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Política

Rajoy carga en el PP el peso de la responsabilidad por el 24-M

  • A meses de las generales, cuando poco queda por hacer, la Moncloa se desplaza a la sede del partido para afrontar la situación

María Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy.
María Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy.
EFE
  • Colpisa. Madrid
Actualizada 21/06/2015 a las 06:00
Si no pretendía buscar culpables, no lo pareció. El presidente del Gobierno cargó el peso de la responsabilidad por el 24-M en el PP. La dirección del partido pagó esta semana las últimas frustraciones electorales de Mariano Rajoy, que, férreo defensor de la gestión llevada a cabo desde la Moncloa y los Ministerios, ha decidido retocar la cúpula del partido, a la que considera su talón de Aquiles en la pugna por conseguir la mayoría suficiente que le permita seguir gobernando. A pesar de que las decisiones "duras" adoptadas para hacer frente a la crisis son, según el jefe del Ejecutivo, la principal causa de la decepción y el hartazgo de los ciudadanos, y que todas ellas fueron adoptadas por el Gobierno, Rajoy deja entrever con sus movimientos que es el PP el que falla y ha fallado en estos años.

Está absolutamente convencido de que el Ejecutivo ha hecho lo que debía hacer y esa es su principal reivindicación, module o no el discurso para acercarse a los votantes en año electoral. Puede asumir que medidas como las subidas de impuestos o los incumplimientos electorales han "golpeado" a la ciudadanía y que los avances en materia económica son percibidos como "insuficientes". Ahora bien, nunca cederá en el convencimiento de que su equipo gubernamental "ha acertado en lo fundamental" y ha hecho "lo importante". Uno de sus colaboradores lo sostenía el pasado jueves en términos generales: "El Gobierno funciona muy bien; lo que funciona, no se toca".

En el diagnóstico del presidente, las lagunas están ubicadas en el partido, que en estos años no habría sabido explicar ni transmitir lo que se gestaba en el Ejecutivo. Traducido, en la lógica de Rajoy, se podría decir que la capacidad de comunicación del PP no ha estado a la altura de la actividad del Gobierno. La "comunicación" fue, de hecho, el principal problema que detectó en público el día después del batacazo de los resultados en los comicios del 24 de mayo. Carlos Floriano le había regalado ya en la precampaña la frase del reconocimiento de un error: "Nos ha faltado darle un poco de piel a cada cifra positiva". Así que el ahora exvicesecretario de Organización y exdirector de campaña ha terminado por convertirse en la víctima fácil. Castigado tras el retroceso en las urnas, pasará el último tramo de la legislatura en el grupo parlamentario como portavoz adjunto. Él ha sido, sin embargo, el guardián y el rostro del PP en los últimos meses, con María Dolores de Cospedal desaparecida, sin apenas comparecer en la sede, y más centrada tanto en el Gobierno de Castilla-La Mancha como en su propia campaña electoral, tras la que no ha podido conservar el Ejecutivo regional. Dirigentes populares lamentan desde hace meses el papel jugado por Cospedal y la "falta de dirección" en el PP.

Hace cuatro años, Rajoy depositó el partido en manos de la secretaria general. Ella había sido uno de sus puntales en la crisis de liderazgo de 2008. Sin importar las críticas que fue cosechando su número dos, censurada por muchos por la forma en que llevaba la vida interna del partido, el presidente siempre encontró el momento de respaldar a quien le ayudó a conseguir "los mejores resultados electorales" de la historia del PP. Aun cuestionada por su manera titubeante de reaccionar ante los casos de corrupción, especialmente el del extesorero Luis Bárcenas, Rajoy mostró en todo momento a Cospedal su agradecimiento por lidiar con "situaciones muy complejas".

Eso fue así hasta el jueves, cuando ni tan siquiera nombró a su mano derecha. La mantiene como secretaria general, pero en la práctica desdibuja su rol y vacía de poder sus funciones. La continuidad en el cargo es el premio de consolación. "Rajoy descubre cada cierto tiempo que su equipo no es su equipo y lo cambia", ironiza un miembro del partido. Es lo que ha hecho en la remodelación de la cúpula. Redefinir su núcleo duro formado por su jefe de gabinete y nuevo hombre fuerte y director de la campaña, Jorge Moragas; por el vicesecretario de Política Autonómica y Local, Javier Arenas; y ahora con la colaboración de Pablo Casado en las funciones de portavoz. Los cambios suponen una apuesta por sí mismo.

Fuentes del PP apuntan que el presidente ha diseñado más que una dirección de partido, un amplio comité de campaña para llegar como candidato a los comicios generales. Un comité hecho a su medida en el que él se pone a la cabeza para dirigir la formación y coordinarla con el Gobierno una legislatura después de haber relegado por completo sus funciones de líder del PP. A pocos meses para la convocatoria de las elecciones, la Moncloa se desplaza a la calle Génova de Madrid, los esfuerzos se centran en un partido en precampaña cuando poco queda por hacer desde el Ejecutivo. Dirigentes populares temen, sin embargo, que quizás sea tarde para maniobrar y que surta efecto en las urnas. Las mismas fuentes no comprenden por qué Rajoy ha tardado tanto en actuar y que haya desaprovechado la ocasión de reemplazar a la secretaria general por alguien que conozca suficientemente el partido como para darle la vuelta en poco tiempo.

COSMÉTICA ELECTORAL

La renovación del segundo escalafón del PP, con rostros nuevos y jóvenes en las vicesecretarías, salvo Arenas, responde más a las exigencias del guión que se ha impuesto en los últimos tiempos, en los que la imagen, y parece que hasta la edad, cuentan, y mucho. Pero, en el fondo, se advierte sobre la poca capacidad organizativa que podrán tener los recién llegados con tan solo cuatro o cinco meses por delante para hacerse con la dirección nacional y definir su proyecto.

El aterrizaje de la catalana Andrea Levy a Estudios y Programas; Javier Maroto, al área Sectorial; y Fernando Martínez Maíllo, a Organización, es, a juicio de algunas fuentes, la parte más "cosmética" del plan de Rajoy. Se trata simplemente de mostrar rejuvenecimiento, modernidad y limpieza de la cúpula. En este sentido, no acaba de encajar el nombramiento de Martínez Maíllo, encausado y pendiente del proceso que investiga a los consejeros de Caja España por administración "desleal" de la entidad.

La verdadera renovación se producirá, en cualquier caso, en el congreso del partido en 2016 con la incógnita de las generales ya resuelta. Hasta entonces, el cambio de imagen y la inclinación del discurso hacia la autocrítica y un mayor acercamiento a la realidad social formarán parte de la estrategia para reconquistar a los votantes fugados a otras formaciones, como Ciudadanos, en el espectro del centro ideológico, o instalados a día de hoy en la abstención.

Lo había advertido el entorno de Rajoy en los últimos días. Las revoluciones no son el estilo del presidente. Pero prácticamente todos en el PP admiten que, aunque puedan resultar insuficientes, los movimientos son más significativos de lo que cabía esperar. Hace tan solo tres semanas, nada de esto entraba en los planes del jefe del Ejecutivo. Hoy, sin embargo, tras haber reaccionado casi a regañadientes y presionado por los suyos, muchos sospechan que el amago de despertar puede haberse producido demasiado tarde.


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