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RESIDUOS NUCLEARES

El municipio de Villar de Cañas quiere su cementerio nuclear

Poco vecinos de la localidad conquense se oponen a un almacén de desechos radiactivos que la mayoría ve como su salvación

El municipio de Villar de Cañas quiere su cementerio nuclear
Entrada al municipio conquense de Villar de Cañas.
EFE
  • COLPISA. MADRID
Actualizada 02/08/2015 a las 06:00
Cuando el 30 de diciembre de 2011 el Consejo de Ministros hizo público que había elegido el pequeño pueblo conquense de Villar de Cañas para albergar el cementerio nuclear español, denominado técnicamente Almacén Temporal Centralizado (ATC), el alcalde de este municipio, José María Saiz, expresó la misma opinión de la mayoría de sus 400 vecinos: "Nos ha tocado la lotería". Tres años y medio después, Saiz, del PP, sigue siendo alcalde y continúa pensando igual. Durante ese tiempo el proyecto nuclear ha avanzado lentamente, bastante menos que Villar de Cañas. Su población ya supera los 600 habitantes y se han abierto nuevos negocios pensando en un futuro prometedor que han convertido a esta localidad en el Oregón de La Manchuela conquense. La fiebre del oro estadounidense se transforma aquí en la del uranio.

El año 2018 era la fecha que barajaba la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) para la puesta en marcha del ATC. Pero problemas técnicos -el Consejo de Seguridad Nuclear ha exigido informes sobre la seguridad de la instalación y las características del suelo donde se asentará- y los resultados de las elecciones del 24 de mayo han colocado el proyecto en la cuerda floja. El nuevo presidente de Castilla-La Mancha, el socialista Emiliano García-Page, prometió durante la campaña que lucharía contra el cementerio nuclear y lo ha cumplido iniciando los trámites para ampliar la protección de la laguna de El Hito, próxima a Villar de Cañas, como Zona de Especial Protección de Aves y así torpedear el proyecto del ATC. Como excusa: proteger a las grullas y a las avutardas que sobrevuelan esta comarca en primavera.

La noticia ha sido un duro latigazo para el alcalde de Villar de Cañas y para los emprendedores que en estos tres años y medio se han atrevido a invertir en un negocio. Es el caso de Luis Bilbao, que regresó a su pueblo desde Madrid después de quedarse en paro tanto él y como su esposa. Luis abrió un hostal el año pasado "que continuamente tiene gente, aunque ahora menos" y para ello pidió un crédito de unos 100.000 euros a devolver en 15 años. "Volví con la esperanza de un futuro para mi esposa y mis dos hijos pequeños, porque veía posibilidades de trabajo pero esto de las grullas no tiene sentido y es una artimaña", se queja Luis. Su misma crítica es compartida por la mayoría de los vecinos de Villar de Cañas, sobre todo por quienes han abierto un gimnasio, una granja, bares, restaurantes y un supermercado, y por dos empresarios que estaban pensando en inaugurar sendos hoteles.

TRABAJO O RUINA

Si en la España rural la despoblación es uno de sus grandes problemas, este pueblo de Cuenca es la gran excepción tras décadas de incesante emigración de sus vecinos a Madrid, Valencia y Barcelona, pues no ha habido alternativa al surco y el yugo. "La gente de aquí sólo piensa en trabajar, alquilar sus casas y que vengan inversiones al pueblo", explica el alcalde, que repite una y otra vez una advertencia: paralizar el proyecto del cementerio nuclear "mata a una veintena de pueblos de esta comarca". José María Saiz, incansable defensor del ATC, arrasó en las elecciones municipales del pasado 24 de mayo. Obtuvo 216 votos frente a 74 del PSOE. Apoyo masivo de sus vecinos entre los que es complicado encontrar a alguien que no quiera el cementerio nuclear y menos que lo afirme abiertamente.

"El ATC supone trabajo, riqueza e investigación. Creará 150 empleos cuando esté listo y cerca de mil durante la construcción de las instalaciones. Ahora mismo hay cien personas trabajando en adecentar las carreteras de acceso y harán falta decenas de vigilantes jurados para el vivero, el almacén, los laboratorios y las empresas que vengan", argumenta el alcalde para defender la ubicación en su pueblo del almacén que albergará los residuos nucleares de España a lo largo de cien años.

Incluso el recién aprobado Plan de Ordenación Municipal de Villar de Cañas prevé una población de 1.824 habitantes en el futuro, frente a los 668 actuales. Un sueño demográfico si el ATC vuela del pueblo.

Las grullas y las avutardas son para los vecinos de Villar de Cañas lo mismo que los cuervos y los estorninos para Tippi Hedren en 'Los Pájaros' de Hitchcock, toda una amenaza, pero no todos están descontentos. Los agricultores de la zona hacen números con lo que podrían ganar gracias a la ampliación de la reserva natural de la laguna de El Hito. Y es que las grullas, en su migración, se comen la simiente de la cebada, el trigo del suelo y los brotes de las plantas. Los agricultores afectados no cobrarían indemnización, pero si se amplía la reserva natural a sus parcelas "podremos acogernos a futuras compensaciones", reconoce Natalio Sanz, agricultor de Villarejo de Fuentes (Cuenca). A ellos nadie les ha consultado sobre el cementerio nuclear o la ampliación de la reserva natural de la laguna, pero son los únicos que ven con buenos ojos decir adiós al cementerio nuclear de Villar de Cañas.



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