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Rajoy no quiere nuevas elecciones e insta a Convergència a rectificar

  • El presidente demoniza el pacto con la CUP, mientras el PSC ofrece su apoyo a Mas a cambio de renunciar a la ruptura

Mariano Rajoy durante una rueda de prensa con motivo de la décima cumbre del G20.
Mariano Rajoy durante una rueda de prensa con motivo de la décima cumbre del G20.
EFE
  • colpisa. madrid
Actualizada 17/11/2015 a las 06:00
Ni repetición de elecciones al Parlamento de Cataluña ni acuerdo con la CUP. Lo que quiere Mariano Rajoy es que Convergència -no ya Artur Mas, al que ni siquiera mencionó hoy- recapacite y opte por abandonar el pulso que mantiene con el Estado con la defensa del derecho a la independencia como fuerza motriz. Algo parecido a lo que hizo en su día el PNV tras el fracaso del ‘plan Ibarretxe’ y su caída electoral en las autonómicas de 2009.

El presidente del Gobierno argumentó que las cosas han llegado a un punto en el que cualquier solución de las que parecen haber puesto sobre la mesa los componentes de Junts pel Sí "es mala". "Un diálogo entre CiU, que es un partido de derecha, y la CUP es algo que no tiene ningún sentido -dijo obviando que la coalición entre Convergència y Unió se rompió hace meses y que el partido de Duran ni siquiera obtuvo representación parlamentaria el 27 de septiembre-, pero ya la repetición de elecciones por cuarta vez en cinco años no sé si tiene menos sentido todavía".

No fue más allá. A diferencia de lo que ha hecho en varias ocasiones el líder del PSC, Miquel Iceta, el presidente del Gobierno eludió ofrecer de manera explícita salida alguna al bloqueo institucional en el que se encuentra Cataluña tras los últimos comicios autonómicos. El apoyo de los once diputados del PP a un candidato convergente que se desmarcara del soberanismo bastaría por si solo para sacar adelante la investidura, pero cosa distinta sería la formación de un ejecutivo integrado por distintos partidos. De todos modos, esa idea no está en la cabeza de Rajoy.

En su comparecencia en una rueda de prensa en la ciudad turca de Antalya, en la que concluyó hoy la cumbre del G-20, Rajoy se limitó a insistir en que la "responsabilidad" de lo que está ocurriendo la tienen los líderes políticos que pretenden imponer la secesión y reiteró su eterna advertencia: "Lo que como presidente del Gobierno en ningún caso voy a aceptar -insistió- es que unilateralmente se pretenda liquidar la unidad de España y privar a los españoles de su derecho a opinar lo que tiene que ser su país u obligue a los catalanes a elegir entre ser catalán o ser español y europeo".

TERCERA VÍA

En este escenario, el PSC aprovechó de nuevo la coyuntura para erigirse como alternativa y ofrecerse para poner fin "al ridículo" que protagonizan, a juicio de los socialistas catalanes, Convergència y los integrantes de su lista electoral. Miquel Iceta presentó su proyecto como la recurrente tercera vía, la salida a ese callejón en el que sólo se contempla o un acuerdo con la CUP o elecciones anticipadas en Cataluña.

Ante la incapacidad de Mas para cerrar un pacto con los independentistas que facilite su investidura, y con la intención de evitar nuevos comicios, Iceta tendió la mano a Junts pel Sí para configurar "un Gobierno de unidad catalanista y progresista", que trabajaría para "fortalecer el autogobierno, mejorar la financiación y llegar a un nuevo pacto con el resto de España".

El ofrecimiento, sin embargo, más allá del gesto político, no pasa de ser un brindis al sol. Las exigencias del PSC para aproximar posturas con Junts pel Sí hacen inalcanzable el consenso. Para conformar el Ejecutivo que esbozan los socialistas, Mas y los suyos deberían revocar la resolución independentista aprobada hace una semana en el Parlamento autonómico y "aparcar" la hoja de ruta secesionista. En resumen, Junts pel Sí tendría que renunciar al programa con el que se presentó a las elecciones y dejar de lado las aspiraciones de ruptura con España.

En el fondo, unos y otros confían en la "rectificación", si no de los sectores independentistas, sí al menos de Convergència, que hoy por hoy, tal y como lo entiende Iceta, "mendiga" respaldos para mantener a su líder en el poder. De ahí que el PSC llame a Mas a la reflexión y a preguntarse "por qué en 2010, también con 62 diputados, podía gobernar en solitario y ahora no".

No es la primera vez que los socialistas recurren a este planteamiento de gobierno transversal tras rechazar en reiteradas ocasiones hacer frente común con el PP y Ciudadanos contra el secesionismo.


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