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RESUMEN 2014

El PSOE se busca en Pedro Sánchez

  • La debacle de las europeas del 25 de mayo, en las que el PSOE obtuvo el peor resultado de su historia, puso fin este año al liderazgo fugaz y convulso de Rubalcaba

Pedro Sánchez, en Murcia.

Pedro Sánchez, durante un acto en Murcia.

EFE
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Actualizada 11/12/2014 a las 19:29
  • EFE. MADRID
La debacle de las europeas del 25 de mayo, en las que el PSOE obtuvo el peor resultado de su historia, puso fin este año al liderazgo fugaz y convulso de Rubalcaba y abrió el nuevo tiempo de Pedro Sánchez, tras unas primarias históricas a las que Susana Díaz dio paso con su decisión de quedarse en Andalucía.

Sánchez y Rubalcaba​ se han repartido el año como protagonistas de un partido que ha renovado todos sus cargos y ha dado un giro a la izquierda para recuperar a votantes perdidos.

Antes de irse, Rubalcaba garantizó el apoyo del PSOE a la proclamación de Felipe VI, mientras que Sánchez, nada más llegar, ha roto con el zapaterismo al renegar de la reforma del artículo 135 de la Constitución pactada con el PP para calmar a los mercados y evitar el rescate.

El nuevo líder del PSOE ha continuado, no obstante, la senda abierta por su predecesor para resolver la crisis de Cataluña con una reforma constitucional que sustituya el sistema autonómico por un Estado federal, y las siempre difíciles relaciones con el PSC, el partido hermano que ha visto renovar su cúpula también en 2014.

A principios de año, que el PSOE arrastraba con Alfredo Pérez Rubalcaba una crisis de liderazgo ya lo había dicho Felipe González y lo corroboraban todas las encuestas.

Él, sin embargo, había marcado una hoja de ruta que relegaba a noviembre de 2014 la decisión sobre su relevo, en unas primarias abiertas al voto de simpatizantes a las que había accedido a regañadientes para calmar a los críticos.

Por eso, en enero, mientras Rubalcaba pedía a las "gargantas profundas" de su partido que trabajaran para las europeas, irrumpían en el debate nombres de aspirantes, como el del vasco Patxi López y el de un diputado por Madrid, Pedro Sánchez, poco conocido y al que nadie confería muchas posibilidades.

La catalana Carmen Chacón, que todavía no se descartaba, lideraba las encuestas y abanderaba la defensa de la participación, cuando el Comité Federal aprobó el calendario de primarias: cabezas de lista autonómicos y municipales en septiembre y candidato a la Moncloa en noviembre.

Con ese calendario, los socialistas se pusieron a trabajar en los comicios europeos, una cita que veían como un punto de inflexión que les daría oxígeno, porque terminaría con su racha de derrotas y supondría el "principio del fin de la hegemonía de la derecha".

En la precampaña de abril, con encuestas que hablaban de empate técnico con el PP, Rubalcaba aseguraba que era "mentira" el fraude masivo de 2.000 millones de euros en fondos para formación en Andalucía y exigía a los populares "juego limpio" en la campaña, la primera que hizo sin vallas un PSOE empobrecido.

Con el conflicto soberanista de Cataluña a flor de piel, el líder del PSOE empezó entretanto a trabajar oficialmente con el entonces primer secretario del PSC, Pere Navarro, en la reforma constitucional que planeaba llevar al Congreso tras los comicios.

Era la llamada Tercera Vía, llamada a desactivar el independentismo catalán mediante una reforma pactada de la Constitución.

Tras una campaña en la que la cabeza de lista, Elena Valenciano ofrecía un "giro a la izquierda" al mismo tiempo que Felipe González defendía que era posible un gobierno en coalición con el PP, el 25 de mayo el PSOE fue a por todas. Su guía electoral recogía que el "único resultado digno" es la "victoria" y la dirección federal descartaba una debacle.

No sólo fueron sus peores resultados en unas europeas, sino la cifra de votos más baja de su historia: tres millones y medio, lo que representaba el 23 %.

Los apenas 80 militantes que se acercaron la noche electoral a Ferraz siguieron el escrutinio con sorpresa e incredulidad: "¡Podemos, cinco!", gritaba una de las congregadas, mientras que otros asentían con la cabeza y la mayoría guardaba silencio.

Al día siguiente, Rubalcaba tiró la toalla. No sólo anunció que no se presentaría a las primarias, sino que convocó un Congreso Extraordinario para julio, que elegiría una nueva dirección.

La decisión fue acogida con malestar por los aspirantes a las primarias, que veían detrás la mano de Susana Díaz para hacerse con las riendas.

Podía haberlo hecho, porque contaba con el apoyo expreso de casi todos los barones, pero ella decidió que su "prioridad" era Andalucía.

Los 'precandidatos' reorientaron sus objetivos y estrategias, y el vasco Eduardo Madina lanzó un órdago crucial: sólo se presentaría si en el congreso votaban directamente los militantes.

Rubalcaba aceptó, lo que dejó fuera de la carrera a Chacón, y los 200.000 militantes del PSOE fueron llamados, por primera vez, a elegir a su líder. Eduardo Madina, Pedro Sánchez y José Antonio Pérez Tapias (Izquierda Socialista) eran los candidatos.

Sánchez hizo su primera demostración de fuerza al exhibir casi el doble de avales que Madina, al que venció con el 48,6 % de los votos, frente al 36,19 % del vasco y el 15,12 % de Tapias; un resultado en el que la federación andaluza había inclinado la balanza.

En la consulta participaron el 65,8 % de los militantes y marcó un antes y un después en el funcionamiento de un partido que se resiste a la irrelevancia política.

Se había consumado el relevo generacional y Sánchez se comprometía a seguir extendiendo el poder entre las bases, a abrir las puertas y ventanas de un partido envejecido y a ser implacable contra la corrupción.

En su segundo día en el cargo, Sánchez se desmarcó de la anterior dirección con la decisión de votar en contra del conservador Juncker como presidente de la Comisión Europea y desde entonces no ha dejado de diferenciar sus propuestas de las del PP y de rechazar la idea de la "gran coalición".

Expulsó a todos los implicados en el escándalo de las tarjetas opacas de Caja Madrid, incluido un exministro, y prometió que no le temblará la mano si Chaves y Griñán resultan imputados.

No había cumplido sus primeros cien días, cuando Susana Díaz dejó patente que hay "cosas que comparte con él y otras que no" y que los dos tienen "estrategias distintas", y algunos le afean ahora que, a cinco meses de las autonómicas y municipales, vuelque todos sus esfuerzos en potenciar su propia imagen personal.

Sánchez dice que aspira a construir un proyecto de "izquierda transformadora" que atraiga a los "votantes de centro" y que sólo él representa el "cambio seguro".
Las encuestas reflejan que ha parado la sangría en el PSOE y que Podemos le pisa los talones como tercera fuerza.

Con ella rechaza pactos pos-electorales, aunque reconoce que gobernará en minoría con apoyos puntuales, si tiene esa oportunidad. Antes, en julio de 2015, deberá ganarse la candidatura a la Moncloa en unas nuevas primarias.
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