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Tarjetas opacas de Caja Madrid

El 'silencio de los corderos' de Caja Madrid con las black asombra al juez

  • Fernando Andreu da por hecho que el expresidente Blesa eliminó la supervisión sobre los altos cargos

El expresidente de Caja Madrid Miguel Blesa a su salida de la Audiencia Nacional este lunes
El expresidente de Caja Madrid Miguel Blesa
EFE
  • Colpisa. Madrid
Actualizada 09/03/2015 a las 09:51
Referencias cinematográficas aparte, la mayoría de los 27 exconsejeros de Caja Madrid y Bankia imputados por el escándalo de las llamadas tarjetas black, que declararon ante el juez Fernando Andreu a mediados de febrero, se esforzaron en hacerle creer que ellos fueron simples corderos ante los manejos del expresidente de la entidad, Miguel Blesa, y, en todo caso, de su círculo más estrecho de colaboradores. Quisieron justificar de este modo su silencio cómplice ante los desmanes financieros de aquel lobo.

Pero para el instructor del caso Bankia, esa versión exculpatoria, en la que los beneficiarios de esas polémicas tarjetas Visa se limitaban a “recibir y usarlas a libre disposición”, resulta poco menos que increíble. Es lo que se desprende de las actas de las más de treinta declaraciones realizadas hasta la fecha en este procedimiento.

El propio representante de la Fiscalía Anticorrupción, Alejandro Luzón -que discrepa del magistrado en otros temas (por ejemplo, en la validez del informe de los peritos judiciales sobre la salida aparentemente irregular a bolsa de Bankia)-, coincide en que los consejeros de la caja de ahorros no podían ser meros testigos silentes de prácticas sospechosas.

“¿Para qué está el órgano de administración? ¿No sirve para nada?”, preguntó a algunos, harto de escuchar cómo tiraban balones fuera cuando les interrogaba sobre las tarjetas B, inicialmente previstas “exclusivamente” para gastos de empresas y que luego derivaron en una barra libre.

Uno de esos exconsejeros, ahora imputados, era José Manuel Fernández Norniella, a quien Rodrigo Rato llevó a Caja Madrid porque fue uno de sus hombres de confianza en su etapa como ministro de Economía.

“No tengo ni idea de dónde se podían incluir en el informe corporativo esos gastos”, reconoció al juez, tras intentar justificar antes que las controvertidas tarjetas se computaban de forma regular y sin oscurantismos. “Se supone... que toda la estructura, todas las auditorías, todo el sistema tiene que tratar adecuadamente esas cosas”, insistió en su declaración.

Mera suposición, sin embargo, porque él mismo añadió después que “un consejo no entra en esa profundidad”. “En Caja Madrid, el único que tenía capacidad para representar a la entidad era su presidente; los consejeros, no”, matizó a su vez otro exmiembro de ese órgano, Jesús Pedroche.

CON EL CONSENTIMIENTO

Su compañero Estanislao Rodríguez Ponga fue incluso más claro en este aspecto: “El consejo de administración se reunía cuando el presidente convocaba, y este fijaba el orden del día”. “Pero no se discutían los temas, no se podía salir del orden señalado”, advirtió.

Esta imagen de un consejo que, en apariencia, ni pinchaba ni cortaba en la entidad, solo resulta plausible para juez y fiscal si contaba con la anuencia de sus propios integrantes. Su arrepentimiento tardío -“No sé si debí tener otra actitud” llegó a reconocer Pedroche, “pero lo cierto es que no la tuve y lo siento”- no les resulta muy convincente ni al juez ni al fiscal.

Para eso, ambos se apoyan también en el testimonio de Jaime Terceiro, presidente de Caja Madrid entre enero de 1998 y septiembre de 1996 -después llegaría Blesa, relevado por Rato casi en febrero del 2010-, que el instructor considera clave.

Preguntado por algunas defensas sobre si había una “lista o catálogo de gastos conceptuados como de empresa” a los que debían limitarse las tarjetas, el financiero -ahora consejero de Bankinter- dijo no recordarlo, para a continuación espetarles un golpe moral severo: “Estamos hablando de consejeros de una de las primeras instituciones financieras del país, que debían tener un criterio suficientemente profesional para distinguir unos (gastos) de otros”. “El criterio -añadió- era en cualquier caso menos elástico”.

Para Andreu y Luzón resulta “inconcebible”, parafraseando a Terceiro, que profesionales de la importancia de dos exsecretarios de Estado -Rodríguez Ponga en Hacienda y Norniella en Comercio-, líderes de la patronal, destacados dirigentes sindicales, altos cargos de partidos e incluso directivos con larga experiencia en el sector financiero no fueran conscientes de lo que ocurría.

SIN LÍMITES

Las tarjetas tienen su origen con Terceiro -sendas actas del consejo en 1988 y 1995 las recogen-, pero solo para gastos de empresa. Blesa eliminó los límites a su uso -pasaron a ser de libre disposición, “con una lógica y prudencia”, según algunos usuarios-, lo que en la práctica suponía multiplicar hasta por veinte los emolumentos anuales de un consejero.

“El contrato -original- de una tarjeta puede ser modificado después sin firmar uno nuevo, bastaría con un pacto verbal entre las partes”, dijo Terceiro para explicar cómo se pudo “desnaturalizar” su sistema de dinero de plástico solo para representación profesional. Después se darían nuevas tarjetas -Visa Business- con PIN para sacar dinero del cajero y se cargarían en cuentas distintas.

EL JUEZ INTERROGA ESTA SEMANA A LOS ÚLTIMOS 37 IMPUTADOS EN EL CASO

El juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu culmina esta semana los interrogatorios a los usuarios de las tarjetas opacas de Caja Madrid imputados, entre ellos el exjefe de la Casa Real Rafael Spottorno o el exsecretario del consejo de administración de la entidad Enrique de la Torre.

Precisamente, será De la Torre, que gastó 304.818 euros y a quien muchos de los imputados señalaron como la persona que les entregó su visa y les enseñó cómo utilizarla, el que inaugure esta nueva tanda de declaraciones.

En total, el juez Andreu citó a lo largo del proceso a 67 de los 82 usuarios de las tarjetas opacas que cargaron 15,5 millones de euros entre 1999 y 2012, dos de los cuales -Mercedes de la Merced y Pedro Bugidos- ya fallecieron.


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