Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE
Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Justicia

Torres Dulce, una piedra en el zapato del Gobierno

El dimitido fiscal general nunca gozó de la confianza del PP por su actitud en el 'caso Gürtel' y los papeles de Bárcenas

  • Colpisa. Madrid
Actualizado el 19/12/2014 a las 09:53
Quienes dicen conocer bien a Eduardo Torres-Dulce pronosticaron en enero de 2012 que, para los usos que se llevan, sería un pésimo fiscal general. No era Fernando Cardenal ni Cándido Conde-Pumpido. A sus predecesores les gustaba compadrear con el Gobierno de turno y con los dirigentes populares, en el caso del primero, y socialistas, el segundo. El dimitido fiscal general no era de esos. Se creyó lo de la autonomía del ministerio público y así le fue. Disfrutó de la animadversión del PP desde el minuto uno y nunca tuvo la confianza del Gobierno. Sabía que a sus espaldas hablaban pestes de él por su indisciplina, pero le dio igual. Hasta que tras la reunión del Consejo Fiscal del miércoles para ventilar unos nombramientos que no pudo llevar a cabo decidió que este jueves iba a dimitir.

"Pues que se dedique al cine". Fue el destemplado comentario de un ministro el 9 de noviembre después de un par de intentos infructuosos de localizar al fiscal. O estaba en misa o en el cine. Ecso comunicó al miembro del Gobierno que intentó hablar con él para coordinar una respuesta a la votación que se celebraba aquel domingo en Cataluña. Ese día, en el que se ventilaba uno de los mayores desafíos a Mariano Rajoy, pero no estaba para nadie. El proceso de gestación de la posterior querella contra Artur Mas por la consulta fue un vodevil que evidenció su dudoso ascendiente en la carrera. El Gobierno le puso la cruz y él mismo se clavó. No se fue ahí mismo porque quiso tener una dimisión ordenada y sin alborotos.

Pero tenía decidido irse desde antes, y el 9-N solo fue el catalizador. Con la renuncia de Alberto Ruiz-Gallardón, su mentor para ser el jefe del ministerio público, se vio huérfano. No es que tuvieran una empatía total, de hecho sus discrepancias eran cada vez mayores, pero mantenían una relación respetuosa. Gallardón era su parapeto ante los cabreos en el partido y en el Gobierno por sus decisiones.

Los problemas venían casi desde el día que juró el cargo. En el PP se llevaron las manos a la cabeza cuando vieron que no removía de sus puestos a las dos fiscales del 'caso Gürtel', dos funcionarias de la época socialista que habían colocado al partido contra las cuerdas. El remate, sin embargo, llegó con los 'papeles de Bárcenas'. Los populares sabían que el extesorero entre rejas era una caja de bombas y la fiscalía, lejos de oponerse a ella, pidió el 27 de junio de 2013 su ingreso sin fianza. Con solo quince días en el calabozo, Bárcenas salpicó a todo el partido en su declaración ante el juez. Desde Rajoy al funcionario de menor rango tuvo cabida en el 'yo acuso' del extesorero.

Es comprensible, por tanto que, se saliera de sus casillas cuando se le acusaba de ser un estómago agradecido del Gobierno. "No toleraré que se diga que soy un fiscal proclive al Gobierno cuando investigo a Bárcenas. No toleraré nunca que el Gobierno me diga qué tengo que hacer. Sería un delito", se quejó en su última comparecencia en el Congreso este 18 de noviembre. Para entonces ya tenía diseñada la mudanza.

De fuertes raíces religiosas -fue pregonero de la última Semana Santa en Madrid con el cardenal Rouco Varela-, compagina su catolicismo militante con un riguroso ejercicio del derecho reconocido en la carrera fiscal, en la que mantendrá su plaza en el Tribunal Constitucional, aunque le hubiera gustado ser magistrado de esa corte y hasta hizo un tímido intento de serlo hace un año. Pero cuando cuelga la toga, surge el madridista recalcitrante a sus 64 años. No es que pierda las exquisitas formas, pero es un 'merengue' de los de insignia de oro y brillantes. También recuperará tiempo para el cine, su otra gran pasión. Solía decir que era más conocido por las tertulias televisivas con su amigo José Luis Garci que por ser el fiscal general. Autor de varios libros, sobre todo de películas del oeste, su película preferida es 'Centauros del desierto'; y su director. John Ford. Hasta cofirmó el guión de una cinta de Garci sobre Sherlock Holmes de cuya calidad es mejor no hablar.
volver arriba

Activar Notificaciones