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Elecciones autonómicas 2015

Las negociaciones preven una mayoría de gobiernos en minoría

  • De los 193 gobiernos que se han constituido desde 1980 hasta ahora, 75 han sido de coalición, casi el 40% del total

  • Colpisa. Madrid
Actualizada 06/06/2015 a las 21:22
"Los pactos se alcanzarán en el último minuto". El pronóstico es de José Luis Rodríguez Zapatero hace unos días. Hasta que se sustancien, añadía, habrá momentos en que parecerá que todo se va a ir por la borda o que está a punto de caramelo para volverse a romper. Es una historia tan vieja como la política porque es inherente a ella. Antes de las elecciones se hacían augurios dramáticos, incluso catastrofistas, con la "nueva etapa" que se iba a abrir ante la obligatoriedad de llegar a acuerdos.

De nueva, nada; la historia autonómica de España está plagada de alianzas y coaliciones. De los 193 gobiernos que se han constituido desde 1980 hasta ahora, 75 han sido de coalición, casi el 40%. Pero sí es distinta porque se han incorporados dos elementos que antes no entraban en juego: los nuevos actores políticos y la gran cantidad de pactos que hay que trenzar ante la inexistencia de mayorías absolutas.

Las fuerzas políticas sienten estos días el vértigo del que transita por un territorio desconocido. El PP se ha acostumbrado en los últimos años a gobernar con mayorías absolutas, tanto en las comunidades como en los consistorios, y en los contados casos que ha tenido que pactar lo ha hecho con fuerzas de corte regional que de ninguna manera se planteaban arrebatar a los populares la hegemonía en el mundo conservador.

El PSOE tiene más práctica en pergeñar alianzas territoriales y municipales por su tendencia electoral decreciente de los últimos tiempos, pero tampoco se había topado con un partido que quisiera disputarle con posibilidades la primacía en la izquierda. Esta diferencia no implica que los socialistas sean más pactistas y los populares, menos. Con los datos del Observatorio de los Gobiernos de Coalición en España, se puede comprobar que en los últimos 35 años el PSOE ha participado en 28 ejecutivos autonómicos pluripartidistas y el PP en 24. Una diferencia corta. Con la irrupción en escena de Podemos y Ciudadanos el tablero ha saltado por los aires. Ambas formaciones quieren disputar a los dos grandes sus respectivos espacios ideológicos, y en las elecciones del 24 de mayo dieron un buen zarpazo que ha hecho que populares y socialistas se hayan replanteado las cosas.

Ahora, tanto la formación morada como la naranja se enfrentan al reto de asumir la responsabilidad que les han dado los ciudadanos y gestionar ese capital político o reservarse con la mirada puesta en las elecciones generales. Si no se implican a fondo en la negociación autonómica y municipal "pueden cometer un tremendo error al no ejercer su capacidad de influencia", advierte Josep María Reniu, autor de 'Los gobiernos de coalición de las comunidades autónomas españolas'. Esa situación se da ahora mismo en Andalucía, abunda el politólogo y profesor universitario Pablo Simón, donde existe un bloqueo porque los partidos que lideran Pablo Iglesias y Albert Rivera subordinan su actuación a las perspectivas para los comicios legislativos de fin de año o a los acuerdos en otros territorios y ayuntamientos.

EFECTOS COLATORALES

Ese comportamiento no es solo atribuible a los nuevos partidos PP y PSOE también practican el 'quid pro quo', de forma que la estrategia en una comunidad está encadenada a lo que ocurra en otras partes. El escenario, afirma Reniu, es "multidimensional" con efectos colaterales, un panorama que va a dificultar los acuerdos hasta el último instante porque deben acompasarse muchas piezas. De momento, los contactos no pasan de la etapa del galanteo, con la exhibición por parte de cada fuerza política de sus planteamientos máximos en un ejercicio de innegable tacticismo que conducirá a las rebajas cuando el calendario apriete.

Nada nuevo bajo el sol, aunque ya se apuntan algunas conclusiones
Las legislaturas autonómicas que se avecinan se van a caracterizar por los gobiernos en minoría. Ni Podemos está dispuesto a entrar en gobiernos que presidan los socialistas ni Ciudadanos quiere tener carteras en ejecutivos del PP.

Con este planteamiento las coaliciones gubernamentales van a ser 'rara avis', una de ellas puede ser la de Canarias, donde nacionalistas y socialistas están dispuestos a repetir la experiencia, exitosa en términos electorales para ambos, de los últimos cuatro años. No es una buena noticia para la estabilidad política porque los gobiernos unipartidarios en minoría son los más inestables. Pablo Simón, también miembro del colectivo Politikon, recuerda que su duración media no llega a los tres años y suelen conducir a elecciones anticipadas, máxime ahora que casi todas las comunidades tienen esa potestad tras la reforma de sus estatutos de autonomía. El profesor Reniu aconseja para estos casos la firma de "un acuerdo escrito y público" con el objetivo "de garantizar la supervivencia (del acuerdo) durante toda la legislatura".

En cambio, los ejecutivos formados por coaliciones mayoritarias superan los tres años de vida y son la fórmula más estable cuando hay un entorno político fragmentado sin mayoría absoluta. Pero no parece que en esta oportunidad vayan a ir por ahí los tiros. La proximidad de las elecciones generales juega en contra de esta alternativa porque ningún partido quiere desempeñar el papel secundario y llevar el sanbenito de la subordinación a otro, una circunstancia casi siempre castigada en las urnas.

PACTOS DE PERDEDORES

La ausencia de coaliciones traerá aparejada también el final de la costumbre de repartir los ejecutivos en función de las consejerías o de las cuotas presupuestarias. Un sistema muy utilizado en la historia de los pactos postelectorales autonómicos o municipales, y que daba pie a los reinos de taifas dentro de un mismo equipo y que ha sido fuente de prácticas corruptas. Todas las fuerzas políticas prometen ahora sellar acuerdos sobre bases programáticas y desdeñan las sillas y las cuotas de poder. Se habla de la nueva etapa, los emergentes añaden el concepto de la nueva política, pero los prolegómenos son tan clásicos como siempre. Reuniones secretas, opacidad sobre lo tratado y, por ende, la sospecha de pactos inconfesables.

Mariano Rajoy, como antes otros dirigentes del PP, sostiene que el elemento que más distorsiona esta nueva fase de la política es el pacto de los perdedores para aislar a su partido, una práctica que considera "antidemocrática", además de generar "inestabilidad". Pero los acuerdos entre segundas y terceras fuerzas para desbancar a la primera no son un fenómeno nuevo. Sucedió, por citar los ejemplos más próximos, en Andalucía en 2012, cuando PSOE e IU gobernaron juntos pese a que el PP fue el más votado; en el País Vasco hubo pacto en 2009 entre el PSE y el PP aunque el PNV había sido la primera fuerza; y en Cataluña en 2003 y 2006, cuando el tripartito de PSC, Esquerra e Iniciativa gobernó pese a que CiU tenía más escaños. Todos los acuerdos subsistieron más de tres años y no supusieron focos de inestabilidad. El concepto de pacto de perdedores, según el profesor Reniu, "carece de sentido" porque si los partidos no ganadores "son capaces de articular una mayoría lo suficientemente sólida para gobernar están plenamente legitimados para ello". Simón también apunta que la polémica de que es más democrático que gobierne la lista más votada o la alternativa fruto del acuerdo y la transacción "está y seguirá con nosotros un tiempo".

En definitiva, que una opción no invalida la legitimidad de la otra y que habrá que acostumbrarse a convivir con ello, al menos durante los próximos cuatro años.


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