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Clan Pujol

Jordi Pujol, su historia con la justicia se repite 30 años después

  • Como presidente de la Generalitat declaró ante el juez en 1984 por el 'caso Banco Catalana'; ahora le toca explicar la fortuna de su familia
  • El expresidente catalán salió victorioso de la querella de hace 30 años, pero ahora, solo y repudiado por su partido, tiene malas expectativas judiciales

Jordi Pujol.

Jordi Pujol

EFE
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04/01/2015 a las 06:00
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  • Colpisa. Madrid
Era un 2 de octubre de 1984, cuando Jordi Pujol declaró en su confortable despacho de presidente de la Generalitat ante el juez por el 'caso Banca Catalana'. El próximo 27 de enero volverá a verse ante otro magistrado imputado en la causa abierta por la fortuna familiar oculta en el extranjero. Pero ahora responderá como un ciudadano de a pie, sin las prerrogativas del gobernante y tendrá que desplazarse hasta un juzgado ordinario. Treinta años largos separan ambas citaciones y las circunstancias para el padre del nacionalismo moderno de Cataluña son la cara y la cruz; en 1984, con 54 años, estaba arropado en la cumbre del poder, ahora, con 84, soporta la intemperie del apestado.

Entre ambas declaraciones planea la sombra de don Florenci Pujol. El padre de Jordi, animado por su hijo, y el tratante de piedras preciosas Moisés Tenembaum pagaron 12 millones de pesetas de las de 1959 por la minúscula Banca Dorca, nueve empleados y apenas 46 millones en depósitos. Fue el embrión de Banca Catalana, una entidad que en poco más de dos décadas logró hacerse un nombre en el firmamento financiero con dos millares de empleados y 260.000 millones de pesetas depositadas en 1981. Hasta que a comienzos de los ochenta el Banco de España detectó un agujero del orden de los 130.000 millones de pesetas, 780 millones de euros. El entonces fiscal general del Estado, Luis Burón Barba, ordenó en mayo de 1984 querellarse contra el presidente catalán pese a las reticencias de los fiscales catalanes. Como se ve, la escasa disposición del ministerio público en Cataluña a proceder contra Pujol no es una novedad. Ocurrió entonces y ahora con el 9-N.

En el 'caso de Banca Catalana', Pujol fue acusado de apropiación indebida de fondos del banco en el que nada más salir de la cárcel fue gerente y llegó a vicepresidente, pero que controlaba todo el consejo de administración. La Fiscalía y la Policía, por más que investigaron, no lograron dar con su paquete accionarial valorado en 600 millones de pesetas, 3,6 millones de euros. El entonces presidente catalán alegó que había donado las acciones a una misteriosa Fundació Catalana y llegó a presentar algún documento que pretendía ser probatorio, pero nunca pudo verificarse y siempre quedó la duda de si vendió sus participaciones en el extranjero, como sospecharon siempre los investigadores.

En 1986, la Audiencia de Barcelona por 33 votos contra ocho decidió no procesar a Pujol por ausencia de indicios de criminalidad y falta de pruebas. El caso fue archivado en 1990 y del paquete accionarial nunca más se supo. Ese dinero es para algunos biógrafos del expresidente catalán el origen de su fortuna.

Tras un costoso rescate de 300.000 millones de las arcas públicas, los restos de Banca Catalana se quedaron en poder del Banco de Vizcaya, hoy BBVA, y, según Félix Martínez y Jordi Oliveres, autores de la obra '¿Quién es Jordi Pujol?', el fallecido presidente de la entidad, Pedro de Toledo, pagó ocho millones de euros con los que Marta Ferrusola y sus siete hijos habrían abierto ocho cuentas en Andorra con un millón en cada una. Es otra teoría de la procedencia del dinero.

CÓNCLAVE FAMILIAR

El 12 de julio pasado, una casa rural en la localidad francesa de Latour de Carol registraba una intensa actividad. Una veintena de personas llegadas en sus coches iban y venían. La familia Pujol-Ferrusola al completo, cónyuges incluidos, estaba reunida en la vivienda que Josep, el segundo hijo y único que no está imputado, posee en la Alta Cerdaña francesa. Cinco días antes se había publicado que la jefa del clan y tres de sus hijos habían ingresado en la Banca Privada de Andorra 3,4 millones de euros que tenían depositados en Andbank.

En el cónclave, el expresidente, que ya había consultado con abogados y asesores fiscales, lleva la voz cantante. Se decide que hará una confesión pública sobre el dinero y los miembros de la familia con cuentas en Andorra regularizarán su situación con Hacienda. El 25 de julio revela que su familia, no él, recibió una herencia de su padre Florenci, un dinero indeterminado que no dijo dónde estaba depositado, se supone que en Andorra o Suiza, y que hasta ahora no había encontrado tiempo para regularizar. Unos pasos que se dan con la vana intención de solventar el problema.

Pero los tiempos han cambiado. En 1984, logró su primera mayoría absoluta con CiU nada más plantearsela querella contra Banca Catalana y aquella acusación fue respondida con una gigantesca movilización, se calculó que 200.000 personas se manifestaron en los aledaños del Palau de la Generalitat. El nacionalismo cerró filas con Pujol, se identificó al presidente con Cataluña y aquello, por ende, era una agresión de los socialistas españoles, gobernaba Felipe González, a todos los catalanes. "El Gobierno central ha hecho una jugada indigna. En delante de ética y moral hablaremos nosotros, no ellos. Fuera de aquí", tronó un Pujol crecido en el balcón ante la multitud que se agolpaba en la plaza de Sant Jaume.

Treinta años después, la situación no puede ser más distinta. La confesión supuso la pérdida de todos los honores, el repudio del nacionalismo y el cobro de viejas facturas por adversarios de toda época y pelaje. Recibió como una humillación la citación del Parlamento de Cataluña para dar explicaciones y arropado por Convergència, el partido que fundó en 1974, accedió a dar su versión. Fue una sesión histórica en la cámara catalana. El político que siempre se midió con la oposición desde el pedestal de la mayoría durante 23 años de gobierno tuvo que bajarse de la peana y soportar un chaparrón de descalificaciones y acusaciones. Perdió los papeles como nunca y afloraron todos sus numerosos tics nerviosos. Era nadie en la política catalana después de haber sido todo.

Gracias al banco comprado por Florenci Pujol se embarcó en la aventura de gobernar Cataluña para lo que puso la entidad financiera al servicio de su proyecto nacionalista aunque algunas operaciones resultaron ruinosas. Se trataba de "fer país" (hacer país) antes que de ganar dinero, decía por entonces. Conseguido el desembarco en la Generalitat, se desentendió del negocio bancario aunque tuvo que volver sus pasos tras la presentación de la querella para endosar a su progenitor, fallecido en 1980, muchas de las decisiones tomadas. "Se salvó por los pelos", como lamentó Alfonso Guerra. Por los pelos y por la prescripción de los delitos.

El padre fue un salvavidas con la compra del banco, pero ahora puede convertirse en la tumba de su honor. Nadie da credibilidad al argumento de una herencia, de la que no se conoce ni una prueba documental y de la que su hermana María dice que nunca tuvo noticia. El dinero salió de otra parte.

Es lo que deberá explicar ante Beatriz Balfagón, la titular del juzgado de instrucción número 31 de Barcelona, dentro de tres semanas. Está citado junto a su mujer y tres de sus siete hijos, tendrá que sentarse en la sala de espera hasta que sea llamado a declarar y sortear el paseíllo de cámara e insultantes que suelen agolparse en estas ocasiones. Nada que ver con el cómodo interrogatorio de hace 30 años del juez Juan Ignacio de Lecea en su residencia institucional de la Casa dels Canonges durante dos horas y media.

De aquel salió victorioso y jaleado por los suyos, pero del que tendrá que afrontar el 27 de enero es una incógnita. De entrada, sus cartas no son las mejores.
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