Pues no. No hay nada de eso. El proceso independentista de Cataluña y los atentados yihadistas han silenciado el debate, han desplazado el eje de la dialéctica política y han metido en el congelador la campaña de las que se supone que van a ser las elecciones más importantes desde 1977. "La campaña es inexistente", confiesan en los comités electorales de todas las fuerzas políticas.

Si no fuera por los fichajes y las bajas de candidatos en Podemos o por las propuestas programáticas que a cuentagotas dejan caer los partidos, es difícil hacerse a la idea de que estamos en vísperas de las votaciones que van a revolucionar el escenario político de las últimas décadas. La secesión de Cataluña y los ataques terroristas en Francia han tendido un grueso manto que ha puesto sordina a todo. Las estrategias de precampaña se han arrumbado en los cajones y los candidatos se mueven al son que marcan otros. En este ambiente de desconcierto electoral solo se hace oír la voz que surge desde la Moncloa, donde Mariano Rajoy fija la agenda en función de los movimientos que se producen en París y Barcelona, y el resto sigue la pauta.

Aunque esperado, el Gobierno y el resto de fuerzas políticas se vieron sorprendidos por la velocidad de los movimientos de los secesionistas en Cataluña. No esperaban, aunque lo callen, que lo primero que hiciera la mayoría independentista fuera aprobar una declaración del Parlamento de apertura del proceso de secesión. "No lo vimos venir, no pensábamos que llegaría tan lejos", confesó en un arrebato de sinceridad Andrea Levy, miembro de la dirección del PP y número dos de su partido en Cataluña. De repente, el foco se dirigió a lo que ocurría en la Cámara catalana y la batalla electoral se diluyó.

Rajoy tocó a rebato, se puso en contacto con Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias y logró, cierto es que con las reservas del secretario general de Podemos, un cierre de filas en rechazo a la ruptura y en defensa de la unidad de España. El recurso al Constitucional para suspender la declaración separatista no encontró reparos en la oposición a pesar de las diferencias sobre la estrategia para encarar el desafío independentista.

En esas estaban los candidatos y sus partidos cuando el infierno abrió una franquicia en las calles de París. La unidad antiseparatista se reeditó en el capítulo antiterrorista. Los candidatos del PSOE y Ciudadanos volvieron a mostrar una amplia sintonía con la respuesta del presidente, mientras que el aspirante de Podemos, tras un patinazo inicial al tachar de instrumento de "venganza" al pacto antiyihadista, reculó con una propuesta de siete puntos para combatir el terrorismo islamista, recibida con parabienes por lo razonable del planteamiento. Rajoy, además, se ocupó y preocupó en tejer una red de complicidad con los otros candidatos. Lo contrario de lo que hizo José María Aznar tras los atentados del 11-M de 2004. De esa forma maniató las críticas y silenció las diferencias.

Este encapsulamiento de la campaña por razones de Estado ha sido una bendición política y electoral para Rajoy. Así lo admiten sin reparos en la Moncloa y en el PP, pero también en el resto de fuerzas políticas. Unidad nacional y lucha antiterrorista "son dos temas en los que, de manera natural, la sociedad se alinea con el Gobierno", acepta un alto dirigente socialista próximo a Pedro Sánchez. "Ojalá las elecciones se celebraran mañana", apunta un destacado dirigente popular. En la Moncloa desearían que esta se convierta en una foto fija hasta el 20 de diciembre. Sin debates ni acusaciones sobre la corrupción, "nuestro mayor lastre", en palabras del propio Rajoy, y con la crisis, la austeridad, el paro, la pobreza y los recortes perdidos en un rincón de los discursos.

‘NO A LA GUERRA’

El presidente del Gobierno, analiza un importante dirigente del PP, ha pasado de ser el responsable de la corrupción y del empobrecimiento a ser “el garante" de la unidad ante el desafío soberanista de Cataluña y de la seguridad ante la ofensiva yihadista. Los tambores del ‘no a la guerra’, los más temidos por los populares, no atronan las calles ni impregnan los discursos porque Rajoy se ha convertido en el primer pacifista. Nadie puede reprocharle tentaciones belicistas.

El líder del PP es el gran beneficiario del inesperado escenario político. Luce el traje de hombre de Estado y su prudencia y mesura, tanta veces criticada por lo que tiene de indolencia y pasividad, recibe ahora los parabienes generales. "Se trata de no pasarse ni quedarse corto" en la respuesta, tanto en Cataluña como en París. En el teatro catalán el presidente del Gobierno ha encontrado un aliado inesperado, la CUP. La resistencia del partido antisistema a investir a Artur Mas ha frenado el proceso separatista, que transita ahora por una fase valle apenas alterada en las últimas horas por la decisión de someter a un hipercontrol a las cuentas de la Generalitat. También el Gobierno francés ha contribuido a la tranquilidad de Rajoy al no presentar una demanda inmediata de apoyo militar en la lucha contra el Estado Islámico en Siria.

Pedro Sánchez, en cambio, se mueve incómodo, atrapado en las costuras del traje de hombre de Estado. No puede diferenciar el discurso socialista del que articula el Gobierno, su perfil se ha diluido tras el escudo de Rajoy. Intenta sin éxito plantear recetas distintas para Cataluña con su difusa oferta de reforma constitucional y hasta ha ido un paso más allá que el presidente del Gobierno en la respuesta a los atentados al defender una intervención militar en Siria bajo el paraguas legal de Naciones Unidas o la OTAN. Una postura que hizo fruncir el ceño a más de uno en el PSOE, un partido que tiene entre sus señas de identidad el pacifismo. Encima, los atentados del 13 noviembre en París arruinaron la puesta de largo de los socialistas en la precampaña, la conferencia política que debía aprobar el programa para el 20 de diciembre. Un cúmulo de circunstancias que alimentan al sector crítico. "Rajoy tiene todo que ganar y va a salir fortalecido, mientras que a nosotros nos va mal, en el partido hay desánimo y falta ilusión", diagnostica sin paños calientes uno de los disidentes más influyente en el PSOE.

"A CODAZOS"

Si el escenario beneficia al PP, y en menor medida a los socialistas, por su condición de grandes partidos con experiencia de gobierno, juega en contra de las fuerzas emergentes. Albert Rivera trata de abrirse paso "a codazos", según un alto cargo socialista; "quiere ser el primero de la clase en la asignatura catalana y la terrorista", dice un miembro de la dirección del PP. Alineado con el Gobierno sin matices, el líder de Ciudadanos ha desgranado algunas de las medidas más impactantes de su programa con la esperanza de romper el círculo de silencio electoral y ganar visibilidad en la bruma unitaria.

Algo que también ha intentado Pablo Iglesias porque para su estrategia ir a una campaña de la mano de la denostada casta de los partidos tradicionales es letal. Para Cataluña, un referéndum el próximo año; contra el yihadismo, sí a la unidad, pero sin venganzas. Si un partido hubiera rentabilizado el ‘no a la guerra’ ese hubiera sido Podemos, pero la cautela del presidente del Gobierno ha desmontado ese escenario.

Rajoy desearía que todo siga como hasta ahora y llegar a las elecciones en la cresta de la ola como el líder político adecuado para el momento. Algo que, dicen en el PP, ya se detecta en las encuestas, en las que han mejorado en los últimos días sus alicaídas expectativas electorales gracias a los indecisos que han dejado de serlo. Los populares sostienen que el elevado número de ciudadanos que decían no saber si iban a votar ni a quién ha adelgazado en su favor.

Todo lo contrario de lo que pretenden los otros tres candidatos, que anhelan un cambio de pantalla política, convencidos de que una vuelta a la arena electoral previa a la declaración independentista y a los atentados juega a favor de sus intereses, y en contra de los de Rajoy y el PP.


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